Muchos rasgos de su organización económica son dignos de imitación. En particular su sistema tributario simple y efectivo.
Autor: Domingo Cavallo
Altas tasas reales de interés y sobrevaluación del peso neutralizan los beneficios de la desregulación y la apertura económica
Luego del inédito apoyo de Trump y Bessent a la gestión del presidente Milei y su equipo económico y del triunfo de la Libertad Avanza en las elecciones del 26 de octubre se produjo una fuerte caída tanto de la tasa esperada de devaluación del peso como de la tasa de riesgo país.
Ambos fenómenos ayudaron mucho a calmar el estado de ansiedad y extrema preocupación que reinó en los mercados financieros en los meses de septiembre y octubre. Sin embargo, no sólo continuaron sino incluso se acentuaron las preocupaciones en los segmentos de la población cuyas actividades empresariales y laborales dependen del mercado interno.
Para que los mercados libres de bienes y servicios y la apertura de la economía conduzcan a niveles crecientes de bienestar de los ciudadanos es necesario que la inflación sea lo más baja posible pero que al mismo tiempo dos precios relativos clave, la tasa real de interés y el tipo de cambio real, resulten del equilibrio del ahorro y la inversión movidos por las expectativas de ahorristas e inversores y no de intervenciones erráticas del gobierno.
Salvo el Presupuesto 2026, las reformas estructurales sobre las que se tratará de conseguir consenso en el Congreso Nacional durante los próximos cuatro meses: reforma laboral y reforma impositiva, son ingredientes importantes para apuntalar un proceso sostenido de crecimiento económico, como lo es el ya aprobado régimen de incentivos para grandes inversiones (RIGI), pero no influirán significativamente sobre el nivel de actividad económica y la tasa de inflación en el corto plazo.
Para monitorear el curso de la reactivación económica y la tasa mensual de inflación durante los dos años que quedan del primer mandato del presidente Milei, es más relevante entender de qué manera el gobierno piensa eliminar o atenuar la represión financiera y cambiaria que ha dado lugar a tasas reales de interés demasiado elevadas y a un tipo de cambio muy alejado de las predicciones oficiales.
Hasta ahora, las declaraciones oficiales han sido muy confusas. Cabe esperar que las discusiones con el FMI para la revisión del programa que comenzarán en los próximos días, ayuden a clarificar el curso futuro de la política monetaria, cambiaria y financiera, es decir, ayuden a definir las reglas del juego que aplicará el gobierno en esta materia crucial para la consolidación de la estabilidad macroeconómica y la reactivación de la economía.
Sería muy bueno que decisiones sobre el carácter del peso y del dólar como monedas que requieren decisiones legislativas (por ejemplo, la convertibilidad del peso y el curso legal para el dólar) se sancionen en forma simultánea con el presupuesto para 2026, porque de esa forma quedaría definido un plan de estabilización con chances de éxito pleno antes de la elección de 2027.
El daño que causan las altas tasas reales (y nominales) de interés
Ya hay indicios claros de que las altas tasas reales de interés del tercer trimestre del año causaron un daño importante a deudores bancarios y a entidades financieras. Esto se refleja en el aumento de los impagos tanto de familias como de empresas y en el quebranto registrado por los bancos en sus balances.
Pero es menos conocido el efecto de las altas tasas de interés reales y nominales sobre la tasa de inflación, no sólo porque encarece los costos de producción en la medida que los productores tienen que financiar su capital de trabajo con endeudamiento bancario, sino porque a través del financiamiento en pesos a tasa fijas por períodos de varios meses se genera inercia inflacionaria, dado que obliga a los productores a ofrecer sus productos a precios que suban a un ritmo no lejano al de la tasa de interés so pena de incurrir en quebrantos que los pueden sacar del mercado.
Lo que acabo de describir, es válido tanto para las tasas reales de interés en pesos como para las en dólares, que, además, en un sistema de libre movimiento de capitales, están estrechamente relacionadas.
Como las tasas de interés en dólares vienen determinadas por el denominado riesgo país. La única forma sostenible de bajar las tasas reales de interés en pesos es también logrando que baje la tasa de riesgo país.
El daño que causa un peso inconvertible sobrevaluado
Que el peso inconvertible esté sobrevaluado significa que el tipo de cambio real no es de equilibrio. Para que el peso se sobrevalue es necesario que se restrinja el movimiento de capitales (cepo para las personas jurídicas) o se impongan y mantengan altas tasas reales de interés. O ambas cosas a la vez, como está ocurriendo ahora.
Además del efecto negativo de las altas tasas reales de interés que se necesitan para mantener el tipo de cambio nominal en los niveles deseados por la autoridad monetaria, la sobrevaluación real del peso crea varios inconvenientes adicionales. Por un lado, alienta el gasto en turismo en el exterior y las importaciones de bienes de consumo que a un tipo de cambio de equilibrio podrían abastecerse con producción nacional. Por otro lado, las restricciones al movimiento de capitales que aún existen en forma de cepo para las personas jurídicas plantean la duda de cuál será el efecto sobre el tipo de cambio cuando dicho cepo se elimine.
La importancia de que el Banco Central acumule reservas propias
La mayor parte de los economistas profesionales que siguen los acontecimientos macroeconómicos y los economistas del staff del FMI insisten en que el gobierno debería anunciar un programa de compra de reservas y llevarlo a cabo rigurosamente para acentuar la reducción del riesgo país y remover expectativas de futuros saltos devaluatorios.
Las declaraciones de los miembros del equipo económico son al menos confusas sino contradictorias. Aparentemente hay dos razones por las que prefieren decir que no tienen apuro par acumular reservas: una es para evitar que esa compra de reservas por parte del Banco Central empuje hacia arriba el tipo de cambio; otra para evitar que la emisión de pesos necesaria para pagar por las reservas facilite el traslado a precios del aumento del tipo de cambio y aumente la tasa de inflación.
Yo soy uno de los que sostiene que conviene comenzar pronto a acumular reservas. En mi opinión debería disponerse simultáneamente la eliminación completa del cepo y la compra de reservas, acompañada de una decisión legislativa que prohíba hacia el futuro la introducción de restricciones al movimiento de capitales y permita el uso del dólar como moneda para todas las funciones que cumple el peso, especialmente para la intermediación financiera.
Esto significaría poner en funcionamiento un sistema bimonetario como el que funciona en Perú, en Uruguay y en Paraguay. El tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio y las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares bajarían como consecuencia de una fuerte reducción del riesgo país.
Seguir este curso de acción, con apoyo del FMI y del Tesoro de los Estados Unidos, sería un reaseguro de que antes de la elección de 2027 se habrá consolidado una reducción significativa de la tasa de inflación sin que haya otra crisis como la que se desató entre julio y agosto pasados. Con una trayectoria semejante, la economía se reactivará rápidamente y se facilitará la búsqueda de consenso para las reformas estructurales necesarias para asegurar el crecimiento sostenido de la economía.
Paraguay ante la mirada de Domingo Cavallo
Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».
Por José Zalazar
En un contexto regional atravesado por tensiones fiscales, ajustes estructurales y redefiniciones del rol del Estado, la voz de Domingo Cavallo, exministro de Economía de la Argentina, vuelve a ofrecer una perspectiva que trasciende las fronteras de su país. Sus reflexiones, lejos de limitarse al escenario argentino, proyectan enseñanzas valiosas para Paraguay, una economía que, en palabras del propio economista, «ha logrado destacarse en las últimas dos décadas por su estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido y disciplina fiscal».
Paraguay
Durante la entrevista concedida por el exministro argentino en el marco de su conferencia organizada por el Instituto Federalismo y Libertad, que reunió a diversos sectores de la sociedad en el salón «Gran Chaco» de la CAF en Asunción, Cavallo no solo abordó el presente económico de su país, sino que situó sus análisis en un marco más amplio: la formación económica, la importancia de la historia y la necesidad de comprender los sistemas de organización productiva para interpretar la realidad. Desde ese enfoque, Paraguay aparece como un caso virtuoso en la región.
La economía como disciplina viva
Para Cavallo, el estudio de la economía no puede reducirse exclusivamente a modelos abstractos o fórmulas matemáticas. Se trata de una ciencia social profundamente ligada a la experiencia histórica y a los procesos institucionales. Al ser consultado sobre cuál sería el mejor libro de economía, respondió con honestidad y sin dogmatismo: «Hay muchísimos libros buenos de economía; depende a qué nivel uno quiera entrar».
Sin embargo, su recomendación para quienes se inician en esta disciplina es clara: «Yo siempre recomiendo para los que recién comienzan leer algún libro de principios de economía». En ese sentido, rescató la influencia que tuvo en su formación el economista francés Raymond Barre, a quien considera fundamental en su pensamiento: «Descubrí un libro de alguien que después fue primer ministro de Francia, Raymond Barre, que me pareció muy bueno porque no solo explicaba cómo funcionaba la economía, sino que empezaba con un tema de organización económica».
Este énfasis en la organización económica no es menor. Para Cavallo, comprender qué sistema económico existe o podría existir es el punto de partida para cualquier análisis serio. Por ello insiste en que teoría e historia deben ir de la mano: «La economía que es relevante es la que permite explicar cosas de la realidad».
Ese enfoque le permitió incluso escribir, junto a su hija, una obra dedicada a los procesos económicos de su país: Historia Económica de Argentina, «que son como ejercicios de economía aplicados a distintos periodos en los que existieron problemas y se trataron de resolver». Desde allí subraya una convicción clave: «Hay que estudiar también la historia económica junto con la teoría económica».
Paraguay: un modelo de estabilidad y crecimiento
Si en Argentina el diagnóstico se centra en la corrección de desequilibrios estructurales, en Paraguay el análisis adquiere un tono marcadamente positivo. Cavallo no oculta su admiración por el desempeño económico paraguayo en las últimas décadas: «Muy bien. Paraguay aumentó el Producto Bruto per cápita, o el Producto Bruto total, desde el año 2000 hasta ahora; se multiplicó por ocho. Eso es impresionante».
Esta afirmación sitúa a Paraguay entre las economías más dinámicas de América Latina en términos de crecimiento acumulado. Más allá de los números, el exministro identifica las claves de este desempeño: estabilidad macroeconómica, reglas claras y un entorno favorable para el sector privado.
En ese sentido, recalca una diferencia sustancial con su país: «Mantener la estabilidad macroeconómica, que es algo que, por ejemplo, Argentina no fue capaz de mantener». Paraguay, en cambio, ha sostenido políticas consistentes que fortalecieron la confianza interna y externa, favoreciendo la inversión y la expansión productiva.
Impuestos bajos y eficiencia tributaria
Uno de los pilares que Cavallo destaca con mayor énfasis es el régimen tributario paraguayo. Para él, la baja presión fiscal no solo beneficia a las empresas, sino que genera un entorno propicio para la innovación y la productividad: «El que los impuestos sean bajos facilita la operación del sector privado, el aumento de la productividad, la innovación. Así que eso es muy importante».
No obstante, aclara que la baja carga impositiva debe ir acompañada de una administración eficiente y combate a la evasión: «Por supuesto, hay que organizar bien la administración tributaria para que no haya evasión y que todos paguen esos impuestos bajos y no haya informalidad».
Esta combinación de impuestos moderados, cumplimiento generalizado y formalización económica constituye, a su juicio, una de las fórmulas más efectivas para sostener el crecimiento de largo plazo.
Perseverar como estrategia de desarrollo
Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».
Perseverar en la estabilidad, en la apertura al sector privado, en la disciplina macroeconómica y en la calidad institucional. En un entorno latinoamericano frecuentemente marcado por ciclos de expansión y crisis, Paraguay aparece como una excepción virtuosa que debe cuidar sus fundamentos.
En suma, las palabras de Domingo Cavallo trazan un contraste elocuente entre dos realidades vecinas: una Argentina que busca reordenarse tras décadas de desajustes y un Paraguay que ha logrado consolidar un sendero de crecimiento sostenido. Este contraste no solo sirve para analizar políticas públicas, sino también para comprender qué decisiones económicas generan prosperidad y cuáles conducen al estancamiento.
Desde su experiencia como académico y gestor público, Cavallo ofrece una visión que interpela a los responsables de la política económica paraguaya: la estabilidad no es un punto de llegada, sino una construcción permanente. La disciplina fiscal, los impuestos bajos, la eficiencia institucional y el fortalecimiento del sector privado son, según su mirada, las verdaderas llaves del desarrollo.
Argentina: reorganización tras décadas de desorden
Al ser consultado sobre la situación actual de la economía argentina, Cavallo fue directo y contundente. A su juicio, el país atraviesa un proceso de reconstrucción institucional luego de un prolongado período de deterioro: «Está siendo reorganizada después de un periodo de 25 años de una desorganización extrema de la economía».
En ese proceso, reconoce el énfasis del gobierno de Javier Milei en la disciplina fiscal como un paso necesario: «Milei está poniendo mucho énfasis en el ajuste fiscal, lo cual está muy bien». No obstante, advierte que no basta con controlar el déficit público, sino que deben abordarse de manera integral otras dimensiones estructurales: «También tienen que mirar otros aspectos, como por ejemplo la organización monetaria, cambiaria, financiera».
Para el exministro, el éxito de las reformas dependerá de su legitimidad social y política. Por ello pone el acento en la necesidad de acuerdos: «Es fundamental que consiga, a través del diálogo, un consenso para las reformas más de fondo». Aun así, reconoce que la dirección adoptada es la correcta: «Las intenciones y la orientación de Milei, sin duda, son las que se necesitaban»
https://elnacional.com.py/economia/paraguay-mirada-domingo-cavallo-n96467
Imperdible reportaje de Jorge Fontevecchia a Larry Kotlikoff
De aquí al 26 de octubre y después…
No voy a especular sobre cuál va a ser el resultado de la elección del 26 de octubre ni qué es lo que al gobierno le conviene hacer para aumentar sus chances de triunfo. Espero que cualquiera sea el resultado, el gobierno, además de solucionar la crisis de deuda y el clima de inestabilidad y estancamiento económico, comience a buscar acuerdos políticos para consensuar las numerosas reformas económicas que se necesitan para lograr estabilidad y crecimiento sostenidos.
De aquí al momento de la elección entiendo que el gobierno no está en condiciones de identificar y explicar con sinceridad y acierto la causa principal de la crisis que se está viviendo y que seguirá apelando a culpar a la herencia recibida y al riesgo “KUKA”. Tampoco está en condiciones de cambiar el manejo monetario y cambiario que es responsable principal de la crisis, así que es inútil cualquier sugerencia de manejo diferente al que está acostumbrado el equipo económico. Pienso y espero que la experiencia financiera de Caputo con la solidaridad y el apoyo discursivo de Bessent van a permitir llegar sin un nuevo sobresalto al momento de la elección.
Pero es fundamental para el futuro de la Argentina que el gobierno de Milei capitalice la experiencia de sus dos primeros años, tanto en materia de aciertos como de errores. Y defina de inmediato una secuencia lógica de cambios que son imprescindibles para que hacia el año 2027 ya se esté viviendo un clima de estabilidad, con buenas perspectivas de crecimiento, como el que vivió Argentina en 1991 a partir de la puesta en marcha del Plan de Convertibilidad.
Para que esto ocurra, el aporte que yo puedo hacer es utilizar mis conocimientos y experiencia para evitar dos malentendidos que en caso de no revertirse pueden atentar contra el éxito del gobierno del Javier Milei. El primero se refiere a cómo interpretar el apoyo de Trump. El segundo, a cómo comparar la crisis que se está viviendo en la actualidad con las varias crisis que se vivieron durante los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa.
Habrá que dejar de sacar conejos de la galera
Caputo hasta aquí siempre sacó algún conejo de la galera para enfrentar problemas cambiarios y de deuda. El último fue la eliminación de las retenciones a las exportaciones que le permitió contar, en sólo tres días, con una liquidación de divisas de exportación por 7 mil millones de dólares. Fue esta operación, mucho más que los anuncios de Bessent, la que produjo el desplome del precio del dólar y le permitió comprar varios miles de millones de reservas, algo que hasta la semana anterior dijo que nunca iba a hacer. No desprecio el impacto que los anuncios de Bessent tuvieron sobre la otra variable clave, la tasa de riesgo país, cuya caída fue sin duda un resultado altamente beneficioso para alejarnos del escenario catastrófico de default de la deuda.
Por supuesto, estos 7 mil millones que han entrado ahora, dejarán de entrar en los próximos meses cuando hubieran sido liquidados pagando retenciones. El deterioro del ingreso de divisas de exportación de los meses subsiguientes seguramente necesitará algún otro conejo de la galera, so pena de que el tipo de cambio vuelva a subir y pueda incluso alcanzar nuevamente el límite superior de la banda de flotación.
Además, el costo fiscal de la operación es de más de mil millones de dólares.
Como si la cuestión del costo fiscal no fuera suficiente efecto colateral negativo, la operación disgustó por igual a los productores agropecuarios argentinos y a los productores agropecuarios de los Estados Unidos. Los primeros, porque no creen haberse beneficiado por la medida y los segundos porque se sintieron afectados por la repentina oferta argentina en competencia con la de ellos.
A pesar de todos estos reparos, con esta medida el ministro de Economía logró hacer bajar el precio del dólar y disimular la crisis cambiaria.
Pero el gobierno no debe autoengañarse. Decisiones como ésta producen efectos búmeran. No sólo porque sus efectos iniciales se revierten rápidamente (algo que comenzó a verse desde el jueves de la semana pasada) sino porque dejan secuelas de mayor inestabilidad futura al abonar la idea de que el gobierno no tiene problemas en dejar de respetar las reglas de juego anunciadas y los compromisos asumidos.
En el caso de la baja transitoria de las retenciones, el efecto de mediano y largo plazo será probablemente más dañino. El enojo de los productores agropecuarios de los Estados Unidos ha llevado a que el secretario del Tesoro señale a la eliminación de las retenciones como una exención impositiva inapropiada. Ojalá esta crítica de Bessent se refiera sólo al carácter transitorio de lo que él denomina una exención impositiva (Tax holiday en inglés), porque si se transformara en la sugerencia o condición de que se mantengan permanentemente esas retenciones. se estaría bloqueando una medida estructural que es indispensable para asegurar el crecimiento sostenido de la economía argentina.
Es fundamental que el gobierno no malinterprete el apoyo de Trump
Sin duda, el apoyo de Trump se origina en la adhesión incondicional que el presidente norteamericano percibe por parte de Javier Milei para su política exterior y su ideología anti-woke.
Tiene poco que ver con la ideología libertaria o anarcocapitalista que el presidente argentino predica como parte de su estrategia rupturista con la tradición política y económica “de los últimos 100 años de Argentina”. Tampoco tiene mucho con ver con una supuesta alta valoración por parte de Washington del plan de desinflación del presidente Milei y su equipo económico.
Como parte de su política de reducción de gastos, lo primero que Trump hizo fue anular todos los programas que significaban transferencias de recursos fiscales (“tax payer’s money”) a países del exterior de lo cual es un ejemplo elocuente la eliminación del programa USAID, tan bastamente utilizado en el pasado como parte del “soft power” de los Estados Unidos, el retaceo de financiamiento a programas como la OTAN y la guerra en Ucrania, ingredientes importantes de su “hard power”. Es bien conocido que Trump odia que se “utilice el dinero de los contribuyentes” para apoyos a gobierno y países extranjeros.
Esta descripción de un aspecto importante de la personalidad y el pensamiento de Trump hace creíble el rumor que circula en Washington sobre la insatisfacción del Departamento de Estado y de otros integrantes del ala más conservadora del Partido Republicano con el tipo de apoyo a Milei y su equipo económico que fue anunciado por el secretario del Tesoro Scott Bessent.
Quienes conocen al secretario del Tesoro como administrador de fondos de cobertura en Wall Street y su relación profesional con algunos miembros del equipo económico, piensan que Scott Bessent, si bien es consciente de los errores de política monetaria y cambiaria cometidos por el gobierno, se siente cómodo, por el momento, con la interpretación del ministro Luis Caputo sobre el origen de la corrida cambiaria y la suba del riesgo país.
Caputo y el propio Milei sostienen que la corrida contra la deuda argentina que se produjo en la semana previa al encuentro presidencial en Nueva York es de origen exclusivamente político y se debe al riesgo “kuka”. Así se ha denominado el efecto que habría tenido la derrota electoral de La Libertad Avanza (LLA) en la elección de legisladores provinciales y concejales en la Provincia de Buenos Aires.
De ser así, y esperando que el resultado de las elecciones para renovar un tercio del Senado y la mitad de la Cámara de Diputados del 26 de octubre próximo resulte favorable a la LLA, la utilización efectiva de recursos del Fondo de Estabilización Cambiaria como apoyo financiero adicional al del FMI, no sería necesario porque el riesgo país se reduciría por desaparición del riesgo “Kuka”.
Con respecto al otro ingrediente del paquete de apoyo anunciado, el swap de monedas por 20 mil millones de dólares sería simplemente un reemplazo del swap chino que Estados Unidos espera que Argentina desactive como parte de una serie de decisiones que el gobierno de Argentina tendría que adoptar para reducir la dependencia de su economía hacia la influencia geopolítica de China.
Esta es la expectativa e interpretación que Scott Bessent habría trasmitido al presidente Trump para que éste autorice la operación en aparente contradicción con su oposición al uso de dinero de los contribuyentes en beneficio de países extranjeros. Esto se infiere de la declaración de Trump “la economía argentina no necesita ser rescatada porque la política económica del presidente Milei está produciendo muy buenos resultados”.
En mi opinión y en la de muchos otros economistas argentinos, así como en la mayoría de los técnicos del FMI, del tesoro americano y de los bancos que siguen en detalle los acontecimientos económicos argentinos, los problemas que derivaron en el aumento estrepitoso del precio del dólar y del riesgo país, precedieron a la elección de la Provincia de Buenos Aires. Lo único que habría hecho el resultado electoral adverso fue poner de manifiesto estos efectos con más rapidez y crudeza que la que esperaban incluso los más escépticos seguidores de la realidad argentina.
Prácticamente desde su inicio, la estrategia de desinflación del gobierno del presidente Milei y su equipo económico adoleció de una política cambiaria y monetaria muy defectuosa. Pese al impresionante logro en materia de ajuste fiscal, ese error incubó un problema de atraso cambiario e insuficiencia de reservas propias para asegurar el pago de los servicios de la deuda. Defecto especialmente peligroso para un país como Argentina, fuertemente endeudado y con una larga historia de crisis de deuda y defaults.
Cualquiera sea el resultado de la elección del 26 de octubre, para reencausar la política económica en la dirección de la estabilidad duradera y el crecimiento, el gobierno tendrá que definir reglas de juego monetarias y cambiarias y conducir un manejo de los instrumentos monetarios y financieros como describí en mi informe al 31 de agosto pasado. Para facilitar su relectura, transcribo los párrafos relevantes como apéndice a este informe.
Como mínimo, deberán eliminarse de inmediato todas las restricciones para operar en el mercado cambiario, tanto para personas humanas como jurídicas, anunciar un programa de compras de reservas por parte del Tesoro y del Banco Central suficientes para enfrentar los servicios de la deuda de los próximos años y, por supuesto, dejar flotar el tipo de cambio sin ningún tipo de bandas.
Mi predicción es que esto es lo que terminará ocurriendo, porque aún en el caso de que el gobierno siga creyendo que puede mantener la política económica tal como la ha venido conduciendo, cuando luego del alivio que produjeron tanto las medidas de eliminación transitoria de las retenciones agropecuarias como los anuncios de Bessent, la moneda vuelva a tener una fuerte tendencia devaluatoria y vuelva a subir el riesgo país, el Tesoro Americano y el FMI pondrán como condición que se instrumenten los cambios en la política monetaria y cambiaria necesarios para superar la crisis.
Al decir de Joaquín Cottani en una corta entrevista que le hizo el periodista Franco Mercuriali, el involucramiento del gobierno de Trump tendrá efectos positivos sobre la economía argentina, no porque signifique mucho aporte de dólares, sino porque ayudará a reparar el talón de Aquiles del programa económico lanzado por el gobierno de Milei desde su inicio.
Comparación de la crisis actual con las crisis cambiarias y de deuda de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa
En la discusión sobre la naturaleza de la crisis económica y política que estamos viviendo, a 20 meses del inicio de la gestión de Javier Milei, comentaristas políticos y económicos, algunos simpatizantes del Kirchnerismo, pero otros también ligados al Mileismo, insisten en comparar la situación actual con la del presidente De la Rua antes de la elección del 14 de octubre de 2001.
Los kirchneristas lo hacen para argumentar que Milei está al borde de perder el gobierno, como ocurrió con De la Rúa en diciembre de 2001. Los mileistas para señalar que en el 2001 estaba en crisis la convertibilidad y había un gran déficit fiscal, una situación muy diferente a la actual.
En mi opinión, tanto los kirchneristas como los mileistas se equivocan al extraer conclusiones de esta comparación, simplemente porque la situación política y económica actual no tiene nada que ver con la del 2001.
De la Rúa perdió el gobierno porque en aquel entonces, una parte importante del poder económico, cuyo vocero era Ignacio de Mendiguren, más que una devaluación, pretendían la pesificación y el default. Convencieron a los principales dirigentes del Peronismo no menemista y del propio Radicalismo (principalmente a Duhalde y a Alfonsín) que el abandono de la convertibilidad y el default de la deuda pública iban a resolver los problemas de desempleo y empobrecimiento que, sin duda, aquejaban a la población de manera dramática. Por supuesto, el efecto del abandono de la convertibilidad fue exactamente el contrario y el daño institucional fue extremo.
Entre los Mileistas, algunos tienden a ver en la demanda de eliminación completa del cepo y de las bandas cambiarias una presión como las de De Mendiguren y sus representados en el 2001. Pero este es un gran error de interpretación. En la actualidad, quienes pregonamos la eliminación total del cepo y la liberalización cambiaria no lo hacemos para licuar deudas en dólares ni transferir riqueza de los depositantes a los deudores o de los trabajadores a los exportadores, sino para que sea factible la implementación de un plan de estabilización capaz de eliminar la inflación de manera sostenible y permitir un crecimiento vigoroso de la economía.
La comparación que puede servir para encontrar soluciones es la de la crisis actual con la del gobierno de Carlos Menem en diciembre de 1990 y enero de 1991.
Para entender mi argumento, vale la pena comparar los primeros 20 meses del gobierno de Milei con el mismo período del gobierno de Menem (es decir, desde julio de 1989 a marzo de 1991. Voy a poner énfasis en esta comparación, porque los jóvenes, quienes hoy tienen menos de 40 años, no recuerdan lo que ocurría entonces y hasta el propio presidente Milei, que en el pasado parecía recordar muy bien aquel episodio histórico, sus comentarios recientes demuestran que está confundido.
Los primeros 20 meses del gobierno de Javier Milei y los 20 primeros meses del gobierno de Carlos Menem
Hay algunos parecidos muy interesantes entre los primeros 20 meses del gobierno de Carlos Menem y los primeros meses del gobierno de Javier Milei.
Menem, como Milei, heredaron una situación económica catastrófica. De eso no hay duda. En materia inflacionaria la herencia fue mucho peor en 1989 porque en julio de ese año, en plena transferencia del poder, la inflación mensual fue del 190%. Al cabo de 18 meses, la inflación mensual había bajado a menos del 6% mensual y el Banco Central había logrado mantener el tipo de cambio libre bastante estable desde mayo de 1990 alrededor de 5.000 australes por dólar. Si se tienen en cuenta las diferencias del punto de partida, Lo que Menem logró no es muy diferente al logro de Milei en sus primeros 18 meses, habida cuenta de que éste heredó una inflación del 25 % mensual y logró bajarla al 2% mensual con un tipo de tipo de cambio paralelo que se mantuvo bastante estable, alrededor de 1200 pesos por dólar por varios meses.
Durante los primeros 18 meses de Menem el gasto público como porcentaje del PBI había descendido desde el 34,7% en 1989 al 28,4 % en 1990. El déficit fiscal todavía no se había eliminado, porque la inflación seguía brindando fuertes mecanismos de evasión impositiva y la recaudación era muy baja. Pero aun así, había descendido del 7,2% del PBI en 1989 a 4,4% en 1990. La baja del gasto público como porcentaje del PBI fue semejante durante los 18 primeros meses de Milei (7% del PBI) pero consiguió eliminar el déficit fiscal, básicamente porque el sistema impositivo y la baja de la inflación permitió mantener altos niveles de recaudación como porcentaje del PBI.
También en materia de denuncias de corrupción los dos períodos se parecen. A lo largo de 1990 se sucedieron denuncias de corrupción que rozaron a la familia presidencial y que tuvieron un impacto negativo sobre la imagen del gobierno y del presidente, no muy diferente a las denuncias que en los últimos meses afectaron a Karina Milei y a varios de sus colaboradores, en particular a Lule Menem, con lo que los opositores tratan de asimilar estas denuncias a las que afectaron a Carlos Menem.
Hacia Diciembre 1990 y enero de 1991 se vivió una crisis cambiaria y de deuda no muy diferente a la que estamos viviendo ahora.
Durante 1990, para estabilizar el tipo de cambio, que desde diciembre de 1990 era libre sin controles de cambio, el Banco Central mantuvo tasas de interés muy altas, no sólo en términos nominales sino también en términos reales. Como a pesar de la estabilidad cambiaria, la inflación, aunque mucho más baja que en el año anterior, continuó deteriorando el tipo de cambio real y se generó un claro atraso cambiario. También la economía seguía en recesión, aunque algo se había recuperado de la gran caída de 1989. La única diferencia significativa con la situación actual es que el déficit fiscal, aunque mucho más reducido aún no había sido eliminado. La recesión, la inflación del 6% mensual y la precaria administración tributaria que permitía mucha evasión, era la causa del déficit fiscal.
El presidente Menem iba a tener que adoptar decisiones no muy diferentes a las que deberá adoptar Milei para salir de la crisis actual y lo hizo mediante un cambio importante de gabinete y la adopción de reglas de juego que describirían un cambio entendible y explicable de la organización económica del país, en contraste muy fuerte con la que había caracterizado a no menos de cinco décadas anteriores. La organización económica que se propuso estaba basada en principios Albedriadnos de organización política, económica y social. Principios muy diferentes a los que había predicado Perón, pero que Menem, con su desapego a dogmatismos ideológicos y su inteligencia e intuición, decidió que era necesario cambiar para adaptarse la nueva realidad nacional y mundial.
Los cambios que se introdujeron tuvieron como pivote la organización monetaria, cambiaria y financiera legislada alrededor de la Ley de Convertibilidad, pero abarcaron todos los ámbitos de la vida económica dentro del marco conceptual de una economía de mercado, abierta y estable. Con un estado manejado con leyes de presupuestos bien definidas y funcionarios expertos en cada una de las materias sobre las que tenían que adoptar decisiones. Por ejemplo, a partir del 1 de abril de 1991 junto a la puesta en vigencia de la ley de convertibilidad, se eliminaron por completo y en forma permanente las retenciones a las exportaciones agropecuarias que eran del orden del 30%.
Mi sugerencia para el cambio que deberá introducir el presidente Milei a partir del 26 de octubre es que pivotee sobre la nueva organización cambiaria, monetaria y financiera que describí en mi informe al 31 de agosto y que agrego en el apéndice. Se trata de una propuesta que tendrá el mismo efecto que el que tuvo la ley de convertibilidad en 1991.
A quienes le tienen miedo al aumento del tipo de cambio que pueda derivarse de la eliminación completa del cepo y la libre flotación, les recuerdo que durante los tres primeros meses de 1991 el precio del dólar subió de 5 mil a 10 mil australes y produjo inflación más alta que la de los meses anteriores. Pero cuando en marzo, con libre flotación, alcanzó un nivel que a posteriori demostró ser de equilibrio y sostenible en el tiempo, pudo estabilizarse y servir de base para la puesta en marcha del Plan de Convertibilidad.
Unos pocos comentarios políticos
Aunque no tengo autoridad intelectual para hablar con solvencia sobre aspectos políticos, me atrevo a hacer algunos comentarios comparativos de las gestiones de Menem y de Milei.
El proceso electoral de 1988-1989 no tuvo grandes diferencias con el que precedió al triunfo de Milei. Ambos trataron de irrumpir en la política con un estilo propio, incluso en materia estética, muy diferente al de los políticos tradicionales.
Antes de competir con Eduardo Angeloz, el candidato radical, Carlos Menem ganó una interna frente a Antonio Cafiero. Menem no tenía al aparato peronista detrás de él, pero con su carisma y bonhomía había conquistado el cariño de mucha gente, en particular de los más humildes y de la clase media baja. La interna del Peronismo no difiere mucho de la primera vuelta de la elección en la que dentro del centro derecha compitieron Patricia Bullrich y Javier Milei. Patricia Bullrich tenía mucho más apoyo de un aparato partidario (Juntos por el Cambio) mientras que Milei había descollado con su prédica rupturista, anti casta y dolarizadora. Logró conquistar la confianza y esperanza de mucha gente, en particular de los jóvenes y los sectores más humildes que antes se enrolaban automáticamente en el Peronismo.
Luego de estos primeros triunfos, tanto Menem como Milei, convocaron a sus competidores (Menem al Cafierismo y Milei a Juntos por el Cambio) a unirse para ganar las elecciones y a ambos esta estrategia les dio resultado.
En la conformación del gobierno, comienzan a verse las diferencias de estilo y de comportamiento entre Menem y Milei. Menem no exigía adhesión a principios ideológicos, porque él no era un ideólogo, sino que buscaba funcionarios que lo pudieran ayudar a ser eficaz y en esta materia tuvo un olfato que Milei no demostró, posiblemente por su dogmatismo ideológico y falta de pragmatismo.
El trabajo jurídico de Rodolfo Barra, Rodolfo Diaz, Alberto García lema, Juan Carlos Casagni y Roberto Dromi (a quien a pesar de que no le reconozco méritos de gestión, considero que fue un gran experto en Derecho Administrativo) fue excepcional. Ninguno de estos expertos jurídicos había sido Menemista en la interna. Pero Menem los eligió por su experticia. En menos de un mes prepararon el proyecto de Ley de Reforma del Estado que, previa negociación entre Menem y Alfonsín, el Congreso aprobó cuando todavía el Radicalismo tenía la mayoría de ambas cámaras. Antes incluso de que asumieran los legisladores que habían sido elegidos con Menem.
A mí me designó ministro de Relaciones Exteriores cuando ni siquiera era peronista y, aunque yo no me había inmiscuido en la interna, en general me veían más cerca de Cafiero por mi amistad con De la Sota que había acompañado a Cafiero en la interna. Lo hizo porque cuando yo lo había acompañado por un recorrido por Europa para conocer y contactarse con los líderes europeos, detectó que yo estaba entendiendo lo que ocurría en el mundo en ese momento.
En economía y Obras públicas designó a personas sugeridas por Jorge Born (que había estado a años luz del Peronismo) y por los dirigentes peronistas que se nuclearon alrededor del grupo Bunge y Born, así como a algunos colaboradores de Álvaro Alsogaray. Si bien este grupo de funcionarios no tenían ideas claras en materia de Estabilización macroeconómica, estaban todos muy comprometidos con la implementación de las reformas habilitadas por las leyes de emergencia económica y de Reforma del Estado. En particular, con las privatizaciones.
Para el Ministerio de Trabajo designo al más prestigioso y liberal de los dirigentes sindicales, Jorge Triaca. Cuando lo tuvo que reemplazar por conflictos dentro del sindicalismo optó por expertos de alto nivel como Rodolfo Díaz y Armando Caro Figueroa.
Las decisiones sobre el resto del gabinete fueron una suerte de búsqueda de candidatos entre quienes más lo habían apoyado, pero sin excluir a personas que proviniendo del Cafierismo, tuvieran conocimientos o experiencia en los temas específicos.
Produjo cambios sólo cuando quedó claro que los funcionarios designados ya no lograban los resultados que habían prometido o estaban afectados por denuncias de corrupción, pero, al menos en los primeros tiempos, nunca removió funcionarios por capricho o porque considerara que no le eran leales o no le rendían suficiente pleitesía.
Con su estilo amable, siempre amistoso y nunca agresivo, facilitó los acuerdos con la oposición para lograr leyes que cambiaron de cuajo la organización del país. Requirieron largas horas de discusiones tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, instituciones que nunca actuaron como escribanías del Poder Ejecutivo, sino que discutían los temas con argumentos y hasta con pasión. Estas discusiones nunca terminaban en batallas campales y agresiones personales, al menos durante el primer mandato.
Ojalá, Milei, sea capaz de actuar como lo hizo Menem cuando debió enfrentar la crisis de diciembre de 1990 y enero de 1991.
Apéndice: el sistema monetario, financiero y cambiario que se necesita
Las disposiciones más importantes que debería contener la nueva legislación monetaria, financiera y cambiaria son las siguientes:
1. Prohibir la emisión monetaria para financiar el déficit fiscal de la Nación, de las provincias y de los municipios.
2. Permitir sólo la emisión monetaria para compra de reservas y para operaciones de mercado abierto en mercados secundarios de títulos públicos.
3. Declarar la libre convertibilidad del peso y prohibir los controles de cambio.
4. Permitir la intermediación financiera en dólares (y cualquier otra moneda convertible) en las mismas condiciones aplicables al Peso convertible.
5. Establecer que los bancos podrán recibir depósitos en cualquier moneda convertible y podrán prestar esos fondos guardando un encaje que establecerá el Banco Central.
6. El financiamiento al sector privado originado en los depósitos podrá ser para saldos de tarjetas de crédito, préstamos personales, hipotecas y préstamos a empresas pequeñas y medianas
7. El financiamiento para inversión, o capital de trabajo de grandes empresas, se deberá proveer a través de instrumentos del mercado de capitales, induciendo a que los depositantes a plazo fijo de gran magnitud opten por cuota partes de fondos de inversión administrados por los mismos bancos.
El Banco Central, además de manejar los encajes bancarios, podrá llevar a cabo operaciones de mercado abierto en los mercados secundarios, tanto con títulos en pesos como con títulos en dólares. Estas serán las herramientas de política monetaria con la que podrá controlar la expansión del crédito en pesos y en dólares.