Los chinos ven a la crisis global como una oportunidad para corregir desajustes internos

Durante la última semana escuché muchas exposiciones de altos dirigentes chinos y participé en discusiones sobre lo que debe hacer China frente a la crisis financiera global. Tengo la sensación que esta vez, como ya ocurrió en 2005, los debates en este quinto Foro sobre las Finanzas Internacionales (IFF2008) permiten anticipar las futuras políticas del Gobierno Chino.

Yo había participado, en el año 2005, en la segunda versión de este mismo foro. En esa oportunidad presenté el trabajo que habíamos preparado con Joaquín Cottani titulado: “Debería China revaluar su moneda?” Pocos meses después de aquella reunión, el Banco Central de China anunció su nueva política cambiaria, precisamente la cuestión que había sido motivo de debate en el foro. Desde entonces la moneda china (el Ramimbí, su nombre internacional, o el Yuan, como se lo denomina popularmente dentro de China) se apreció más del 20 % con respecto al Dólar. Esto ayudó a China a neutralizar, en parte, el impacto inflacionario interno del aumento de los precios internacionales de la energía y los alimentos.

 

El manejo de la política cambiaria por parte de China en los últimos tres años estuvo a mitad de camino de la que aplicó Brasil (que dejó que su moneda, el Real, se apreciara frente al Dólar, mucho más que lo que se apreció el Ramimbí) y la que aplicó Argentina (que prácticamente mantuvo fijo el valor del Peso frente al Dólar). Igual que Argentina, China apeló además a la fijación de precios internos de la energía y de los alimentos bastante por debajo que los internacionales. En consecuencia debió financiar, como nuestro país, un fuerte aumento en el presupuesto de subsidios, algo que para China no es un gran problema porque su situación fiscal es muy holgada y no depende de la bonanza internacional. En esta materia aventajan significativamente a nuestro país, cuya holgura fiscal es totalmente dependiente de los altos precios de los productos de exportación.

 

Para esta nueva reunión del foro, su quinta versión, Joaquín Cottani y yo preparamos justamente un nuevo trabajo titulado: “Distorsionando la micro para embellecer la macro” en el que criticamos este tipo de intervención estatal en el sistema de precios de mercado acompañados por subsidios fiscales, aplicados en forma extrema por Argentina y en forma más moderada, pero igualmente distorsiva, también por China.

 

A pesar de que nuestro trabajo no elogia, sino que, por el contrario, advierte sobre los costos y peligros que acarrea este tipo de intervención estatal en los mercados y lo hace no sólo en referencia a nuestro país, sino también a la propia China, los organizadores del evento publicaron nuestro trabajo, en Inglés y en Chino, en el libro conmemorativo del IFF2008. Una clara demostración de que el Gobierno Chino no le tiene miedo a las críticas, algo muy diferente a la actitud del Gobierno Argentino.

 

La importancia que el gobierno Chino le dio a esta quinta versión del Foro sobre la Finanzas Internacionales 2008 se podía visualizar en las amplias avenidas de Beijing que estuvieron embanderadas toda la semana con emblemas y leyendas alusivas a esta reunión. Los organizadores del foro destacaron que este tipo de decoración de la ciudad, alusiva a eventos que se desarrollan en la misma, ocurrió en sólo tres ocasiones durante este año: las otras dos fueron las olimpiadas y el encuentro reciente entre los líderes gubernamentales europeos y asiáticos. Destaco este detalle anecdótico, porque sugiere que las discusiones que tuvieron lugar en el foro no caerán en saco roto, como no lo hicieron las discusiones del 2005.

Para no agobiar a los visitantes de este blog con demasiados detalles, paso a resumir mis conclusiones sobre lo que los chinos están haciendo para transformar a la crisis financiera global en una oportunidad.

 

En primer lugar ya han decidido implementar políticas monetarias y fiscales expansivas de la demanda interna por montos que en los próximos cuatro años significarán, en conjunto, alrededor del 15 % de su Producto Bruto Interno. Lo pueden hacer porque frente a la bonanza externa de los últimos años habían aplicado precisamente políticas monetarias y fiscales internas restrictivas y habían acumulado un impresionante nivel de reservas internacionales. Es interesante destacar además, como ya lo señalé en mi nota anterior sobre la crisis global vista desde China, que estas medidas de expansión fiscal, a pesar de que procuran elevar la demanda interna, no se desentienden de la necesidad de impulsar aumentos de productividad. De esta forma apuntan a que haya también una respuesta rápida de la oferta de bienes y servicios y no aumente la inflación.

 

En segundo lugar, y esto surgió explícitamente en las discusiones del foro, los chinos aprovecharán la baja de los precios internacionales de la energía y los alimentos y las menores presiones inflacionarias que vienen desde afuera de su economía, para acercar rápidamente los precios internos a los precios internacionales, de manera de evitar los subsidios destinados a financiar distorsiones y poder dedicar esos recursos a financiar rebajas de impuestos que hasta hoy encarecían los costos de los productos de exportación. Es decir, el Gobierno Chino se prepara para remover todas las distorsiones a las que se refiere nuestro trabajo sobre Argentina y China.

 

En tercer lugar, los Chinos utilizarán toda su influencia en los organismos y foros internacionales, así como el uso externo de la capacidad de financiamiento que le otorga su fuerte nivel de reservas internacionales, para asegurarse que los países del mundo no apliquen políticas comerciales de cuño proteccionista y, por el contrario, mantengan sus economías abiertas al comercio, tanto en relación a los bienes y servicios en general como en relación a los productos de origen chino. Esto significa que China no brindará apoyo financiero a los países que impongan restricciones a la entrada de productos chinos a sus economías, salvo que esas restricciones estén especialmente aceptadas por las reglas de la Organización Mundial del Comercio y sean no discriminatorias contra China.

 

Así como en varias de mis notas anteriores sugerí a nuestros gobernantes prestar atención a la experiencia de Brasil, aprovecho esta nota, escrita mientras estoy volando de Beijing a New York, para exhortar a Cristina y Nestor Kirchner a prestar mucha atención a las decisiones del Gobierno de Hu Jintao, porque la experiencia China les puede ayudar a advertir cuan equivocado es el enfoque con que se están conduciendo tanto la política económica como la política exterior en Argentina. Lamentablemente mientras Bush, Lula, Brown, Sarkozí y casi todos los demás líderes mundiales se reunieron bilateralmente con el presidente Chino en oportunidad de la reunión del G-20 en New York, tal como lo muestran las tapas de todos los diarios de China del domingo 16 de noviembre, nuestra cancillería no encontró interesante, o no consiguió, una entrevista de Cristina Kirchner con Hu Jintao. Una pena.

 

 

 

La recesión global vista desde EEUU

Estoy en los Estados Unidos. Llegué el martes 4 de noviembre a la mañana cuando los ciudadanos americanos aún estaban votando y luego de conversar con mucha gente, leer los principales diarios y haber escuchado atentamente la primer conferencia de prensa del Presidente Electo Barack Obama, a cuatro días de la elección tengo la sensación de que se va a evitar la depresión económica, del tipo de la de los años 30, pero que la recesión económica, que ya ha comenzado a manifestarse, será profunda y larga. Probablemente dure alrededor de dos años.

La inflación tenderá a bajar pero así como no habrá depresión tampoco habrá deflación, salvo la deflación del precios de los activos, que ya se ha producido. Con respecto a la inflación futura, luego que la economía de los EEUU comience a recuperarse, es difícil por el momento hacer predicciones. Si tuviera que apostar, lo haría por una inflación baja como la que predominó en el mundo durante las dos últimas décadas.

Mi impresión optimista sobre el riesgo de depresión y deflación tiene que ver con dos ingredientes importantes que aporta el nuevo Presidente de los EEUU: una renovada capacidad de diálogo y coordinación con los líderes del resto de los países del Mundo y  el mejor equipo de asesores económicos que, combinando experiencia con conocimientos, puede conformarse en los EEUU para trabajar junto con el resto de los gobiernos del Mundo.

La elección de Obama ha sido festejada por prácticamente todos los líderes de los países importantes y reforzará la saludable dosis de voluntad de coordinación y acción conjunta que ya se había puesto de manifiesto en las últimas semanas frente a la crisis financiera iniciada en los EEUU. Este es un aspecto muy positivo que refuerza la confianza que la gente había manifestado en el Estado Americano al aumentar la demanda de dólares y de títulos del tesoro como refugio frente a aquella crisis, porque ahora la confianza en la capacidad productiva de la economía norteamericana y en la seguridad jurídica que los EEUU siempre ofrecieron, se ve acrecentada por el mayor margen de maniobra que el nuevo Presidente tendrá para conformar con otros líderes mundiales el liderazgo global que se necesita para evitar que la recesión generalizada se transforme en depresión económica mundial.

La excepcional calidad del equipo de asesores que mostró Obama se puede ejemplificar con el Curriculum Vitae de cualquiera de sus miembros, pero sin duda el que mejor la simboliza es la figura de Paul Volcker, gigantesca en todo sentido. Paul Volcker es sin duda el padre de la estabilidad que ha gozado el mundo desde mediados de la década del 80. Y fue esa estabilidad más que cualquier otro fenómeno económico, la que permitió el crecimiento casi ininterrumpido de la economía norteamericana durante el último cuarto de siglo. También son frutos de esa estabilidad y del ejemplo que ella planteó al resto del mundo, los alentadores episodios de expansión económica en varios países emergentes importantes durante al menos partes del mismo período. Frente a las crisis financieras que también existieron durante el último cuarto de siglo, fue Paul Volcker quien más insistió en la necesidad de afinar los instrumentos de coordinación económica global para prevenir y resolver las crisis financieras regionales, opinión lamentablemente no escuchada suficientemente por los cultores de las políticas monetarias y fiscales independientes de cada uno de los países.

Paul Volcker, como Bob Mundell, siempre ha sido partidario de que se conforme un sistema monetario y financiero mundial y consideró a la creación del EURO como un avance en esa dirección, mientras muchos de sus colegtas norteamericanos advertían sobre los riesgos para las naciones europeas de resignar sus políticas monetarias nacionales.  Yo creo que estas ideas, muy constructivas para avanzar hacia la gobernabilidad global, van a constituirse en una herramienta fundamental de la recuperación económica en condiciones de estabilidad para la economía mundial.

Mi optimismo sobre la importante contribución que podrán hacer el nuevo Presidente de los EEUU y sus asesores económicos no significa que pueda evitarse el despliegue mucho más profundo y extendido de la recesión que ya se vive en la economía norteamericana, en varias economías de Europa y en Japón. Esta recesión es consecuencia de la reducción de riqueza que ya ha producido la crisis financiera, de la virtual desaparición del crédito en los principales mercados de capitales y al inevitable ajuste en los niveles de consumo de las familias norteamericanas, que debido al acceso fácil al crédito bancario de la última década, tuvieron tasas de ahorro negativas.

Los efectos negativos sobre las economías emergentes se producirán fundamentalmente por la disminución de la demanda por sus productos de exportación, desde la China a la Argentina, pasando, por supuesto por todas las economías emergentes. Y los efectos negativos pueden ser muy fuertes o no tan severos dependiendo de la inteligencia con que los líderes de los países emergentes enfrenten este nuevo escenario de la economía global, tan diferente al que predominó durante el último lustro.

Hasta ahora los indicios no son de gran inteligencia por parte del Gobierno Argentino. Mas bien, todo lo contrario. Respecto del Gobierno Chino tengo mejores expectativas, pero sobre esto les contaré la próxima semana. Mañana viajo a Pekín adonde participaré en una conferencia sobre el posicionamiento de China frente a la crisis financiera global, organizada por el Gobierno Chino. Nos invitaron a Joaquín Cottani y a mí a exponer sobre nuestro trabajo » Distorting the Micro to Embelish the Macro», publicado por el Grupo de los 30.

Como entre las virtudes de la economía china no está la de facilitar el acceso a los blogs occidentales, creo que tendré dificultades para administrar mi blog desde Pekín, pero con la ayuda de Felipe Murolo y el acceso a los servicios de e-mail, que no enfrentan restricciones, espero seguir en contacto con ustedes. Estaré en China entre el 9 y el 17 de Noviembre. Mientras esperan mi mensaje sobre la recesión global vista desde China, los invito a releer los cinco artículos que escribí durante mi anterior viaje a ese país, en mayo de 2007. Se titulan:En Asia se descubren las claves del desarrollo ,En el Este de Asia nunca permitieron que la inflación redistribuya ingresos y riqueza , En China se invierte mucho en Infraestructura. En Argentina, muy poco…, Los empresarios chinos apuestan más a la tecnología que a los salarios bajos y Los chinos conocen, y aplican, la teoría económica de los mercados competitivos.

Inflación y ausencia de crédito: bueno o malo?

Los economistas que dieron apoyo intelectual a la política económica de Duhalde y Kirchner, fundamentalmente los autores del Plan Fénix, argumentan que la inflación y la falta de crédito que ha sufrido la economía argentina desde 2002 en adelante, actuarán como atenuantes del impacto  sobre nuestro país de la crisis financiera global que está afectando al mundo.

El argumento, que ellos dicen se  basa en las ideas de Keynes, es el siguiente: la crisis financiera global producirá recesión y deflación en el mundo, eventualmente depresión económica y, por mucho tiempo, desaparecerá el crédito con lo que  cada país tendrá que «vivir con lo suyo». Para el caso de Argentina, lo que será deflación afuera, se transformará en estabilidad o, al menos, en «des-inflación» adentro…gracias a que partimos de inflación alta y no de estabilidad. Mientras que para otros países, «vivir con lo suyo» y perder el crédito será un drama, para nosotros, que hace 7 años «vivimos con lo nuestro», no debería serlo. No sufriremos la pérdida de crédito, simplemente porque ya lo habíamos perdido y no hicimos nada para recuperarlo. En definitiva se aplicaría aquello de que «no hay mal que por bien no venga».

Lamentablemente están muy equivocados. Y sería bueno que los dirigentes políticos argentinos lo advirtieran a tiempo. Pronto saldrá un libro mío que apunta a arrojar luz sobre esta interpretación tan peligrosa de la situación actual, pero siento que no puedo esperar a que el libro esté en las librerías para hacer, al menos, una advertencia.

La inflación y la falta de crédito son un peligroso agravante para el impacto de la crisis financiera global en pleno desarrollo y para la recesión y deflación mundial que se vienen, por una razón muy simple: a la inflación y la ausencia de crédito, que ya teníamos como problemas, ahora se agregarán un gran déficit fiscal y una fuerte demanda de dólares billete por parte de la gente que nos llevarán a un escenario muy parecido al del período 1975-1988, la época de la estanflación: inflación con recesión. Excluyo, por el momento el período 1989-1990, porque la hiperinflación aún no es inexorable. Pero a la estanflación no sólo que no la excluyo, sino que me atrevo a decir que se viene cantada.

La crisis financiera global ya ha producido una fuerte baja de los precios de nuestros productos de exportación. Esta tendencia se acentuará cuando se comiencen a percibir los efectos completos sobre el nivel de actividad económica en casi todos los países del mundo y serán extremos y muy prolongados en el tiempo si el mundo entra en depresión y deflación.

Además, en el caso particular de la producción agropecuaria, hay que advertir que en China, el principal demandante de estos productos en los últimos años, se está por producir una nueva revolución verde por incorporación de tecnologías que antes no se podían aplicar dado el reducido tamaño de las unidades agropecuarias. El nuevo régimen de propiedad rural y la posibilidad de que los pequeños agricultores vendan o arrienden su tierra y se formen unidades más grandes, puede significar el mismo aumento de productividad que en la Argentina provocaron los pooles de siembra a partir de los años 90s.

Los efectos de esta baja de los precios de nuestros productos de exportación tendrá enormes consecuencias fiscales, porque además de caer los ingresos por precios más bajos, caerán los volúmenes físicos exportados, por caídas en la producción, debido al desaliento que han provocado las retenciones y las restricciones a las exportaciones de trigo, lácteos y carnes. La única forma de revertir la caída de la producción, será eliminando las retenciones, lo que acentuará el deterioro de las cuentas fiscales. Si para dar incentivo al campo, en lugar de eliminar las retenciones se permite que el Peso se devalúe, el deterioro fiscal vendrá por el aumento de los subsidios a la energía, los transportes y todas las actividades que han sufrido congelamiento de precios y tarifas o controles que han ubicado los precios por debajo de los costos de producción.

Para tratar de compensar este inexorable deterioro fiscal, el gobierno ya ha dado la señal de su accionar futuro: echará manos a cualquier ahorro acumulado que exista en la economía, siempre que esté a su alcance. Lo ha hecho con el anuncio de que se apropiará del ahorro acumulado por los trabajadores que eligieron enviar sus aportes personales jubilatorios al sistema de AFJPs. Esto no hace más que aumentar el descrédito.

El crédito, tanto público como privado requiere de dos ingredientes: el ahorro, que es la única fuente genuina de fondos para prestar y la confianza, que hace que alguien reúna la condición  necesaria para hacerse acreedor al préstamo. Las acciones del gobierno que significan una apropiación compulsiva de ahorros del pasado, hacen desaparecer el ahorro presente y del futuro, al menos el ahorro que se canaliza a través de instituciones encargadas de prestarlo y que pueden llegar a ser controladas por el gobierno. Y destruyen la confianza, tanto en el sector público como en el sector privado.

Por supuesto, el ahorro externo no viene a la Argentina desde 2001 y mucho menos vendrá a partir de ahora. Todo esto significa que no sólo el gobierno no dispondrá de crédito, sino que nadie en el sector privado conseguirá que le presten para financiar inversiones, capital de trabajo y, mucho menos, consumos o inversiones familiares. Sin crédito, la economía entrará inexorablemente en una fuerte recesión, tanto por caída de la demanda como por caída de la producción.

Los optimistas empedernidos dicen: habrá recesión, pero al menos la inflación tenderá a desaparecer. Y argumentan: ya lo estamos viendo, durante octubre los precios en los supermercados han dejado de subir y,en muchos casos, están bajando.

No me alegra terminar esta nota con una mala noticia: la inflación, luego de una breve caída, va a seguir alta e incluso podrá aumentar de la mano del aumento del precio del dólar, que terminará siendo mucho más alto que el que demandan los devalúo-maníacos, como ya ocurrió en 2002. Probablemente el precio del Dólar que primero se escape será el del Dólar billete en el mercado paralelo y por un tiempo, el efecto inflacionario se intentará atenuar con controles de cambio y la administración, por el Banco Central, del precio del Dólar para las transacciones comerciales, al mejor estilo del período 1975-1988.

Hoy he leído en la Nación una muy buena nota de Roberto Cachanosky titulada «La tormenta perfecta«. Mi única discrepancia con su pronóstico es que esta vez no habrá «corralito» sino, en todo caso algo más parecido al «corralón» de Duhalde, o en el mejor de los casos, un nuevo Plan Bonex. No habrá «corralito», porque cuando la gente quiera retirar sus depósitos de los bancos, éstos conseguirán los pesos y los dólares necesarios para entregárselos a los depositantes. Los conseguirán del Banco Central con el simple arbitrio de no renovar las LEBACs y N0BACs que tienen en sus activos. Y si no les alcanzaran, el Banco Central podrá actuar, ahora, como prestamista en última instancia de los Bancos, dado que no tiene la limitación que imponía la Ley de Convertibilidad.

Pero he aquí que éste será el Talón de Aquiles de todo el sistema: la enorme cantidad de pesos billetes que la gente obtendrá a través de la corrida contra los depósitos intentarán convertirse en dólares billete, porque la gente no sólo predecirá sino que estará viendo que el Peso se devalúa aceleradamente.

El gobierno no va a estar dispuesto a vender todas sus reservas para permitir este atesoramiento en dólares billetes. Pero tampoco aceptará que el precio del dólar para las exportaciones e importaciones aumente todo lo que la demanda de dólares billete determinaría. El resultado será un sistema de control de cambios, con un precio administrado del Dólar en el mercado oficial y un precio mucho más alto en el mercado paralelo. Algo que existió frecuentemente en Argentina entre 1975 y 1988 y que hoy es una realidad en Venezuela.

La administración del precio del Dólar en el mercado oficial permitirá que la inflación no se descontrole… por un tiempo. Pero luego de meses y quizás uno o dos años de vivir con una brecha grande entre el Dólar oficial y el Dólar paralelo vendrá un ajuste tipo «Rodrigazo». Mi única duda se refiere a los tiempos. No sé si la historia lo denominará «Kichnerazo» o estará a cargo, para el momento de la verdad, otro personaje, con tan mala suerte que aportará su apellido para tan ingrato rol.

Otro engaño alevoso

 

Porqué el gobierno decidió ahora dar por terminado el sistema jubilatorio de ahorro y capitalización? Si ésta era su idea, porque no lo hizo en el momento en que publicitó la libre opción para la gente? La respuesta es muy clara: el gobierno enfrenta un enorme agujero fiscal para los próximos tres años y ha decidido resolverlo apelando a los ahorros del sistema previsional.

Pruebas al canto: Es sabido que enfrenta vencimientos de capital de la deuda pública para los que no tiene financiamiento y además ha elaborado un presupuesto para 2009 con un estimado de recaudación por retenciones de 50 mil millones de pesos en comparación con una recaudación de 35 mil millones durante el año en curso. Obviamente esta estimación involucra no menos de 20 mil millones de exageración, porque los precios y los volúmenes de exportaciones para 2009 se presentan bastante más bajos que los que se lograron en 2008. Podría citar muchos otros mecanismos que complicarán el panorama fiscal para 2009, pero para explicar el punto central de este artículo, por su dimensión, me basta con el que acabo de mencionar.

 

La desaparición del sistema de ahorro y capitalización, elegido por 3 millones 600 mil aportantes activos, significa para el gobierno apropiarse de 95 mil millones de pesos ahorrados por aquellos trabajadores más el ingreso mensual de algo más de mil millones de pesos mensuales. Digamos 13 mil millones anuales, es decir, otros 39 mil millones de aquí al final del gobierno de los Kirchner.

De los 95 mil millones de ahorros acumulados, aproximadamente la mitad están invertidos en títulos públicos. El gobierno podrá entonces decir que la deuda pública bajó en aproximadamente 48 mil millones de pesos. Un primer gran engaño, porque deja de contabilizar una deuda con los futuros jubilados que es al menos igual a los 95 mil millones que ahora les sustrae.

El resto de los fondos ahorrados están invertidos en acciones y títulos privados, fondos de inversión y activos extranjeros por aproximadamente 41 millones y depósitos a plazo fijo en el sistema bancario por 7 mil millones.

Con los 7 mil millones de depósitos a plazo fijo más los 13 mil millones anuales de ingresos adicionales que ahora obtendrá el gobierno al apropiarse de lo que debería ser el aumento anual del ahorro de los jubilados, ya podrá cubrir el agujero creado por la menor recaudación de retenciones.Como probablemente aparecerán otros agujeros fiscales, podrán ir vendiendo primero los activos externos y luego los fondos comunes de inversión y las acciones y títulos privados, con lo que podrán cubrir hasta 41 millones adicionales de pérdida de recaudación y mayores gastos a los previstos en el presupuesto. Incluso le podrán alcanzar para amortizar buena parte de la deuda pública que vence a lo largo de 2009 y para la que no hay perspectivas de renovación, dado que Argentina ha perdido completamente el crédito público.

 

Es una estrategia fiscal muy “ortodoxa”, tal como le gusta decir a Kirchner y como se lo demandaría el FMI si siguiera con sus viejas recetas fiscalistas de corto plazo. Pero no deja de ser otro gran engaño, como los tantos que se vienen sucediendo desde 2002 en adelante.Esta forma de resolver los problemas fiscales atenta contra la solvencia de largo plazo de la Argentina. Del stock de ahorros de los jubilados el Estado se puede apropiar una sola vez, no podrá hacerlo todos los años, porque ya no habrá ahorros acumulados. Así que en el 2010 y 2011 no contarán con esos recursos. Es probable que tampoco puedan contar con los 13 mil millones anuales de nuevos aportes.

No sería sorprendente que esos 13 mil millones anuales terminaran yendo a las provincias, porque debe recordarse que el argumento con la que éstas cedieron 10 % de sus recursos de coparticipación y otros porcentajes de la recaudación del IVA al sistema previsional, fue precisamente para compensar la reducción de recaudación por aportes personales que en 1993 comenzaron a ir al sistema jubilatorio de ahorro y capitalización. Ahora que el sistema de reparto recupera esos ingresos, no creo que las provincias sigan resignando sus recursos de coparticipación federal de impuestos, máxime teniendo en cuenta la precaria situación fiscal en la que se encuentran.

 

En fin, la eliminación del sistema jubilatorio de ahorro y capitalización, apunta a una solución fiscal que no es sostenible en el tiempo. El Gobierno se está auto-engañando. Pero el engaño a los futuros jubilados es el verdaderamente alevoso. Le están diciendo que todo este cambio se hace para que ellos cobren mejores jubilaciones en el futuro. Y Esto es una burda mentira. Lo que están haciendo es escondiendo la deuda que el Estado tiene con los jubilados y, por supuesto, evitando documentarla. Así, en el futuro, bastará un golpe inflacionario para volver a licuar esas deudas y reducir las jubilaciones, como ya lo hicieron en 2002.

 

Para advertir que la estrategia de este gobierno es el engaño, basta recordar que el señor Boudou, en su presentación de esta iniciativa, aludió a que “el sistema de ahorro y capitalización que ahora se da por terminado fue inspirado por el mismo personaje que en 2001 bajo en un 13 % las jubilaciones”. Lo que no dijo el señor presidente de la ANSES es que con una medida del mismo cuño conceptual que la que él ahora impulsa- la pesificación combinada con devaluación, que expropió un 70 % de los ahorros privados- provocó una caída de las jubilaciones, en términos de poder adquisitivo del 30 %, más del doble que la reducción del 13 % del año anterior, que por otro lado sólo alcanzaba a las jubilaciones mayores a 500 dólares mensuales. Parece que en la universidad privada en la que estudió economía, no aprendió a distinguir entre reducciones nominales y reducciones reales de los salarios y jubilaciones. Cosa que sorprende porque el CEMA es una buena escuela. Quizás, como Boudou estudió mientras no existía inflación en la Argentina, sigue razonando como si no la hubiera. Debe estar entre los que creen en las índices del INDEC intervenido por la Secretaría de Comercio.

 

La confiscación de los ahorros de los 3 millones 600 mil futuros jubilados que están disponiendo ahora, va a provocar para ellos un deterioro mayor aún a aquel que en 2002 provocó la pesificación con devaluación.

 

 

 

 

 

 

Los Premios Nobel y el Capitalismo.

Ayer leí un muy buen artículo de Paul Krugman en la Nación. Se titula: «La economía real también necesita un gran rescate«. Los lectores de este sitio habrán advertido cómo Paul Krugman cambió de opinión sobre los riesgos que significa el endeudamiento público en los Estados Unidos. Mientras en el artículo de 2004, que comenté en mi nota del 14 de octubre, alerta sobre el riesgo de que Estados Unidos caiga en una crisis como la de la Argentina, por exagerados déficits y su consecuencia: el aumento del endeudamiento público, hoy después de reconocer que la crisis que finalmente se produjo no tiene ese origen sino el exceso de endeudamiento privado, particularmente de las familias, recomienda no preocuparse por el déficit fiscal y evitar no sólo la quiebra generalizada del sistema  bancario sino también rescatar a la economía real.

Yo estoy de acuerdo con su recomendación, porque existe fuerte demanda de dólares y de títulos del Tesoro Americano por parte de los que tratan de deshacerse de los bonos e hipotecas privadas y porque la economía real necesita financiamiento y demanda efectiva para evitar una depresión económica y ponerle un piso a la recesión inevitable. Algo que no podíamos hacer ni México, ni Brasil, Ni Rusia, ni los países asiáticos ni, por supuesto, Argentina, sin ayuda de los EEUU y los organismos financieros internacionales. Sin embargo, puede ser hecho por los EEUU, sin ayuda del resto del mundo en materia de recursos fiscales, por el simple hecho de que sigue siendo la economía y el Estado que más confianza inspira. Claro que dado el caracter global de la crisis iniciada en los EEUU, los demás estados deben hacer algo parecido, con sus propios recursos fiscales. Y lo podrán hacer en la medida que sus monedas y los títulos de sus respectivos tesoros inspiren confianza. Sin duda es imprescindible que las acciones de los distintos estados sea coordinada, como afortunadamente ha comenzado a ocurrir en la última semana.

Algunas economías emergentes, como la nuestra, tienen en la actualidad la suerte de que no será necesario que rescaten a sus respectivos sistemas bancarios, porque al estar sub-expandidos, como consecuencia de las crisis financieras anteriores, ahora no corren muchos riesgos. Pero no debemos cantar victoria. Nuestra economía está muy mal posicionada para llevar a cabo el rescate de la economía real, tal como lo propone Paul Krugman en esta nota. Incluso en comparación con otras economías emergentes. La razón? Muy sencilla: nadie demanda los títulos de la deuda pública argentina. No tenemos crédito, ni como sector privado ni como sector público. Si el gobierno Argentino siguiera la recomendación de Krugman, sin conseguir antes recuperar el crédito público, se vería obligado a una emisión monetaria enorme que provocaría una fuerte devaluación y mucha más inflación de la que hoy existe. Por eso es que alegrarse de la crisis global y pensar que no nos afectará, es una grave equivocación.

Pero comencé a escribir esta nota pensando no tanto en el artículo de Krugman, sino en el que Paul Samuelson publica hoy en Clarín. Se titula «Adiós al capitalismo de Friedman y Hayek». Está en el suplemento iECO, pero no lo he encontrado en internet, por eso no pongo el respectivo link. Estoy seguro que muchos estatistas que quieren que desaparezca la economía de mercado gozarán con lo que Samuelson dice en este artículo, a pesar de que el mismo aclara: «Acaso es este el final del sistema de mercado? Como ciudadano común espero que no. Mil años de historia económica avalan objetivamente cuán indispensables son los sistemas de mercado». Y continúa:»Marx, Lenín, Stalin, como economistas fueron tontos de la aldea. Y Mao peor. Ni que hablar de Castro en Cuba, Chávez en Venezuela y quienquiera que llevó a Corea del Norte al hambre y estancamiento».

Pero a renglón seguido se pregunta: «Qué fue entonces lo que provocó el suicidio del capitalismo de Wall Street a partir de 2007? En el fondo de esta hecatombe financiera, la peor de todas, está el capitalismo de laissez faire de Milton Friedman y Friedrich Hayek, sin ningún tipo de regulación. Fue la raíz de todos los males de hoy. Los dos están muertos pero sus legados venenosos perduran».

Milton Friedman y Friedrich Hayek, ambos premios Nobel como Samuelson, no podrán defenderse personalmente, pero cómo ya habrán apreciado los visitantes de este sitio que leen los comentarios, estoy seguro que muchos seguidores de la Escuela Austriaca  saldrán a defenderlos.

Hoy voy a ayudar a mis visitantes  de la Escuela Austriaca. Voy a utilizar un argumento en contra de la regulación y el estatismo que traté de neutralizar en mis respuestas a los Hayekianos  pero que, paradójica mente, Samuelson utiliza en contra de Friedman y Hayek. Me explico: Quienes me enviaron mensajes con argumentos de la Escuela Austriaca y un video titulado «‘El dinero es deuda»,  sostienen que la crisis financiera tiene su origen en el sistema de encaje fraccionario de los bancos, que les permite a éstos emitir dinero a través de otorgar préstamos con un alto porcentaje de los fondos de sus depositantes. Atribuyen el origen de este sistema a regulaciones que se pusieron en marcha en Inglaterra en el siglo XIX y que a partir de allí no han hecho más que ampliarse, en el sentido de aumentar los márgenes de creación de dinero bancario sin respaldo. Este es el argumento de los Hayekianos.

Veamos cuál es el argumento central de Samuelson para condenar a Friedman y Hayek. El sostiene que el problema se originó en: «La ingeniería financiera es lo que nos permite ir de un apalancamiento cero a otro de, digamos, 50 a 1». Los austriacos dirían, el sistema de encaje fraccionario (que es de la misma naturaleza que lo que aquí Samuelson llama ingeniería financiera) permite llevar el apalancamiento de cero a 10 (si el encaje fraccionario es 10 % de los depósitos). La ingeniería financiera hizo que de 10, en los bancos comerciales, el apalancamiento llegara a 50 en los bancos de inversión. Pero esto no tiene nada que ver con las ideas de Friedman y Hayek.

Para que los lectores de este sitio no se mareen con las discusiones ideológicas entre premios Nobel y puedan hallar explicaciones prácticas, les recomiendo que lean las que da Felipe Murolo, en respuesta a mensajes de visitantes de este blog. Él explica porqué, la Banca de Inversión, funcionando no como banca comercial de depósitos y descuentos sino como un sistema de creación de títulos de deuda sin responsabilidad alguna del banco originador, que puede desprenderse del 100 % de los títulos que origina, lleva al tipo de excesos que provocaron la crisis que el mundo está viviendo.

La responsable no es ni la falta ni la ausencia de regulaciones en la economía de Mercado. Todas las economías de mercado han siempre tenido y vivido con un marco regulador. Las crisis se originan en las malas regulaciones. Y hay que aprender de las crisis, no para empeorar las regulaciones sino para mejorarlas. Entre paréntesis, luego de la crisis de 2001, nuestros Gobiernos en lugar de mejorar las regulaciones, las eliminaron o empeoraron. Por esa razón el Estado Argentino no podrá llevar a cabo lo que propone Krugman para los EEUU.