El inicio de un crecimiento vigoroso y sostenible de la economía argentina en el año 2026 es posible. La secuencia de las reformas es clave

Es cierto que haber logrado el ajuste fiscal en tiempo record y contar con un régimen de incentivos fiscales para grandes inversiones en sectores como la energía, la minería y las tecnologías avanzadas, brindan argumentos para sostener que el 2026 será un año de crecimiento económico. Pero el gobierno no debe dormirse en los laureles.

Conseguir que se complete la reactivación de la economía en los sectores que dependen del mercado interno y que el crecimiento sea vigoroso y sostenible en el tiempo, requiere de todas las reformas que se enumeran en este informe y cuya adecuada secuencia es clave para que los años 2026 y 2027 terminen de convencer a los ciudadanos de seguir brindando apoyo a las ideas de libertad y modernización que viene pregonando el presidente Milei desde su campaña electoral del 2023.

Las reformas necesarias y la secuencia apropiada

La aprobación por el Congreso del presupuesto para el año 2026 es un muy buen comienzo porque va a permitir la consolidación del gran logro de los dos años precedentes: el fuerte ajuste del gasto público y la eliminación del déficit fiscal.

La ejecución de este presupuesto, así como las negociaciones para que las provincias acompañen con los suyos el ajuste fiscal nacional, se verán facilitadas si se acelera el proceso de reprivatización de las empresas que fueron estatizadas después del abandono de la convertibilidad y si el producido de esas privatizaciones se utiliza para aumentar la inversión en infraestructura pública que ha venido deteriorándose desde hace varios años.

El segundo paso imprescindible es la sanción, en lo posible por ley, de un nuevo régimen monetario y cambiario como el que funciona muy bien en Perú.[1]

Este complemento institucional del presupuesto 2026 es importante para que el mercado cambiario y la expansión del crédito al sector privado se liberen de trabas burocráticas y manejos impredecibles. En este contexto el Banco Central debería acumular reservas propias a un ritmo rápido. La tasa de riesgo país debería descender a no más de 300 puntos básicos. Cuando esto ocurra, tanto las tasas de interés en pesos como en dólares se ubicarán en niveles reales no más altos que la tasa de crecimiento potencial de la economía.

Sin la completa liberalización cambiaria y financiera va a ser muy difícil que las expectativas de los inversores privados en el sector real de la economía ayuden tanto a la estabilidad macroeconómica como al crecimiento vigoroso.

Jorge Vasconcelos lo explica muy bien en su artículo publicado en La Nación el 28 de diciembre

La tercera reforma importante es la denominada ley de modernización laboral, pero no tanto por las modificaciones que introduce en el régimen laboral, cuyos efectos recién se verán en el mediano plazo, sino porque incluye ingredientes muy valiosos en materia impositiva para alentar la inversión en empresas medianas y pequeñas. Va en la línea de extender a empresas de menor tamaño los incentivos fiscales que asegura el RIGI a las grandes inversiones. Incluso sería conveniente que estos incentivos fiscales se acercaran aún más a las de aquel régimen para grandes inversiones.

La apertura de la economía y las modificaciones para eliminar el sesgo anti exportador de la estructura de precios relativos deben posponerse hasta que la modificación del régimen monetario, cambiario y financiero haya permitido que el tipo de cambio real se ubique en un nivel de equilibrio sin restricciones al movimiento de capitales (salvo las necesarias para desalentar el carry trade). Cuando se encare esta etapa, será fundamental que se eliminen los impuestos indirectos que encarecen los costos de producción de los bienes transables internacionalmente o al menos, se compensen con reembolsos y reintegros a las exportaciones hasta que esos impuestos sean eliminados.

Tasa de inflación y tasa de riesgo país

La reducción de la tasa de riesgo país es más importante que la reducción inmediata de la tasa de inflación porque si no baja la tasa de riesgo país siempre estará como espada de Damocles un posible salto devaluatorio o la necesidad de frenarlo mediante muy altas tasas de interés.

Siendo que aún existen restricciones cambiarias (el cepo a las empresas) y que ya no podrá utilizarse el tipo de cambio como ancla nominal complementaria de la cantidad de dinero, no es prudente que el gobierno anuncie metas de inflación muy ambiciosas (decir, por ejemplo, que en agosto la tasa de inflación comenzará con 0) porque corre el riesgo de ser desmentido por la realidad. O que, para conseguir esa meta, deba aplicar una política monetaria tan restrictiva y fuerte contención salarial impuesta desde el Estado, que acentúe el clima recesivo en el mercado interno. Es mucho más conveniente fijarse una meta ambiciosa en materia de tasa de riesgo país, porque cuando esa meta se consiga, será posible implementar un plan sostenible y consistente de estabilización y crecimiento.

La reactivación del mercado interno

La reactivación del mercado interno se producirá en la medida en que se mantengan tasas reales de interés no superiores al crecimiento potencial de la economía y la expansión del crédito interno al sector privado facilite la inversión familiar y empresaria.

Un buen instrumento que podría acentuar la reactivación del mercado interno y constituirse en otro motor de crecimiento sostenido es la inversión en infraestructura. Sin violar las restricciones fiscales, el gobierno podría anunciar y ejecutar un plan de inversiones en infraestructura combinando la privatización de las empresas que aún están en manos del Estado con nuevas concesiones de obras y servicios públicos a financiarse con peajes y con los ingresos que generen las privatizaciones. De paso este plan de infraestructura puede ser también un instrumento para la negociación con las provincias que son las que más perciben los costos del deterioro o la falta de infraestructura vial, ferroviaria, fluvial y marítima.

El callejón tiene salida

Cuando estoy terminando de escribir este informe llegaron a mi mensajería dos documentos que recomiendo leer.

Uno es sumamente optimista y refleja cómo piensa el Gobierno. Está muy bien escrito y demuestra gran solvencia técnica, pero en mi opinión omite discutir si el tipo de cambio es o no el de equilibrio con posibilidad de sostenerse creciendo como máximo al ritmo de la inflación. Es decir, como tipo de cambio real constante, al menos hasta que se flexibilice totalmente el mercado cambiario. Sin cepo y sin techo. Se trata del informe de Vladimir Werning.

El otro, se trata de un muy buen reportaje que le hace Sofía Diamante a Diego Giacomini y que se titula «Milei se metió en un callejón sin salida”. El razonamiento sobre los defectos de la estrategia de desinflación es tan riguroso como los análisis que solían hacer juntos con Milei, cuando todavía eran amigos. En síntesis, argumenta que, al haber utilizado el tipo de cambio como ancla nominal con controles de cambio, se ha producido un atraso cambiario, algo con lo que coincido plenamente. Pero me parece demasiado pesimista sostener que se trata de “un callejón sin salida”,

Este informe que estoy terminando de escribir, persigue precisamente sugerir una salida que no tiene nada de traumática. Si pronto se eliminan las restricciones cambiarias y se hace funcionar al sistema monetario, cambiario y financiero como lo vengo sugiriendo[2], el único efecto estanflacionario que puede provocar, será temporario y desaparecerá tan pronto el tipo de cambio nominal se ubique a un nivel de equilibrio del tipo de cambio real, y el manejo macroeconómico podrá seguir conduciendo a la estabilidad con crecimiento económico.

Además de Jorge Vasconcelos, Joaquín Cottani lo expone magistralmente en Global Source Partners.

Cuanto antes el gobierno decida salir del callejón mejores serán las perspectivas políticas para el gobierno de Milei. Es importante que el corto efecto estanflacionario de la salida esté lo más alejado posible de la elección de 2027 y que para entonces el plan de estabilización y crecimiento haya dado frutos de cuya sostenibilidad no queden dudas.

Perdón por haber echado manos a tantas citas de otros autores, pero tan cerca de las últimas horas del 2025 o puedo reproducir todos los argumentos de estos inteligentes colegas en los que siempre encuentro inspiración.

Feliz año 2026.


[1] Yo vengo proponiendo esta reforma estructural desde el año 2002, cuando se abandonó el régimen de convertibilidad sin definir en su reemplazo un sistema monetario, cambiario y financiero compatible con la estabilidad macroeconómica y el crecimiento sostenido.

[2] que se diferencia sólo en el grado de institucionalización y velocidad del que se describe en el documento “Objetivos y Planes 2026” de Vladimir Werning

Altas tasas reales de interés y sobrevaluación del peso neutralizan los beneficios de la desregulación y la apertura económica

Luego del inédito apoyo de Trump y Bessent a la gestión del presidente Milei y su equipo económico y del triunfo de la Libertad Avanza en las elecciones del 26 de octubre se produjo una fuerte caída tanto de la tasa esperada de devaluación del peso como de la tasa de riesgo país.

Ambos fenómenos ayudaron mucho a calmar el estado de ansiedad y extrema preocupación que reinó en los mercados financieros en los meses de septiembre y octubre. Sin embargo, no sólo continuaron sino incluso se acentuaron las preocupaciones en los segmentos de la población cuyas actividades empresariales y laborales dependen del mercado interno.

Para que los mercados libres de bienes y servicios y la apertura de la economía conduzcan a niveles crecientes de bienestar de los ciudadanos es necesario que la inflación sea lo más baja posible pero que al mismo tiempo dos precios relativos clave, la tasa real de interés y el tipo de cambio real, resulten del equilibrio del ahorro y la inversión movidos por las expectativas de ahorristas e inversores y no de intervenciones erráticas del gobierno.

Salvo el Presupuesto 2026, las reformas estructurales sobre las que se tratará de conseguir consenso en el Congreso Nacional durante los próximos cuatro meses: reforma laboral y reforma impositiva, son ingredientes importantes para apuntalar un proceso sostenido de crecimiento económico, como lo es el ya aprobado régimen de incentivos para grandes inversiones (RIGI), pero no influirán significativamente sobre el nivel de actividad económica y la tasa de inflación en el corto plazo.

Para monitorear el curso de la reactivación económica y la tasa mensual de inflación durante los dos años que quedan del primer mandato del presidente Milei, es más relevante entender de qué manera el gobierno piensa eliminar o atenuar la represión financiera y cambiaria que ha dado lugar a tasas reales de interés demasiado elevadas y a un tipo de cambio muy alejado de las predicciones oficiales.

Hasta ahora, las declaraciones oficiales han sido muy confusas. Cabe esperar que las discusiones con el FMI para la revisión del programa que comenzarán en los próximos días, ayuden a clarificar el curso futuro de la política monetaria, cambiaria y financiera, es decir, ayuden a definir las reglas del juego que aplicará el gobierno en esta materia crucial para la consolidación de la estabilidad macroeconómica y la reactivación de la economía.

Sería muy bueno que decisiones sobre el carácter del peso y del dólar como monedas que requieren decisiones legislativas (por ejemplo, la convertibilidad del peso y el curso legal para el dólar) se sancionen en forma simultánea con el presupuesto para 2026, porque de esa forma quedaría definido un plan de estabilización con chances de éxito pleno antes de la elección de 2027.

El daño que causan las altas tasas reales (y nominales) de interés

Ya hay indicios claros de que las altas tasas reales de interés del tercer trimestre del año causaron un daño importante a deudores bancarios y a entidades financieras. Esto se refleja en el aumento de los impagos tanto de familias como de empresas y en el quebranto registrado por los bancos en sus balances.

Pero es menos conocido el efecto de las altas tasas de interés reales y nominales sobre la tasa de inflación, no sólo porque encarece los costos de producción en la medida que los productores tienen que financiar su capital de trabajo con endeudamiento bancario, sino porque a través del financiamiento en pesos a tasa fijas por períodos de varios meses se genera inercia inflacionaria, dado que obliga a los productores a ofrecer sus productos a precios que suban a un ritmo no lejano al de la tasa de interés so pena de incurrir en quebrantos que los pueden sacar del mercado.

Lo que acabo de describir, es válido tanto para las tasas reales de interés en pesos como para las en dólares, que, además, en un sistema de libre movimiento de capitales, están estrechamente relacionadas.

Como las tasas de interés en dólares vienen determinadas por el denominado riesgo país. La única forma sostenible de bajar las tasas reales de interés en pesos es también logrando que baje la tasa de riesgo país.

El daño que causa un peso inconvertible sobrevaluado

Que el peso inconvertible esté sobrevaluado significa que el tipo de cambio real no es de equilibrio. Para que el peso se sobrevalue es necesario que se restrinja el movimiento de capitales (cepo para las personas jurídicas) o se impongan y mantengan altas tasas reales de interés. O ambas cosas a la vez, como está ocurriendo ahora.

Además del efecto negativo de las altas tasas reales de interés que se necesitan para mantener el tipo de cambio nominal en los niveles deseados por la autoridad monetaria, la sobrevaluación real del peso crea varios inconvenientes adicionales. Por un lado, alienta el gasto en turismo en el exterior y las importaciones de bienes de consumo que a un tipo de cambio de equilibrio podrían abastecerse con producción nacional. Por otro lado, las restricciones al movimiento de capitales que aún existen en forma de cepo para las personas jurídicas plantean la duda de cuál será el efecto sobre el tipo de cambio cuando dicho cepo se elimine.

La importancia de que el Banco Central acumule reservas propias

La mayor parte de los economistas profesionales que siguen los acontecimientos macroeconómicos y los economistas del staff del FMI insisten en que el gobierno debería anunciar un programa de compra de reservas y llevarlo a cabo rigurosamente para acentuar la reducción del riesgo país y remover expectativas de futuros saltos devaluatorios.

Las declaraciones de los miembros del equipo económico son al menos confusas sino contradictorias. Aparentemente hay dos razones por las que prefieren decir que no tienen apuro par acumular reservas: una es para evitar que esa compra de reservas por parte del Banco Central empuje hacia arriba el tipo de cambio; otra para evitar que la emisión de pesos necesaria para pagar por las reservas facilite el traslado a precios del aumento del tipo de cambio y aumente la tasa de inflación.

Yo soy uno de los que sostiene que conviene comenzar pronto a acumular reservas. En mi opinión debería disponerse simultáneamente la eliminación completa del cepo y la compra de reservas, acompañada de una decisión legislativa que prohíba hacia el futuro la introducción de restricciones al movimiento de capitales y permita el uso del dólar como moneda para todas las funciones que cumple el peso, especialmente para la intermediación financiera.

Esto significaría poner en funcionamiento un sistema bimonetario como el que funciona en Perú, en Uruguay y en Paraguay. El tipo de cambio buscaría su nivel de equilibrio y las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares bajarían como consecuencia de una fuerte reducción del riesgo país.

Seguir este curso de acción, con apoyo del FMI y del Tesoro de los Estados Unidos, sería un reaseguro de que antes de la elección de 2027 se habrá consolidado una reducción significativa de la tasa de inflación sin que haya otra crisis como la que se desató entre julio y agosto pasados. Con una trayectoria semejante, la economía se reactivará rápidamente y se facilitará la búsqueda de consenso para las reformas estructurales necesarias para asegurar el crecimiento sostenido de la economía.

Paraguay ante la mirada de Domingo Cavallo

Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».

Por José Zalazar

En un contexto regional atravesado por tensiones fiscales, ajustes estructurales y redefiniciones del rol del Estado, la voz de Domingo Cavallo, exministro de Economía de la Argentina, vuelve a ofrecer una perspectiva que trasciende las fronteras de su país. Sus reflexiones, lejos de limitarse al escenario argentino, proyectan enseñanzas valiosas para Paraguay, una economía que, en palabras del propio economista, «ha logrado destacarse en las últimas dos décadas por su estabilidad macroeconómica, crecimiento sostenido y disciplina fiscal».

Paraguay

Durante la entrevista concedida por el exministro argentino en el marco de su conferencia organizada por el Instituto Federalismo y Libertad, que reunió a diversos sectores de la sociedad en el salón «Gran Chaco» de la CAF en Asunción, Cavallo no solo abordó el presente económico de su país, sino que situó sus análisis en un marco más amplio: la formación económica, la importancia de la historia y la necesidad de comprender los sistemas de organización productiva para interpretar la realidad. Desde ese enfoque, Paraguay aparece como un caso virtuoso en la región.

La economía como disciplina viva

Para Cavallo, el estudio de la economía no puede reducirse exclusivamente a modelos abstractos o fórmulas matemáticas. Se trata de una ciencia social profundamente ligada a la experiencia histórica y a los procesos institucionales. Al ser consultado sobre cuál sería el mejor libro de economía, respondió con honestidad y sin dogmatismo: «Hay muchísimos libros buenos de economía; depende a qué nivel uno quiera entrar».

Sin embargo, su recomendación para quienes se inician en esta disciplina es clara: «Yo siempre recomiendo para los que recién comienzan leer algún libro de principios de economía». En ese sentido, rescató la influencia que tuvo en su formación el economista francés Raymond Barre, a quien considera fundamental en su pensamiento: «Descubrí un libro de alguien que después fue primer ministro de Francia, Raymond Barre, que me pareció muy bueno porque no solo explicaba cómo funcionaba la economía, sino que empezaba con un tema de organización económica».

Este énfasis en la organización económica no es menor. Para Cavallo, comprender qué sistema económico existe o podría existir es el punto de partida para cualquier análisis serio. Por ello insiste en que teoría e historia deben ir de la mano: «La economía que es relevante es la que permite explicar cosas de la realidad».

Ese enfoque le permitió incluso escribir, junto a su hija, una obra dedicada a los procesos económicos de su país: Historia Económica de Argentina, «que son como ejercicios de economía aplicados a distintos periodos en los que existieron problemas y se trataron de resolver». Desde allí subraya una convicción clave: «Hay que estudiar también la historia económica junto con la teoría económica».

Paraguay: un modelo de estabilidad y crecimiento

Si en Argentina el diagnóstico se centra en la corrección de desequilibrios estructurales, en Paraguay el análisis adquiere un tono marcadamente positivo. Cavallo no oculta su admiración por el desempeño económico paraguayo en las últimas décadas: «Muy bien. Paraguay aumentó el Producto Bruto per cápita, o el Producto Bruto total, desde el año 2000 hasta ahora; se multiplicó por ocho. Eso es impresionante».

Esta afirmación sitúa a Paraguay entre las economías más dinámicas de América Latina en términos de crecimiento acumulado. Más allá de los números, el exministro identifica las claves de este desempeño: estabilidad macroeconómica, reglas claras y un entorno favorable para el sector privado.

En ese sentido, recalca una diferencia sustancial con su país: «Mantener la estabilidad macroeconómica, que es algo que, por ejemplo, Argentina no fue capaz de mantener». Paraguay, en cambio, ha sostenido políticas consistentes que fortalecieron la confianza interna y externa, favoreciendo la inversión y la expansión productiva.

Impuestos bajos y eficiencia tributaria

Uno de los pilares que Cavallo destaca con mayor énfasis es el régimen tributario paraguayo. Para él, la baja presión fiscal no solo beneficia a las empresas, sino que genera un entorno propicio para la innovación y la productividad: «El que los impuestos sean bajos facilita la operación del sector privado, el aumento de la productividad, la innovación. Así que eso es muy importante».

No obstante, aclara que la baja carga impositiva debe ir acompañada de una administración eficiente y combate a la evasión: «Por supuesto, hay que organizar bien la administración tributaria para que no haya evasión y que todos paguen esos impuestos bajos y no haya informalidad».

Esta combinación de impuestos moderados, cumplimiento generalizado y formalización económica constituye, a su juicio, una de las fórmulas más efectivas para sostener el crecimiento de largo plazo.

Perseverar como estrategia de desarrollo

Más allá del reconocimiento al desempeño paraguayo, Cavallo deja un mensaje claro: el desafío no es solo crecer, sino sostener el crecimiento. De ahí su énfasis en la continuidad: «Así que lo que tienen que hacer es perseverar».

Perseverar en la estabilidad, en la apertura al sector privado, en la disciplina macroeconómica y en la calidad institucional. En un entorno latinoamericano frecuentemente marcado por ciclos de expansión y crisis, Paraguay aparece como una excepción virtuosa que debe cuidar sus fundamentos.

En suma, las palabras de Domingo Cavallo trazan un contraste elocuente entre dos realidades vecinas: una Argentina que busca reordenarse tras décadas de desajustes y un Paraguay que ha logrado consolidar un sendero de crecimiento sostenido. Este contraste no solo sirve para analizar políticas públicas, sino también para comprender qué decisiones económicas generan prosperidad y cuáles conducen al estancamiento.

Desde su experiencia como académico y gestor público, Cavallo ofrece una visión que interpela a los responsables de la política económica paraguaya: la estabilidad no es un punto de llegada, sino una construcción permanente. La disciplina fiscal, los impuestos bajos, la eficiencia institucional y el fortalecimiento del sector privado son, según su mirada, las verdaderas llaves del desarrollo.

Argentina: reorganización tras décadas de desorden

Al ser consultado sobre la situación actual de la economía argentina, Cavallo fue directo y contundente. A su juicio, el país atraviesa un proceso de reconstrucción institucional luego de un prolongado período de deterioro: «Está siendo reorganizada después de un periodo de 25 años de una desorganización extrema de la economía».

En ese proceso, reconoce el énfasis del gobierno de Javier Milei en la disciplina fiscal como un paso necesario: «Milei está poniendo mucho énfasis en el ajuste fiscal, lo cual está muy bien». No obstante, advierte que no basta con controlar el déficit público, sino que deben abordarse de manera integral otras dimensiones estructurales: «También tienen que mirar otros aspectos, como por ejemplo la organización monetaria, cambiaria, financiera».

Para el exministro, el éxito de las reformas dependerá de su legitimidad social y política. Por ello pone el acento en la necesidad de acuerdos: «Es fundamental que consiga, a través del diálogo, un consenso para las reformas más de fondo». Aun así, reconoce que la dirección adoptada es la correcta: «Las intenciones y la orientación de Milei, sin duda, son las que se necesitaban»

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