La intolerancia hasta con las criticas constructivas de quienes tienen vocación de apoyar, genera daños autoinfligidos


En realidad estuve tentado a titular este post argumentando que esa intolerancia puede ser una virtud política en el sentido maquiavélico (que es lo que parecen creer algunos estrategas políticos del gobierno) pero ciertamente no una virtud en el sentido moral. No titulé así este post porque luego de reflexionar, concluí que la intolerancia a las críticas constructivas de quienes tienen vocación de apoyar no es virtuosa en ningún sentido, ni política ni moralmente.

Lo que ha ocurrido en las últimos días con las opiniones vertidas por Joaquin Cottani, me consta que con total buena fe y espíritu de crítica constructiva lo ejemplifica. Para quienes no hayan visto los videos completos de las dos intervenciones recientes de Cottani, la primera con Maxi Montenegro y la segunda con Nelson Castro, estoy subiendo a este blog, ambos videos.

Ustedes podrán juzgar si la crítica de Joaquin es destructiva o constructiva. En mi opinión no podría ser más constructiva porque advierte sobre un riesgo que puede poner en peligro el clima de estabilidad y reeditar un episodio como el que antes de la elección del año pasado, que de no haber sido por la oportuna intervención del gobierno de Trump, podría haber comprometido los resultados electorales favorables al gobierno.

De paso, aunque pueden estar ya cansados de ver videos sobre estos temas, aprovecho para hacerles llegar uno de 1991 en el que Menem y yo explicamos el curso del plan de convertibilidad. Sugiero verlo porque desmiente el tan repetido slogan de que asistimos a 100 años de intervencionismo proteccionista e irresponsabilidad fiscal y que nunca se intentaron las reformas que ahora pregora el gobierno. Milei lo tenía claro antes de ser elegido, no me parece conveniente como estrategia electoral que lo siga repitiendo, porque quienes conocen en detalle nuestra historia económica, saben que no es verdad.

Re-monetización por compra de reservas, la mejor opción para reactivar la economía

La baja del riesgo país conseguida con compra de reservas por parte del Banco Central es una muy buena señal y esta política, si se acompaña con reformas cambiarias y financieras, puede transformarse en la mejor opción para reactivar la economía.

El gobierno no debe entusiasmarse con la calma cambiaria conseguida a través de fuertes diferencias entre las tasas de interés en pesos y el ritmo de ajuste del tipo de cambio nominal (carry trade), porque esa calma esconde tras de sí un clima recesivo en muchos sectores de producción de bienes y servicios para el mercado interno.

Para que las reformas estructurales que persigue el gobierno puedan llevarse a la práctica, es muy importante que el 2026 sea un año de fuerte reactivación del mercado interno sin que tienda a aumentar sostenidamente la tasa de inflación, que a lo largo de 2025 osciló alrededor del 2% mensual.

En este post presento las ideas que, en mi opinión, pueden ayudar a conseguir esa reactivación.

Comprar reservas con emisión

En la actual coyuntura económica, comprar reservas con emisión es la política monetaria más apropiada. Ya no deben quedar dudas de que la acumulación de reservas libres en el Banco Central ayuda a que baje la tasa de riesgo país. En la medida que este fenómeno continúe, se irá aproximando el momento en el que Argentina recupere el acceso al mercado internacional de capitales a tasas de interés que no excedan su ritmo potencial de crecimiento[1].

No se debe confundir la compra de reservas para acumularlas en el Banco Central con la compra de divisas que necesitan hacer el Tesoro y las provincias para cumplir con el pago de intereses de la deuda externa. No incluyo referencia a compras para amortizar deuda, porque parto del supuesto de que conseguirán nueva deuda para atender los vencimientos de capital que se vayan sucediendo en el tiempo.

Para la compra de divisas por parte de los Tesoros Nacional y provinciales, se necesita que la nación y las provincias generen superávit fiscal primario suficiente. Si no lo logran, tendrán que financiar esta compra de divisas con endeudamiento, sin afectar las reservas del Banco Central. Es decir, la responsabilidad de conseguir las divisas para pagar los servicios de la deuda es claramente del Tesoro Nacional y de los Tesoros Provinciales. En otros términos, esta es una regla de política fiscal. Se trata de una suerte de reaseguro de la política de déficit cero, que habrá que mantener mientras no se consiga la estabilización completa de la economía.

Para que la única emisión monetaria sea la destinada a acumular reservas en el Banco Central, es necesario que los vencimientos de intereses y capital de la deuda en pesos también se financien con superávit fiscal primario o con nuevo endeudamiento, pero nunca con emisión monetaria del Banco Central. Si se sigue esta regla, la demanda de liquidez de la economía alimentará la acumulación de reservas del Banco Central, porque ésta será la única fuente de emisión monetaria.

Es peligroso que las tasas de interés en pesos se mantengan demasiado altas en términos reales

En principio, si baja la tasa de riesgo país, es decir el costo del endeudamiento en dólares, deberían bajar también las tasas de interés en pesos en términos reales. La única razón por la que esto no está ocurriendo es porque el mantenimiento del cepo cambiario a las empresas y a los intermediarios financieros sigue dejando como espada de Damocles en el mercado cambiario la decisión, que en algún momento deberá tomarse, de disponer la completa libertad de movimiento de capitales, algo que se da en todas las economías bien organizadas y estables del mundo.

En mi opinión, lo mejor que podría hacer el gobierno en este momento es seguir acumulando reservas sin inducir carry trade sino avanzando rápidamente hacia la eliminación completa del cepo con garantías de que no va a ser reintroducido bajo ninguna circunstancia. Esto requeriría declarar al dólar como moneda de curso legal, derogar la ley penal cambiaria y liberalizar la intermediación financiera para permitir la expansión del crédito bancario, tanto en pesos como en dólares, a tasas de interés que en términos reales no superen la tasa de crecimiento potencial de la economía.

¿Qué pasaría con el tipo de cambio nominal si se adoptaran estas decisiones?

El aumento que podría darse del tipo de cambio nominal para que el tipo de cambio real encuentre su nivel de equilibrio será mucho menor que el que se daría más adelante si la eliminación del cepo se posterga muchos meses y se va deteriorando el superávit comercial muy favorable de este momento.

Luego de este sinceramiento y contando con una baja acentuada del riesgo país, si se produce algún impacto sobre la tasa mensual de inflación será de escasa magnitud y muy transitoria. Por el contrario, con una economía que se irá reactivando por re monetización y más bajas tasas de interés reales, tanto en pesos como en dólares, será mucho más fácil lograr estabilidad cambiaria porque ya no existirá el riesgo de una fuerte devaluación en el futuro.

Las ventajas de evitar una moneda demasiado apreciada en términos reales

Es peligroso que la contención de la inflación dependa de la apreciación real del Peso lograda por restricciones cambiarias y altas tasas reales de interés.

Las altas tasas reales de interés que inducen carry trade (entradas de capitales a muy corto plazo que persiguen obtener fuertes ganancias especulativas) son fuente de inestabilidad cambiaria futura y demoran la reactivación sostenible de la economía. La apreciación real del Peso que se consigue con restricciones cambiarias y altas tasas reales de interés dificulta además la implementación de las reformas laboral y de la apertura de la economía.

Además, las altas tasas reales de interés en pesos aumentan el costo financiero de la deuda del Tesoro y quitan espacio fiscal para atender inversiones en infraestructura que son necesarias no sólo para apuntalar la reactivación sino para ayudar a mejorar la competitividad de la producción de bienes y servicios.

Es fundamental que se avance pronto con la reforma cambiaria y financiera

La experiencia del manejo económico durante el gobierno de Mauricio Macri dejó como lección, ahora entendida por todos los economistas y buena parte de la dirigencia política, que es fundamental poner un fuerte ajuste fiscal al frente del plan de estabilización.

Pero hay otra lección, que se relaciona con la política monetaria que no debe dejar de tenerse en cuenta: acumular reservas en el Banco Central facilitando la entrada de capitales de corto plazo, mediante manejo de la tasa de interés para mantener bajo el tipo de cambio nominal, alimenta una crisis cambiaria futura.

Recuerdo que Federico Sturzenegger me reclamó que yo sostuviera que el carry trade a lo largo de 2016 y 2017 hasta mayo de 2018, se debió a que el manejo de la tasa de interés, supuestamente destinado a estabilizar mediante “inflation targeting”, llevó a una apreciación real del Peso que se revirtió bruscamente a partir de mayo de 2018, cuando la decisión de quienes habían operado en carry trade decidieron salir todos juntos. Federico Sturzenegger en parte tenía razón porque sólo 10 mil millones de dólares de esa acumulación artificial de reservas se originaba en la colocación de LEBACs por parte del Banco Central. La otra mitad tenía su origen en el financiamiento del déficit fiscal con endeudamiento externo conseguido por la Secretaría de Finanzas conducida por Luis Caputo.

Pero la realidad era que esas dos fuentes de acumulación de reservas iban a desaparecer por cambios en las condiciones externas e incertidumbre política interna, por lo que la reversión del carry trade y el cierre de los mercados externos para la deuda, provocaron una sucesión de devaluaciones que desmoronaron la popularidad del gobierno.

En la coyuntura actual de la economía argentina, el peligro del cierre de los mercados de deuda en el exterior es bajo, porque gracias a la muy prudente política fiscal, los mercados externos que estuvieron cerrados para la deuda pública en los últimos ocho años, en lugar de cerrarse se están tendiendo a abrir. Esto se manifiesta a través de la disminución del riesgo país. Pero el riesgo de reversión del carry trade que provoca apreciación excesiva del Peso es alto en la medida que se acumulan evidencias de atraso cambiario tales como un ritmo de crecimiento de las importaciones superior al de las exportaciones, creciente demanda de dólares para turismo en el exterior y atesoramiento de dólares de las personas. Además, está siempre presente el riesgo de mayor incertidumbre política y de conflictos armados en el exterior que pueden repercutir negativamente sobre las economías emergentes.

La forma de evitar la acumulación de reservas financiadas por carry trade es simple: el sector público, tanto el Estado Nacional como las provincias, tendrán prohibido endeudarse en pesos a tasa fija. Sólo podrán hacerlo en pesos ajustables por inflación o por tipo de cambio y por plazos mayores a seis meses.

El sector privado, incluidos los bancos, podrá endeudarse en pesos con cualquier modalidad, incluido, por supuesto, depósitos y préstamos a tasa fija, ajustables por tasa y ajustables por inflación y por tipo de cambio.

El principal resultado de estas reglas relacionadas con el endeudamiento público y privado será que la tasa de depósitos que los bancos ofrecerán a sus clientes dependerá de la tasa que estén dispuestos a pagar los demandantes de crédito a tasa fija que los bancos consideren merecedores de crédito.

Se debe declarar al dólar moneda de curso legal, igual que el Peso y se deben eliminar todas las restricciones para compra y venta de dólares de manera que el mercado cambiario sea totalmente libre. Habrá, por consiguiente, un solo tipo de cambio y las empresas y personas que decidan operar en dólares no incurrirán en ningún costo de transacción, fuera de los spreads normales entre tipo comprador y tipo vendedor y si se trata de una operación mayorista o minorista. El Banco Central sólo intervendrá comprando dólares para aumentar sus reservas según un plan que deberá ser preanunciado.

El Banco Central fijará el encaje legal sobre los depósitos en pesos, diferenciando los depósitos a la vista, que tendrán encajes altos, de todos los demás depósitos que tendrán un encaje mucho más bajo. Los bancos no tendrán limitaciones para prestar, comprar y vender bonos de los que existen en el mercado y de los que emitan la Nación, las provincias y las empresas del sector privado. También podrán prestar cualquier servicio de asistencia financiera al sector privado que este pueda demandar.

Las mismas reglas se aplicarán a los depósitos en dólares en el sistema bancario con la sola diferencia de que, al menos inicialmente, los encajes legales serán más altos y se constituirán en efectivo o en depósitos líquidos en el exterior, no en el Banco Central, para evitar que se confundan con las reservas propias del Banco Central.

La misma norma legal que organice el sistema cambiario y financiero deberá disponer la eliminación del impuesto a las transacciones financieras y prohibir a las provincias y municipios aplicar impuestos a los ingresos brutos, sellos o de cualquier otra denominación que afecte el spread entre tasas de interés activas y pasivas. También deberá disponer la derogación de la ley penal cambiaria y la obligación de ingresar las divisas de exportación en plazos predeterminados.

El manejo tipo “inflation targeting” a la peruana o la dolarización completa de la economía con desaparición completa del Banco Central, como la proponía el Presidente Milei en la campaña electoral, sólo será posible una vez que el Banco Central haya acumulado reservas propias en un porcentaje del PBI parecido al que representa la base monetaria.

El efecto que tendrá esta reforma financiera y cambiaria sobre la competitividad de la economía será mucho más rápido y efectivo que el que pueda derivarse de una reforma laboral discutida y aprobada en un contexto de recesión en vastos sectores del mercado interno. Por esa razón en mi informe anterior al hablar de la secuencia de las reformas insistí que esta reforma financiera y cambiaria debería preceder a las demás reformas estructurales, incluidas la laboral y la apertura de la economía.


[1] Hace bien el gobierno en no aceptar ofertas de bonos externos a tasas de interés cercanas al 9% anual a 10 años. Se debe esperar que dicha tasa no exceda el 7% porque ésta es la tasa potencial de crecimiento de Argentina cuando el país esté en pleno proceso de crecimiento sostenido (5% de crecimiento real más 2% de inflación internacional)

El inicio de un crecimiento vigoroso y sostenible de la economía argentina en el año 2026 es posible. La secuencia de las reformas es clave

Es cierto que haber logrado el ajuste fiscal en tiempo record y contar con un régimen de incentivos fiscales para grandes inversiones en sectores como la energía, la minería y las tecnologías avanzadas, brindan argumentos para sostener que el 2026 será un año de crecimiento económico. Pero el gobierno no debe dormirse en los laureles.

Conseguir que se complete la reactivación de la economía en los sectores que dependen del mercado interno y que el crecimiento sea vigoroso y sostenible en el tiempo, requiere de todas las reformas que se enumeran en este informe y cuya adecuada secuencia es clave para que los años 2026 y 2027 terminen de convencer a los ciudadanos de seguir brindando apoyo a las ideas de libertad y modernización que viene pregonando el presidente Milei desde su campaña electoral del 2023.

Las reformas necesarias y la secuencia apropiada

La aprobación por el Congreso del presupuesto para el año 2026 es un muy buen comienzo porque va a permitir la consolidación del gran logro de los dos años precedentes: el fuerte ajuste del gasto público y la eliminación del déficit fiscal.

La ejecución de este presupuesto, así como las negociaciones para que las provincias acompañen con los suyos el ajuste fiscal nacional, se verán facilitadas si se acelera el proceso de reprivatización de las empresas que fueron estatizadas después del abandono de la convertibilidad y si el producido de esas privatizaciones se utiliza para aumentar la inversión en infraestructura pública que ha venido deteriorándose desde hace varios años.

El segundo paso imprescindible es la sanción, en lo posible por ley, de un nuevo régimen monetario y cambiario como el que funciona muy bien en Perú.[1]

Este complemento institucional del presupuesto 2026 es importante para que el mercado cambiario y la expansión del crédito al sector privado se liberen de trabas burocráticas y manejos impredecibles. En este contexto el Banco Central debería acumular reservas propias a un ritmo rápido. La tasa de riesgo país debería descender a no más de 300 puntos básicos. Cuando esto ocurra, tanto las tasas de interés en pesos como en dólares se ubicarán en niveles reales no más altos que la tasa de crecimiento potencial de la economía.

Sin la completa liberalización cambiaria y financiera va a ser muy difícil que las expectativas de los inversores privados en el sector real de la economía ayuden tanto a la estabilidad macroeconómica como al crecimiento vigoroso.

Jorge Vasconcelos lo explica muy bien en su artículo publicado en La Nación el 28 de diciembre

La tercera reforma importante es la denominada ley de modernización laboral, pero no tanto por las modificaciones que introduce en el régimen laboral, cuyos efectos recién se verán en el mediano plazo, sino porque incluye ingredientes muy valiosos en materia impositiva para alentar la inversión en empresas medianas y pequeñas. Va en la línea de extender a empresas de menor tamaño los incentivos fiscales que asegura el RIGI a las grandes inversiones. Incluso sería conveniente que estos incentivos fiscales se acercaran aún más a las de aquel régimen para grandes inversiones.

La apertura de la economía y las modificaciones para eliminar el sesgo anti exportador de la estructura de precios relativos deben posponerse hasta que la modificación del régimen monetario, cambiario y financiero haya permitido que el tipo de cambio real se ubique en un nivel de equilibrio sin restricciones al movimiento de capitales (salvo las necesarias para desalentar el carry trade). Cuando se encare esta etapa, será fundamental que se eliminen los impuestos indirectos que encarecen los costos de producción de los bienes transables internacionalmente o al menos, se compensen con reembolsos y reintegros a las exportaciones hasta que esos impuestos sean eliminados.

Tasa de inflación y tasa de riesgo país

La reducción de la tasa de riesgo país es más importante que la reducción inmediata de la tasa de inflación porque si no baja la tasa de riesgo país siempre estará como espada de Damocles un posible salto devaluatorio o la necesidad de frenarlo mediante muy altas tasas de interés.

Siendo que aún existen restricciones cambiarias (el cepo a las empresas) y que ya no podrá utilizarse el tipo de cambio como ancla nominal complementaria de la cantidad de dinero, no es prudente que el gobierno anuncie metas de inflación muy ambiciosas (decir, por ejemplo, que en agosto la tasa de inflación comenzará con 0) porque corre el riesgo de ser desmentido por la realidad. O que, para conseguir esa meta, deba aplicar una política monetaria tan restrictiva y fuerte contención salarial impuesta desde el Estado, que acentúe el clima recesivo en el mercado interno. Es mucho más conveniente fijarse una meta ambiciosa en materia de tasa de riesgo país, porque cuando esa meta se consiga, será posible implementar un plan sostenible y consistente de estabilización y crecimiento.

La reactivación del mercado interno

La reactivación del mercado interno se producirá en la medida en que se mantengan tasas reales de interés no superiores al crecimiento potencial de la economía y la expansión del crédito interno al sector privado facilite la inversión familiar y empresaria.

Un buen instrumento que podría acentuar la reactivación del mercado interno y constituirse en otro motor de crecimiento sostenido es la inversión en infraestructura. Sin violar las restricciones fiscales, el gobierno podría anunciar y ejecutar un plan de inversiones en infraestructura combinando la privatización de las empresas que aún están en manos del Estado con nuevas concesiones de obras y servicios públicos a financiarse con peajes y con los ingresos que generen las privatizaciones. De paso este plan de infraestructura puede ser también un instrumento para la negociación con las provincias que son las que más perciben los costos del deterioro o la falta de infraestructura vial, ferroviaria, fluvial y marítima.

El callejón tiene salida

Cuando estoy terminando de escribir este informe llegaron a mi mensajería dos documentos que recomiendo leer.

Uno es sumamente optimista y refleja cómo piensa el Gobierno. Está muy bien escrito y demuestra gran solvencia técnica, pero en mi opinión omite discutir si el tipo de cambio es o no el de equilibrio con posibilidad de sostenerse creciendo como máximo al ritmo de la inflación. Es decir, como tipo de cambio real constante, al menos hasta que se flexibilice totalmente el mercado cambiario. Sin cepo y sin techo. Se trata del informe de Vladimir Werning.

El otro, se trata de un muy buen reportaje que le hace Sofía Diamante a Diego Giacomini y que se titula «Milei se metió en un callejón sin salida”. El razonamiento sobre los defectos de la estrategia de desinflación es tan riguroso como los análisis que solían hacer juntos con Milei, cuando todavía eran amigos. En síntesis, argumenta que, al haber utilizado el tipo de cambio como ancla nominal con controles de cambio, se ha producido un atraso cambiario, algo con lo que coincido plenamente. Pero me parece demasiado pesimista sostener que se trata de “un callejón sin salida”,

Este informe que estoy terminando de escribir, persigue precisamente sugerir una salida que no tiene nada de traumática. Si pronto se eliminan las restricciones cambiarias y se hace funcionar al sistema monetario, cambiario y financiero como lo vengo sugiriendo[2], el único efecto estanflacionario que puede provocar, será temporario y desaparecerá tan pronto el tipo de cambio nominal se ubique a un nivel de equilibrio del tipo de cambio real, y el manejo macroeconómico podrá seguir conduciendo a la estabilidad con crecimiento económico.

Además de Jorge Vasconcelos, Joaquín Cottani lo expone magistralmente en Global Source Partners.

Cuanto antes el gobierno decida salir del callejón mejores serán las perspectivas políticas para el gobierno de Milei. Es importante que el corto efecto estanflacionario de la salida esté lo más alejado posible de la elección de 2027 y que para entonces el plan de estabilización y crecimiento haya dado frutos de cuya sostenibilidad no queden dudas.

Perdón por haber echado manos a tantas citas de otros autores, pero tan cerca de las últimas horas del 2025 o puedo reproducir todos los argumentos de estos inteligentes colegas en los que siempre encuentro inspiración.

Feliz año 2026.


[1] Yo vengo proponiendo esta reforma estructural desde el año 2002, cuando se abandonó el régimen de convertibilidad sin definir en su reemplazo un sistema monetario, cambiario y financiero compatible con la estabilidad macroeconómica y el crecimiento sostenido.

[2] que se diferencia sólo en el grado de institucionalización y velocidad del que se describe en el documento “Objetivos y Planes 2026” de Vladimir Werning

Altas tasas reales de interés y sobrevaluación del peso neutralizan los beneficios de la desregulación y la apertura económica

Luego del inédito apoyo de Trump y Bessent a la gestión del presidente Milei y su equipo económico y del triunfo de la Libertad Avanza en las elecciones del 26 de octubre se produjo una fuerte caída tanto de la tasa esperada de devaluación del peso como de la tasa de riesgo país.

Ambos fenómenos ayudaron mucho a calmar el estado de ansiedad y extrema preocupación que reinó en los mercados financieros en los meses de septiembre y octubre. Sin embargo, no sólo continuaron sino incluso se acentuaron las preocupaciones en los segmentos de la población cuyas actividades empresariales y laborales dependen del mercado interno.

Para que los mercados libres de bienes y servicios y la apertura de la economía conduzcan a niveles crecientes de bienestar de los ciudadanos es necesario que la inflación sea lo más baja posible pero que al mismo tiempo dos precios relativos clave, la tasa real de interés y el tipo de cambio real, resulten del equilibrio del ahorro y la inversión movidos por las expectativas de ahorristas e inversores y no de intervenciones erráticas del gobierno.

Salvo el Presupuesto 2026, las reformas estructurales sobre las que se tratará de conseguir consenso en el Congreso Nacional durante los próximos cuatro meses: reforma laboral y reforma impositiva, son ingredientes importantes para apuntalar un proceso sostenido de crecimiento económico, como lo es el ya aprobado régimen de incentivos para grandes inversiones (RIGI), pero no influirán significativamente sobre el nivel de actividad económica y la tasa de inflación en el corto plazo.

Para monitorear el curso de la reactivación económica y la tasa mensual de inflación durante los dos años que quedan del primer mandato del presidente Milei, es más relevante entender de qué manera el gobierno piensa eliminar o atenuar la represión financiera y cambiaria que ha dado lugar a tasas reales de interés demasiado elevadas y a un tipo de cambio muy alejado de las predicciones oficiales.

Hasta ahora, las declaraciones oficiales han sido muy confusas. Cabe esperar que las discusiones con el FMI para la revisión del programa que comenzarán en los próximos días, ayuden a clarificar el curso futuro de la política monetaria, cambiaria y financiera, es decir, ayuden a definir las reglas del juego que aplicará el gobierno en esta materia crucial para la consolidación de la estabilidad macroeconómica y la reactivación de la economía.

Sería muy bueno que decisiones sobre el carácter del peso y del dólar como monedas que requieren decisiones legislativas (por ejemplo, la convertibilidad del peso y el curso legal para el dólar) se sancionen en forma simultánea con el presupuesto para 2026, porque de esa forma quedaría definido un plan de estabilización con chances de éxito pleno antes de la elección de 2027.

El daño que causan las altas tasas reales (y nominales) de interés

Ya hay indicios claros de que las altas tasas reales de interés del tercer trimestre del año causaron un daño importante a deudores bancarios y a entidades financieras. Esto se refleja en el aumento de los impagos tanto de familias como de empresas y en el quebranto registrado por los bancos en sus balances.

Pero es menos conocido el efecto de las altas tasas de interés reales y nominales sobre la tasa de inflación, no sólo porque encarece los costos de producción en la medida que los productores tienen que financiar su capital de trabajo con endeudamiento bancario, sino porque a través del financiamiento en pesos a tasa fijas por períodos de varios meses se genera inercia inflacionaria, dado que obliga a los productores a ofrecer sus productos a precios que suban a un ritmo no lejano al de la tasa de interés so pena de incurrir en quebrantos que los pueden sacar del mercado.

Lo que acabo de describir, es válido tanto para las tasas reales de interés en pesos como para las en dólares, que, además, en un sistema de libre movimiento de capitales, están estrechamente relacionadas.

Como las tasas de interés en dólares vienen determinadas por el denominado riesgo país. La única forma sostenible de bajar las tasas reales de interés en pesos es también logrando que baje la tasa de riesgo país.

El daño que causa un peso inconvertible sobrevaluado

Que el peso inconvertible esté sobrevaluado significa que el tipo de cambio real no es de equilibrio. Para que el peso se sobrevalue es necesario que se restrinja el movimiento de capitales (cepo para las personas jurídicas) o se impongan y mantengan altas tasas reales de interés. O ambas cosas a la vez, como está ocurriendo ahora.

Además del efecto negativo de las altas tasas reales de interés que se necesitan para mantener el tipo de cambio nominal en los niveles deseados por la autoridad monetaria, la sobrevaluación real del peso crea varios inconvenientes adicionales. Por un lado, alienta el gasto en turismo en el exterior y las importaciones de bienes de consumo que a un tipo de cambio de equilibrio podrían abastecerse con producción nacional. Por otro lado, las restricciones al movimiento de capitales que aún existen en forma de cepo para las personas jurídicas plantean la duda de cuál será el efecto sobre el tipo de cambio cuando dicho cepo se elimine.

La importancia de que el Banco Central acumule reservas propias

La mayor parte de los economistas profesionales que siguen los acontecimientos macroeconómicos y los economistas del staff del FMI insisten en que el gobierno debería anunciar un programa de compra de reservas y llevarlo a cabo rigurosamente para acentuar la reducción del riesgo país y remover expectativas de futuros saltos devaluatorios.

Las declaraciones de los miembros del equipo económico son al menos confusas sino contradictorias. Aparentemente hay dos razones por las que prefieren decir que no tienen apuro par acumular reservas: una es para evitar que esa compra de reservas por parte del Banco Central empuje hacia arriba el tipo de cambio; otra para evitar que la emisión de pesos necesaria para pagar por las reservas facilite el traslado a precios del aumento del tipo de cambio y aumente la tasa de inflación.

Yo soy uno de los que sostiene que conviene comenzar pronto a acumular reservas. En mi opinión debería disponerse simultáneamente la eliminación completa del cepo y la compra de reservas, acompañada de una decisión legislativa que prohíba hacia el futuro la introducción de restricciones al movimiento de capitales y permita el uso del dólar como moneda para todas las funciones que cumple el peso, especialmente para la intermediación financiera.

Esto significaría poner en funcionamiento un sistema bimonetario como el que funciona en Perú, en Uruguay y en Paraguay. El tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio y las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares bajarían como consecuencia de una fuerte reducción del riesgo país.

Seguir este curso de acción, con apoyo del FMI y del Tesoro de los Estados Unidos, sería un reaseguro de que antes de la elección de 2027 se habrá consolidado una reducción significativa de la tasa de inflación sin que haya otra crisis como la que se desató entre julio y agosto pasados. Con una trayectoria semejante, la economía se reactivará rápidamente y se facilitará la búsqueda de consenso para las reformas estructurales necesarias para asegurar el crecimiento sostenido de la economía.