La intolerancia hasta con las criticas constructivas de quienes tienen vocación de apoyar, genera daños autoinfligidos


En realidad estuve tentado a titular este post argumentando que esa intolerancia puede ser una virtud política en el sentido maquiavélico (que es lo que parecen creer algunos estrategas políticos del gobierno) pero ciertamente no una virtud en el sentido moral. No titulé así este post porque luego de reflexionar, concluí que la intolerancia a las críticas constructivas de quienes tienen vocación de apoyar no es virtuosa en ningún sentido, ni política ni moralmente.

Lo que ha ocurrido en las últimos días con las opiniones vertidas por Joaquin Cottani, me consta que con total buena fe y espíritu de crítica constructiva lo ejemplifica. Para quienes no hayan visto los videos completos de las dos intervenciones recientes de Cottani, la primera con Maxi Montenegro y la segunda con Nelson Castro, estoy subiendo a este blog, ambos videos.

Ustedes podrán juzgar si la crítica de Joaquin es destructiva o constructiva. En mi opinión no podría ser más constructiva porque advierte sobre un riesgo que puede poner en peligro el clima de estabilidad y reeditar un episodio como el que antes de la elección del año pasado, que de no haber sido por la oportuna intervención del gobierno de Trump, podría haber comprometido los resultados electorales favorables al gobierno.

De paso, aunque pueden estar ya cansados de ver videos sobre estos temas, aprovecho para hacerles llegar uno de 1991 en el que Menem y yo explicamos el curso del plan de convertibilidad. Sugiero verlo porque desmiente el tan repetido slogan de que asistimos a 100 años de intervencionismo proteccionista e irresponsabilidad fiscal y que nunca se intentaron las reformas que ahora pregora el gobierno. Milei lo tenía claro antes de ser elegido, no me parece conveniente como estrategia electoral que lo siga repitiendo, porque quienes conocen en detalle nuestra historia económica, saben que no es verdad.

Re-monetización por compra de reservas, la mejor opción para reactivar la economía

La baja del riesgo país conseguida con compra de reservas por parte del Banco Central es una muy buena señal y esta política, si se acompaña con reformas cambiarias y financieras, puede transformarse en la mejor opción para reactivar la economía.

El gobierno no debe entusiasmarse con la calma cambiaria conseguida a través de fuertes diferencias entre las tasas de interés en pesos y el ritmo de ajuste del tipo de cambio nominal (carry trade), porque esa calma esconde tras de sí un clima recesivo en muchos sectores de producción de bienes y servicios para el mercado interno.

Para que las reformas estructurales que persigue el gobierno puedan llevarse a la práctica, es muy importante que el 2026 sea un año de fuerte reactivación del mercado interno sin que tienda a aumentar sostenidamente la tasa de inflación, que a lo largo de 2025 osciló alrededor del 2% mensual.

En este post presento las ideas que, en mi opinión, pueden ayudar a conseguir esa reactivación.

Comprar reservas con emisión

En la actual coyuntura económica, comprar reservas con emisión es la política monetaria más apropiada. Ya no deben quedar dudas de que la acumulación de reservas libres en el Banco Central ayuda a que baje la tasa de riesgo país. En la medida que este fenómeno continúe, se irá aproximando el momento en el que Argentina recupere el acceso al mercado internacional de capitales a tasas de interés que no excedan su ritmo potencial de crecimiento[1].

No se debe confundir la compra de reservas para acumularlas en el Banco Central con la compra de divisas que necesitan hacer el Tesoro y las provincias para cumplir con el pago de intereses de la deuda externa. No incluyo referencia a compras para amortizar deuda, porque parto del supuesto de que conseguirán nueva deuda para atender los vencimientos de capital que se vayan sucediendo en el tiempo.

Para la compra de divisas por parte de los Tesoros Nacional y provinciales, se necesita que la nación y las provincias generen superávit fiscal primario suficiente. Si no lo logran, tendrán que financiar esta compra de divisas con endeudamiento, sin afectar las reservas del Banco Central. Es decir, la responsabilidad de conseguir las divisas para pagar los servicios de la deuda es claramente del Tesoro Nacional y de los Tesoros Provinciales. En otros términos, esta es una regla de política fiscal. Se trata de una suerte de reaseguro de la política de déficit cero, que habrá que mantener mientras no se consiga la estabilización completa de la economía.

Para que la única emisión monetaria sea la destinada a acumular reservas en el Banco Central, es necesario que los vencimientos de intereses y capital de la deuda en pesos también se financien con superávit fiscal primario o con nuevo endeudamiento, pero nunca con emisión monetaria del Banco Central. Si se sigue esta regla, la demanda de liquidez de la economía alimentará la acumulación de reservas del Banco Central, porque ésta será la única fuente de emisión monetaria.

Es peligroso que las tasas de interés en pesos se mantengan demasiado altas en términos reales

En principio, si baja la tasa de riesgo país, es decir el costo del endeudamiento en dólares, deberían bajar también las tasas de interés en pesos en términos reales. La única razón por la que esto no está ocurriendo es porque el mantenimiento del cepo cambiario a las empresas y a los intermediarios financieros sigue dejando como espada de Damocles en el mercado cambiario la decisión, que en algún momento deberá tomarse, de disponer la completa libertad de movimiento de capitales, algo que se da en todas las economías bien organizadas y estables del mundo.

En mi opinión, lo mejor que podría hacer el gobierno en este momento es seguir acumulando reservas sin inducir carry trade sino avanzando rápidamente hacia la eliminación completa del cepo con garantías de que no va a ser reintroducido bajo ninguna circunstancia. Esto requeriría declarar al dólar como moneda de curso legal, derogar la ley penal cambiaria y liberalizar la intermediación financiera para permitir la expansión del crédito bancario, tanto en pesos como en dólares, a tasas de interés que en términos reales no superen la tasa de crecimiento potencial de la economía.

¿Qué pasaría con el tipo de cambio nominal si se adoptaran estas decisiones?

El aumento que podría darse del tipo de cambio nominal para que el tipo de cambio real encuentre su nivel de equilibrio será mucho menor que el que se daría más adelante si la eliminación del cepo se posterga muchos meses y se va deteriorando el superávit comercial muy favorable de este momento.

Luego de este sinceramiento y contando con una baja acentuada del riesgo país, si se produce algún impacto sobre la tasa mensual de inflación será de escasa magnitud y muy transitoria. Por el contrario, con una economía que se irá reactivando por re monetización y más bajas tasas de interés reales, tanto en pesos como en dólares, será mucho más fácil lograr estabilidad cambiaria porque ya no existirá el riesgo de una fuerte devaluación en el futuro.

Las ventajas de evitar una moneda demasiado apreciada en términos reales

Es peligroso que la contención de la inflación dependa de la apreciación real del Peso lograda por restricciones cambiarias y altas tasas reales de interés.

Las altas tasas reales de interés que inducen carry trade (entradas de capitales a muy corto plazo que persiguen obtener fuertes ganancias especulativas) son fuente de inestabilidad cambiaria futura y demoran la reactivación sostenible de la economía. La apreciación real del Peso que se consigue con restricciones cambiarias y altas tasas reales de interés dificulta además la implementación de las reformas laboral y de la apertura de la economía.

Además, las altas tasas reales de interés en pesos aumentan el costo financiero de la deuda del Tesoro y quitan espacio fiscal para atender inversiones en infraestructura que son necesarias no sólo para apuntalar la reactivación sino para ayudar a mejorar la competitividad de la producción de bienes y servicios.

Es fundamental que se avance pronto con la reforma cambiaria y financiera

La experiencia del manejo económico durante el gobierno de Mauricio Macri dejó como lección, ahora entendida por todos los economistas y buena parte de la dirigencia política, que es fundamental poner un fuerte ajuste fiscal al frente del plan de estabilización.

Pero hay otra lección, que se relaciona con la política monetaria que no debe dejar de tenerse en cuenta: acumular reservas en el Banco Central facilitando la entrada de capitales de corto plazo, mediante manejo de la tasa de interés para mantener bajo el tipo de cambio nominal, alimenta una crisis cambiaria futura.

Recuerdo que Federico Sturzenegger me reclamó que yo sostuviera que el carry trade a lo largo de 2016 y 2017 hasta mayo de 2018, se debió a que el manejo de la tasa de interés, supuestamente destinado a estabilizar mediante “inflation targeting”, llevó a una apreciación real del Peso que se revirtió bruscamente a partir de mayo de 2018, cuando la decisión de quienes habían operado en carry trade decidieron salir todos juntos. Federico Sturzenegger en parte tenía razón porque sólo 10 mil millones de dólares de esa acumulación artificial de reservas se originaba en la colocación de LEBACs por parte del Banco Central. La otra mitad tenía su origen en el financiamiento del déficit fiscal con endeudamiento externo conseguido por la Secretaría de Finanzas conducida por Luis Caputo.

Pero la realidad era que esas dos fuentes de acumulación de reservas iban a desaparecer por cambios en las condiciones externas e incertidumbre política interna, por lo que la reversión del carry trade y el cierre de los mercados externos para la deuda, provocaron una sucesión de devaluaciones que desmoronaron la popularidad del gobierno.

En la coyuntura actual de la economía argentina, el peligro del cierre de los mercados de deuda en el exterior es bajo, porque gracias a la muy prudente política fiscal, los mercados externos que estuvieron cerrados para la deuda pública en los últimos ocho años, en lugar de cerrarse se están tendiendo a abrir. Esto se manifiesta a través de la disminución del riesgo país. Pero el riesgo de reversión del carry trade que provoca apreciación excesiva del Peso es alto en la medida que se acumulan evidencias de atraso cambiario tales como un ritmo de crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones, creciente demanda de dólares para turismo en el exterior y atesoramiento de dólares de las personas. Además, está siempre presente el riesgo de mayor incertidumbre política y de conflictos armados en el exterior que pueden repercutir negativamente sobre las economías emergentes.

La forma de evitar la acumulación de reservas financiadas por carry trade es simple: el sector público, tanto el Estado Nacional como las provincias, tendrán prohibido endeudarse en pesos a tasa fija. Sólo podrán hacerlo en pesos ajustables por inflación o por tipo de cambio y por plazos mayores a seis meses.

El sector privado, incluidos los bancos, podrá endeudarse en pesos con cualquier modalidad, incluido, por supuesto, depósitos y préstamos a tasa fija, ajustables por tasa y ajustables por inflación y por tipo de cambio.

El principal resultado de estas reglas relacionadas con el endeudamiento público y privado será que la tasa de depósitos que los bancos ofrecerán a sus clientes dependerá de la tasa que estén dispuestos a pagar los demandantes de crédito a tasa fija que los bancos consideren merecedores de crédito.

Se debe declarar al dólar moneda de curso legal, igual que el Peso y se deben eliminar todas las restricciones para compra y venta de dólares de manera que el mercado cambiario sea totalmente libre. Habrá, por consiguiente, un solo tipo de cambio y las empresas y personas que decidan operar en dólares no incurrirán en ningún costo de transacción, fuera de los spreads normales entre tipo comprador y tipo vendedor y si se trata de una operación mayorista o minorista. El Banco Central sólo intervendrá comprando dólares para aumentar sus reservas según un plan que deberá ser preanunciado.

El Banco Central fijará el encaje legal sobre los depósitos en pesos, diferenciando los depósitos a la vista, que tendrán encajes altos, de todos los demás depósitos que tendrán un encaje mucho más bajo. Los bancos no tendrán limitaciones para prestar, comprar y vender bonos de los que existen en el mercado y de los que emitan la Nación, las provincias y las empresas del sector privado. También podrán prestar cualquier servicio de asistencia financiera al sector privado que este pueda demandar.

Las mismas reglas se aplicarán a los depósitos en dólares en el sistema bancario con la sola diferencia de que, al menos inicialmente, los encajes legales serán más altos y se constituirán en efectivo o en depósitos líquidos en el exterior, no en el Banco Central, para evitar que se confundan con las reservas propias del Banco Central.

La misma norma legal que organice el sistema cambiario y financiero deberá disponer la eliminación del impuesto a las transacciones financieras y prohibir a las provincias y municipios aplicar impuestos a los ingresos brutos, sellos o de cualquier otra denominación que afecte el spread entre tasas de interés activas y pasivas. También deberá disponer la derogación de la ley penal cambiaria y la obligación de ingresar las divisas de exportación en plazos predeterminados.

El manejo tipo “inflation targeting” a la peruana o la dolarización completa de la economía con desaparición completa del Banco Central, como la proponía el Presidente Milei en la campaña electoral, sólo será posible una vez que el Banco Central haya acumulado reservas propias en un porcentaje del PBI parecido al que representa la base monetaria.

El efecto que tendrá esta reforma financiera y cambiaria sobre la competitividad de la economía será mucho más rápido y efectivo que el que pueda derivarse de una reforma laboral discutida y aprobada en un contexto de recesión en vastos sectores del mercado interno. Por esa razón en mi informe anterior al hablar de la secuencia de las reformas insistí que esta reforma financiera y cambiaria debería preceder a las demás reformas estructurales, incluidas la laboral y la apertura de la economía.


[1] Hace bien el gobierno en no aceptar ofertas de bonos externos a tasas de interés cercanas al 9% anual a 10 años. Se debe esperar que dicha tasa no exceda el 7% porque ésta es la tasa potencial de crecimiento de Argentina cuando el país esté en pleno proceso de crecimiento sostenido (5% de crecimiento real más 2% de inflación internacional)

Altas tasas reales de interés y sobrevaluación del peso neutralizan los beneficios de la desregulación y la apertura económica

Luego del inédito apoyo de Trump y Bessent a la gestión del presidente Milei y su equipo económico y del triunfo de la Libertad Avanza en las elecciones del 26 de octubre se produjo una fuerte caída tanto de la tasa esperada de devaluación del peso como de la tasa de riesgo país.

Ambos fenómenos ayudaron mucho a calmar el estado de ansiedad y extrema preocupación que reinó en los mercados financieros en los meses de septiembre y octubre. Sin embargo, no sólo continuaron sino incluso se acentuaron las preocupaciones en los segmentos de la población cuyas actividades empresariales y laborales dependen del mercado interno.

Para que los mercados libres de bienes y servicios y la apertura de la economía conduzcan a niveles crecientes de bienestar de los ciudadanos es necesario que la inflación sea lo más baja posible pero que al mismo tiempo dos precios relativos clave, la tasa real de interés y el tipo de cambio real, resulten del equilibrio del ahorro y la inversión movidos por las expectativas de ahorristas e inversores y no de intervenciones erráticas del gobierno.

Salvo el Presupuesto 2026, las reformas estructurales sobre las que se tratará de conseguir consenso en el Congreso Nacional durante los próximos cuatro meses: reforma laboral y reforma impositiva, son ingredientes importantes para apuntalar un proceso sostenido de crecimiento económico, como lo es el ya aprobado régimen de incentivos para grandes inversiones (RIGI), pero no influirán significativamente sobre el nivel de actividad económica y la tasa de inflación en el corto plazo.

Para monitorear el curso de la reactivación económica y la tasa mensual de inflación durante los dos años que quedan del primer mandato del presidente Milei, es más relevante entender de qué manera el gobierno piensa eliminar o atenuar la represión financiera y cambiaria que ha dado lugar a tasas reales de interés demasiado elevadas y a un tipo de cambio muy alejado de las predicciones oficiales.

Hasta ahora, las declaraciones oficiales han sido muy confusas. Cabe esperar que las discusiones con el FMI para la revisión del programa que comenzarán en los próximos días, ayuden a clarificar el curso futuro de la política monetaria, cambiaria y financiera, es decir, ayuden a definir las reglas del juego que aplicará el gobierno en esta materia crucial para la consolidación de la estabilidad macroeconómica y la reactivación de la economía.

Sería muy bueno que decisiones sobre el carácter del peso y del dólar como monedas que requieren decisiones legislativas (por ejemplo, la convertibilidad del peso y el curso legal para el dólar) se sancionen en forma simultánea con el presupuesto para 2026, porque de esa forma quedaría definido un plan de estabilización con chances de éxito pleno antes de la elección de 2027.

El daño que causan las altas tasas reales (y nominales) de interés

Ya hay indicios claros de que las altas tasas reales de interés del tercer trimestre del año causaron un daño importante a deudores bancarios y a entidades financieras. Esto se refleja en el aumento de los impagos tanto de familias como de empresas y en el quebranto registrado por los bancos en sus balances.

Pero es menos conocido el efecto de las altas tasas de interés reales y nominales sobre la tasa de inflación, no sólo porque encarece los costos de producción en la medida que los productores tienen que financiar su capital de trabajo con endeudamiento bancario, sino porque a través del financiamiento en pesos a tasa fijas por períodos de varios meses se genera inercia inflacionaria, dado que obliga a los productores a ofrecer sus productos a precios que suban a un ritmo no lejano al de la tasa de interés so pena de incurrir en quebrantos que los pueden sacar del mercado.

Lo que acabo de describir, es válido tanto para las tasas reales de interés en pesos como para las en dólares, que, además, en un sistema de libre movimiento de capitales, están estrechamente relacionadas.

Como las tasas de interés en dólares vienen determinadas por el denominado riesgo país. La única forma sostenible de bajar las tasas reales de interés en pesos es también logrando que baje la tasa de riesgo país.

El daño que causa un peso inconvertible sobrevaluado

Que el peso inconvertible esté sobrevaluado significa que el tipo de cambio real no es de equilibrio. Para que el peso se sobrevalue es necesario que se restrinja el movimiento de capitales (cepo para las personas jurídicas) o se impongan y mantengan altas tasas reales de interés. O ambas cosas a la vez, como está ocurriendo ahora.

Además del efecto negativo de las altas tasas reales de interés que se necesitan para mantener el tipo de cambio nominal en los niveles deseados por la autoridad monetaria, la sobrevaluación real del peso crea varios inconvenientes adicionales. Por un lado, alienta el gasto en turismo en el exterior y las importaciones de bienes de consumo que a un tipo de cambio de equilibrio podrían abastecerse con producción nacional. Por otro lado, las restricciones al movimiento de capitales que aún existen en forma de cepo para las personas jurídicas plantean la duda de cuál será el efecto sobre el tipo de cambio cuando dicho cepo se elimine.

La importancia de que el Banco Central acumule reservas propias

La mayor parte de los economistas profesionales que siguen los acontecimientos macroeconómicos y los economistas del staff del FMI insisten en que el gobierno debería anunciar un programa de compra de reservas y llevarlo a cabo rigurosamente para acentuar la reducción del riesgo país y remover expectativas de futuros saltos devaluatorios.

Las declaraciones de los miembros del equipo económico son al menos confusas sino contradictorias. Aparentemente hay dos razones por las que prefieren decir que no tienen apuro par acumular reservas: una es para evitar que esa compra de reservas por parte del Banco Central empuje hacia arriba el tipo de cambio; otra para evitar que la emisión de pesos necesaria para pagar por las reservas facilite el traslado a precios del aumento del tipo de cambio y aumente la tasa de inflación.

Yo soy uno de los que sostiene que conviene comenzar pronto a acumular reservas. En mi opinión debería disponerse simultáneamente la eliminación completa del cepo y la compra de reservas, acompañada de una decisión legislativa que prohíba hacia el futuro la introducción de restricciones al movimiento de capitales y permita el uso del dólar como moneda para todas las funciones que cumple el peso, especialmente para la intermediación financiera.

Esto significaría poner en funcionamiento un sistema bimonetario como el que funciona en Perú, en Uruguay y en Paraguay. El tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio y las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares bajarían como consecuencia de una fuerte reducción del riesgo país.

Seguir este curso de acción, con apoyo del FMI y del Tesoro de los Estados Unidos, sería un reaseguro de que antes de la elección de 2027 se habrá consolidado una reducción significativa de la tasa de inflación sin que haya otra crisis como la que se desató entre julio y agosto pasados. Con una trayectoria semejante, la economía se reactivará rápidamente y se facilitará la búsqueda de consenso para las reformas estructurales necesarias para asegurar el crecimiento sostenido de la economía.

Paraguay ante la mirada de Domingo Cavallo

Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».

Por José Zalazar

En un contexto regional atravesado por tensiones fiscales, ajustes estructurales y redefiniciones del rol del Estado, la voz de Domingo Cavallo, exministro de Economía de la Argentina, vuelve a ofrecer una perspectiva que trasciende las fronteras de su país. Sus reflexiones, lejos de limitarse al escenario argentino, proyectan enseñanzas valiosas para Paraguay, una economía que, en palabras del propio economista, «ha logrado destacarse en las últimas dos décadas por su estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido y disciplina fiscal».

Paraguay

Durante la entrevista concedida por el exministro argentino en el marco de su conferencia organizada por el Instituto Federalismo y Libertad, que reunió a diversos sectores de la sociedad en el salón «Gran Chaco» de la CAF en Asunción, Cavallo no solo abordó el presente económico de su país, sino que situó sus análisis en un marco más amplio: la formación económica, la importancia de la historia y la necesidad de comprender los sistemas de organización productiva para interpretar la realidad. Desde ese enfoque, Paraguay aparece como un caso virtuoso en la región.

La economía como disciplina viva

Para Cavallo, el estudio de la economía no puede reducirse exclusivamente a modelos abstractos o fórmulas matemáticas. Se trata de una ciencia social profundamente ligada a la experiencia histórica y a los procesos institucionales. Al ser consultado sobre cuál sería el mejor libro de economía, respondió con honestidad y sin dogmatismo: «Hay muchísimos libros buenos de economía; depende a qué nivel uno quiera entrar».

Sin embargo, su recomendación para quienes se inician en esta disciplina es clara: «Yo siempre recomiendo para los que recién comienzan leer algún libro de principios de economía». En ese sentido, rescató la influencia que tuvo en su formación el economista francés Raymond Barre, a quien considera fundamental en su pensamiento: «Descubrí un libro de alguien que después fue primer ministro de Francia, Raymond Barre, que me pareció muy bueno porque no solo explicaba cómo funcionaba la economía, sino que empezaba con un tema de organización económica».

Este énfasis en la organización económica no es menor. Para Cavallo, comprender qué sistema económico existe o podría existir es el punto de partida para cualquier análisis serio. Por ello insiste en que teoría e historia deben ir de la mano: «La economía que es relevante es la que permite explicar cosas de la realidad».

Ese enfoque le permitió incluso escribir, junto a su hija, una obra dedicada a los procesos económicos de su país: Historia Económica de Argentina, «que son como ejercicios de economía aplicados a distintos periodos en los que existieron problemas y se trataron de resolver». Desde allí subraya una convicción clave: «Hay que estudiar también la historia económica junto con la teoría económica».

Paraguay: un modelo de estabilidad y crecimiento

Si en Argentina el diagnóstico se centra en la corrección de desequilibrios estructurales, en Paraguay el análisis adquiere un tono marcadamente positivo. Cavallo no oculta su admiración por el desempeño económico paraguayo en las últimas décadas: «Muy bien. Paraguay aumentó el Producto Bruto per cápita, o el Producto Bruto total, desde el año 2000 hasta ahora; se multiplicó por ocho. Eso es impresionante».

Esta afirmación sitúa a Paraguay entre las economías más dinámicas de América Latina en términos de crecimiento acumulado. Más allá de los números, el exministro identifica las claves de este desempeño: estabilidad macroeconómica, reglas claras y un entorno favorable para el sector privado.

En ese sentido, recalca una diferencia sustancial con su país: «Mantener la estabilidad macroeconómica, que es algo que, por ejemplo, Argentina no fue capaz de mantener». Paraguay, en cambio, ha sostenido políticas consistentes que fortalecieron la confianza interna y externa, favoreciendo la inversión y la expansión productiva.

Impuestos bajos y eficiencia tributaria

Uno de los pilares que Cavallo destaca con mayor énfasis es el régimen tributario paraguayo. Para él, la baja presión fiscal no solo beneficia a las empresas, sino que genera un entorno propicio para la innovación y la productividad: «El que los impuestos sean bajos facilita la operación del sector privado, el aumento de la productividad, la innovación. Así que eso es muy importante».

No obstante, aclara que la baja carga impositiva debe ir acompañada de una administración eficiente y combate a la evasión: «Por supuesto, hay que organizar bien la administración tributaria para que no haya evasión y que todos paguen esos impuestos bajos y no haya informalidad».

Esta combinación de impuestos moderados, cumplimiento generalizado y formalización económica constituye, a su juicio, una de las fórmulas más efectivas para sostener el crecimiento de largo plazo.

Perseverar como estrategia de desarrollo

Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».

Perseverar en la estabilidad, en la apertura al sector privado, en la disciplina macroeconómica y en la calidad institucional. En un entorno latinoamericano frecuentemente marcado por ciclos de expansión y crisis, Paraguay aparece como una excepción virtuosa que debe cuidar sus fundamentos.

En suma, las palabras de Domingo Cavallo trazan un contraste elocuente entre dos realidades vecinas: una Argentina que busca reordenarse tras décadas de desajustes y un Paraguay que ha logrado consolidar un sendero de crecimiento sostenido. Este contraste no solo sirve para analizar políticas públicas, sino también para comprender qué decisiones económicas generan prosperidad y cuáles conducen al estancamiento.

Desde su experiencia como académico y gestor público, Cavallo ofrece una visión que interpela a los responsables de la política económica paraguaya: la estabilidad no es un punto de llegada, sino una construcción permanente. La disciplina fiscal, los impuestos bajos, la eficiencia institucional y el fortalecimiento del sector privado son, según su mirada, las verdaderas llaves del desarrollo.

Argentina: reorganización tras décadas de desorden

Al ser consultado sobre la situación actual de la economía argentina, Cavallo fue directo y contundente. A su juicio, el país atraviesa un proceso de reconstrucción institucional luego de un prolongado período de deterioro: «Está siendo reorganizada después de un periodo de 25 años de una desorganización extrema de la economía».

En ese proceso, reconoce el énfasis del gobierno de Javier Milei en la disciplina fiscal como un paso necesario: «Milei está poniendo mucho énfasis en el ajuste fiscal, lo cual está muy bien». No obstante, advierte que no basta con controlar el déficit público, sino que deben abordarse de manera integral otras dimensiones estructurales: «También tienen que mirar otros aspectos, como por ejemplo la organización monetaria, cambiaria, financiera».

Para el exministro, el éxito de las reformas dependerá de su legitimidad social y política. Por ello pone el acento en la necesidad de acuerdos: «Es fundamental que consiga, a través del diálogo, un consenso para las reformas más de fondo». Aun así, reconoce que la dirección adoptada es la correcta: «Las intenciones y la orientación de Milei, sin duda, son las que se necesitaban»

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