Acumular reservas sigue siendo la clave del éxito estabilizador. Ayudaría mucho la completa liberalización del movimiento de capitales.

No caben dudas que el gobierno nacional está firmemente empeñado en controlar el gasto público y que seguirá bregando para que los gobiernos provinciales lo acompañen. Es probable que no haya mucho más espacio para reducciones mayores a las ya logradas, pero queda mucho por lograr en materia de hacer más eficientes y equitativos los manejos presupuestarios de la Nación, las provincias y los municipios, tanto por el lado del gasto como de los ingresos. Pero esta es una labor de gestión que continuará en el tiempo al ritmo que lo permitan las cambiantes circunstancias políticas.

No se visualiza en el frente fiscal que en lo que resta de 2026 y 2027 pueda haber una fuerte contribución a la reducción adicional de la tasa de inflación.

Para que de aquí a las elecciones del año próximo la tasa de inflación tienda a bajar y que la demanda interna de bienes y servicios se reactive, del largo listado de temas que se discutieron recientemente entre el staff del FMI y el equipo económico se destacan dos que, a mi criterio, son claves.

En primer lugar, es fundamental que se acentúe la acumulación de reservas tal como viene insistiendo el FMI desde el año pasado. Yo vengo dando ese consejo desde el inicio del gobierno de Javier Milei[1]

En segundo lugar, se necesita que se produzca una rápida expansión del crédito bancario en dólares a partir del atesoramiento en esa moneda que viene habilitando la eliminación gradual del cepo cambiario. El equipo económico, más que el staff del FMI, aboga por esta vía para proveer a familias y empresas del acceso a financiamiento para inversiones en equipamiento y capital de trabajo.

La expansión del crédito en pesos será la resultante de cómo se articulen el control de la base monetaria, la tasa de interés de intervención del Banco Central y la expectativa de ahorristas e inversores sobre el curso del tipo de cambio nominal en los varios tramos del segmentado mercado cambiario.

La eliminación completa del cepo cambiario, es decir la remoción de todo tipo de restricciones al movimiento de capitales, ayudaría mucho a despejar del horizonte el riesgo de salto cambiario.

Sobre la acumulación de reservas el staff del FMI tiene razón.

Comenzar a acumular reservas ha sido la mejor decisión de política macroeconómica que el gobierno ha adoptado desde el mes de abril y es muy auspicioso que en la negociación con el FMI para lograr el último desembolso, el equipo económico haya advertido la importancia, no solo de continuar haciéndolo, sino de darle mayor magnitud.

En mi opinión, la acumulación de reservas, mucho más que cualquier otra acción macroeconómica, explica que haya comenzado a bajar el índice de riesgo país con el consiguiente efecto positivo sobre el costo del financiamiento externo para el sector privado y, eventualmente, para el propio sector público.

El equipo económico tenía dudas sobre la relación causal entre acumulación de reservas y riesgo país. Así lo manifestó en sus discusiones con el Fondo: Las autoridades explicaron que el ritmo de acumulación de reservas dependerá en gran medida de la evolución de las perspectivas de financiamiento externo y advirtieron contra el establecimiento de una relación causal entre el nivel de reservas y el riesgo soberano, dado que ambas variables están determinadas por factores comunes.”[2] Pero los acontecimientos de los últimos treinta días, muy probablemente, lo convencerá que no debe dudarse de que la forma más segura de que siga cayendo el riesgo país es, precisamente, la rápida acumulación de reservas, potenciada, por otro lado, por la fuerte liquidación de divisas originadas en el superávit comercial.

Contrapunto entre el staff del FMI y el equipo económico en relación a los préstamos bancarios en dólares.

Así como la aceptación por parte del equipo económico de la opinión del FMI sobre la importancia de acumular reservas es una muy buena noticia, también lo es la contestación del equipo económico a la advertencia precautoria del FMI contra la extensión de crédito bancario en dólares a prestatarios que no puedan calzarlos con ingresos en la misma moneda. Los negociadores argentinos enfatizan que, dado el carácter bi monetario de nuestra economía, es conveniente permitir que crecientemente los depósitos en dólares en el sistema bancario se utilicen para expandir el crédito en dólares a todo tipo de prestatarios solventes, como lo hacen los bancos de Perú y Uruguay.[3]

Que los bancos puedan recibir depósitos en dólares evita que las personas y empresas que prefieren mantener sus ahorros líquidos en dólares en lugar de pesos, deban necesariamente mantenerlos en dólares billetes o depositarlos en cuentas del exterior. Justamente, un fenómeno positivo que se observó en los últimos meses fue que el atesoramiento de dólares de las personas humanas, que ya no están afectadas por el cepo, se ha canalizado en una gran proporción a depósitos en dólares en el sistema bancario.

Si los bancos enfrentan fuertes limitaciones para prestar los depósitos en dólares que reciben de sus clientes, queda severamente limitada la canalización de esos ahorros hacia el financiamiento de capital de trabajo de las empresas o de inversiones de empresas y familias. El gráfico 1 muestra que esto es lo que lamentablemente viene ocurriendo desde el abandono de la convertibilidad.

Pero para revertir esta tendencia imitando la experiencia de Perú y Uruguay, es necesario que, en el régimen bi monetario, el dólar pueda cumplir las mismas funciones que el peso. Eso recién ocurrirá cuando se eliminen todas las restricciones al movimiento de capitales, es decir, cuando desaparezca el cepo cambiario en forma completa. Sin cepo cambiario y con un adecuado nivel de reservas, ya no existirá la expectativa de saltos cambiarios capaces de poner en riesgo la estabilidad del sistema financiero por insolvencia de los deudores en dólares sin cobertura cambiaria.


[1] Ver Informe del 20 de diciembre de 2023 ¨ El gobierno podrá lanzar un plan de estabilidad cuando haya logrado eliminar todo vestigio de cepo cambiario¨ e Informe del 4 de enero de 2024 ¨¨¨¨¨ La inflación bajará a costa de una fuerte apreciación real del tipo de cambio comercial¨ Es paradójico, pero a este consejo parece referirse el ministro Luis Toto Caputo cuando me atacó disgustado sobre mi comentario en el que dije, sin intención de ofender, que él razona más como operador de mercado que como economista.

[2] “Argentina 2026 A4 SR” Argentina staff report for the 2026 article iv consultation, second review under the extended arrangement under the extended fund facility, requests for a waiver of nonobservance of a performance criterion, modification of performance criteria, and financing assurances review. Página 26


[3] Este contrapunto aparece claramente en la página 23 del documento “Argentina 2026 A4 SR”.  El staff del FMI propone que: “las políticas macroprudenciales procuren limitar los riesgos financieros, incluyendo el mantenimiento de límites prudentes al otorgamiento de préstamos en moneda extranjera a prestatarios sin cobertura cambiaria, así como una mayor divulgación de los descalces de moneda y de los pasivos contingentes (MEFP ¶22)”. Sobre este punto el equipo económico observa: “A medida que el proceso de estabilización se consolide y las reservas internacionales se recuperen, las autoridades consideran que podría analizarse una relajación gradual de las regulaciones prudenciales que restringen el otorgamiento de préstamos en moneda extranjera, tomando como referencia la experiencia de economías altamente dolarizadas como Perú y Uruguay.”

Enseñar, inspirar y transformar: un premio merecido

Ayer, en la Harvard Business School, Sonia y yo tuvimos la enorme emoción de ver a nuestro hijo, Alberto Cavallo, recibir un reconocimiento como mejor profesor.

Más allá del prestigio del premio, lo que más me enorgullece es ver cómo su dedicación, su capacidad intelectual y su compromiso con los alumnos son valorados por la comunidad académica.

Escuchar las palabras de reconocimiento hacia su forma de enseñar, su apertura intelectual y el impacto que tiene sobre sus estudiantes fue profundamente conmovedor para mí como padre.

Felicitaciones, Alberto. Este premio refleja años de esfuerzo, pasión por la enseñanza y excelencia académica.

Osvaldo Giordano presenta el análisis mas objetivo que he escuchado sobre la situación económica actual

Vale la pena escuchar el video de su entrevista reciente con Maxi Montenegro, Esta, junto con el último artículo de Jorge Vasconcellos en la revista Novedades de la Fundación Mediterránea, son las mejores opiniones que he escuchado sobre la situación económica actual.

¿Que le molestó a Milei de esta entrevista?

Yo creo que no la vió!

Si es por el comentario que yo hice sobre como interviene en el mercado Luis Caputo, me limité a repetir lo que el mismo Milei había dicho. Simplemente lo contrasté con la forma que Sturzenegger tiene de elaborar sus propuestas en materia de desregulación (que es lo que en general hacen los economistas profesionales cuando tienen que decidir políticas económicas) y el modo «trader» del Minisro de Economía. Fue una forma de insistir en mi propuesta de definir reglas de juego para el manejo monetario, cambiario y financiero. Es decir poner en marcha una reforma monetaria que permita a todos los agentes económicos entender cómo se adoptan las decisiones en materia de políticas macroeconómicas. Tan simple como eso. Algo que de mis conversaciones con Milei en el pasado, yo siempre creí que él compartía.

Subo el video completo de la entrevista. Ojalá el presidente tenga la paciencia de mirarla. Pienso que le resultará útil.

La remoción total de los controles de cambio alentaría la inversión eficiente y aumentaría la productividad de la economía

Cuando la necesidad de seguir bajando la inflación impide que se utilicen las cuentas fiscales y la emisión monetaria como herramientas para estimular la demanda de consumo y de inversión, sólo se puede reactivar la economía estimulando la producción de bienes y servicios, es decir, trabajando por el lado de la oferta. Esto significa que, para volver a crecer de manera sostenida, hay que lograr que aumenten la inversión eficiente y la productividad.

Como han señalado el presidente Milei y el ministro Sturzenegger, la apertura al comercio internacional, la desregulación y la eliminación de impuestos distorsivos son claves para impulsar la inversión eficiente y la productividad. Sin embargo, en el corto plazo, las políticas fiscal y monetaria mantienen restringida la demanda interna de consumo e inversión, aun cuando sectores como la minería, los hidrocarburos, la pesca y el agro muestran un fuerte dinamismo.

Dentro de este marco conceptual, que comparto plenamente, sostengo que la eliminación completa de los controles de cambio y el libre movimiento de capitales es, probablemente, la política de liberalización y desregulación económica con mayor potencial, porque, al impulsar la caída del riesgo país, ayudaría a reactivar la economía en el corto plazo e impulsar el crecimiento genuino.

Además, la liberalización cambiaria potenciaría los beneficios de las reformas estructurales impulsadas por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, al facilitar la reasignación de recursos desde los sectores declinantes hacia los sectores con potencial de expansión.

El riesgo de empantanamiento de la política de desinflación

La experiencia de los planes monetaristas de estabilización muestra que el equilibrio fiscal, por sí solo, no garantiza que la tasa anual de inflación baje rápidamente a un dígito. Cuando esos planes no incluyen reformas monetarias que actúen como mecanismos eficaces de desindexación, suelen empantanarse o, al menos, ralentizarse. Así lo sugieren las experiencias de Chile e Israel en la década de los 90, Colombia y México en los años 2000, de Uruguay desde 2003 y de Perú desde 1992. Esto ha sido advertido al gobierno de Milei por muchos expertos en planes de estabilización. Más recientemente, por el prestigioso economista uruguayo Ernesto Talvi, quien asesora al equipo económico de Luis Caputo.

Los únicos planes de estabilización que produjeron un descenso muy rápido y sostenido de la tasa de inflación incluyeron reformas monetarias, tal como yo lo he venido explicando desde hace muchos años basado en la experiencia del plan de convertibilidad. También lo acaba de explicar Edmar Bacha con el ejemplo del Plan Real, en un excelente reportaje que le hizo Ezequiel Burgos. Y lo explicaron en muchas ocasiones Jamil Mahuad y sus colaboradores, a partir de la experiencia de la dolarización en el Ecuador. También fue explicado con elocuencia por Julio Velarde, el exitoso presidente del Banco Central del Perú, en las conferencias que recientemente pronunció en Buenos Aires y en las conversaciones que, me consta, mantuvo con Luis Caputo antes de que asumiera como ministro de Economía.

Resulta llamativo que hoy esa cuestión no ocupe un lugar central en las decisiones vinculadas al proceso de desinflación, pese a que Javier Milei subrayó con claridad la necesidad de una reforma monetaria durante su campaña presidencial. Si no se adoptan pronto medidas de reforma monetaria, es probable que el proceso de desinflación no converja rápidamente hacia tasas anuales de inflación de un dígito y, por el contrario, tienda a ralentizarse durante varios años. Es con esta interpretación de los problemas políticos y sociales que acompañan a la marcha económica actual que insisto en la importancia de eliminar por completo los controles de cambio y permitir el libre movimiento de capitales. Se trata de un paso indispensable para avanzar hacia la reforma monetaria “a la peruana” que vengo proponiendo desde hace mucho tiempo[1]. Además, en este momento es una de las pocas medidas reactivadoras que podría producir efectos inmediatos sin que se vuelvan a desajustar las cuentas fiscales.

Eliminar los controles de cambio y permitir el libre movimiento de capitales

Eliminar por completo los controles de cambio y permitir el libre movimiento de capitales implica suprimir el cepo cambiario que aún afecta a las personas jurídicas (empresas) y disponer que los exportadores de bienes y servicios, así como quienes obtienen financiamiento en dólares, no estén obligados a vender esas divisas al Banco Central[2].

Tampoco estarían obligados a vender al Banco Central quienes traigan capitales para inversiones financieras o para la creación de capacidad productiva en el sector real de la economía. En forma simétrica, el Banco Central no estará obligado a vender divisas a los importadores ni a quienes necesiten o deseen realizar pagos o enviar remesas al exterior. El mercado cambiario operaría de forma totalmente libre y fuera del ámbito del Banco Central, como lo hizo entre diciembre de 1989 y noviembre de 2001.

El Banco Central podría comprar o vender divisas para acumular o desacumular reservas, pero no estaría obligado a hacerlo. Sería una decisión de política monetaria. El Tesoro deberá comprar las divisas que necesite para sus pagos al exterior, ya sea por importaciones o por pagos de servicios reales o financieros. Estas compras serán un ingrediente de la política fiscal, nunca de la política monetaria. En ningún caso será el Banco Central quien le aporte estas divisas.

El tipo de cambio nominal, pesos por dólar, surgiría de la interacción libre entre vendedores y compradores de divisas, y el Banco Central podrá influir en el tipo de cambio nominal mediante sus compras y ventas, o a través de su influencia sobre las tasas de interés, que logrará mediante el manejo de los encajes bancarios y las operaciones de mercado abierto con bonos, en pesos y en dólares, respectivamente.

Este tipo de organización y operación del mercado cambiario permite desde una fijación rígida a una flotación totalmente limpia del tipo de cambio, con todas las situaciones intermedias imaginables: tipo de cambio fijo pero ajustable a saltos (como en el régimen de Bretton Woods), crawling peg activo (tablita cambiaria), crawling peg pasivo (indexado a un índice de precios) o la denominada flotación sucia (con compra o venta discrecional de divisas por parte del Banco Central).

Beneficios derivados de la eliminación de los controles de cambio y permitir el libre movimiento de capitales

El principal beneficio lo obtendrán los productores de bienes exportables y los prestadores de servicios porque podrán ver retribuidos sus esfuerzos productivos con el precio pleno que consigan por sus ventas en el exterior. Actualmente, el exportador, incluido el de servicios, tiene que vender sus divisas al precio del mercado oficial, manejado por el Banco Central (eufemísticamente denominado MULC, Mercado Único y Libre de Cambios, que no es único ni libre). Si luego desea transferir dividendos al exterior, no lo puede hacer, o debe utilizar el mecanismo del contado con liquidación, incluso con restricciones temporarias al acceso al MULC para el pago de importaciones. Además, cualquier operación a través del contado con liquidación lo obliga a incurrir en costos transaccionales superiores al 2%, además de la diferencia en la cotización con la del mercado oficial.

Otro gran beneficio es que, con el libre movimiento de capitales, se desmoronaría el riesgo país, lo que significaría que tanto el Tesoro como el sector privado podrían acceder al mercado internacional de capitales a tasas de interés moderadas. También significaría que las tasas activas de interés en pesos tendrían un techo, derivado de la competencia con el financiamiento externo, de la misma forma que la libre importación le pone techo a los precios internos de los bienes de producción local con los que compiten las importaciones.

La ausencia de controles de cambio y el libre movimiento de capitales permitirían que el tipo de cambio se ubique en un nivel desde el cual se minimicen las expectativas de saltos devaluatorios futuros, derivados de la eliminación de restricciones a la compra de divisas.

En un momento de fuerte superávit comercial como el actual, se reduce considerablemente el riesgo de que la eliminación de los controles y la liberalización del movimiento de capitales provoquen un salto devaluatorio pronunciado. Pero si continúan los controles y el encerramiento de los capitales, y el superávit comercial se reduce o desaparece, el cambio hacia la libertad cambiaria puede resultar traumático. Si ocurriera esto, la economía quedaría condenada a funcionar con restricciones que afectarían el nivel de sus inversiones eficientes y la productividad de sus sectores productores de bienes y servicios reales. Por esta razón, en mi informe anterior sostuve que “la fuerte liquidación actual de divisas de exportación provenientes del agro y del petróleo brinda una excelente oportunidad para eliminar todos los controles de cambio y aumentar rápidamente la acumulación de reservas netas”.


[1] https://www.cavallo.com.ar/wp-content/uploads/file/Elcanomay03.pdf ver también el libro “Camino a la Estabilidad” de mi autoría, página 261, “La clave del éxito estabilizador será la reforma monetaria”.

[2] En la actualidad, esta operatoria del mercado cambiario se le promete por ley a quienes inviertan dentro del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, pero no está disponible para todo el resto de las empresas que invirtieron antes o que inviertan ahora sin entrar al RIGI.