Inflación – Una Palabra Maltratada.

Por Felipe Murolo.

Midiendo la variación  de precios, utilizando una canasta suficientemente significativa, pueden darse situaciones diversas.

1.       Que la variación sea nula.

2.       Que la variación sea negativa.

3.       Que la variación sea positiva.

El caso 2  se conoce como deflación.

El caso 3 se conoce como inflación.

El Gobierno Nacional  trata de confundir a la gente, en uno de sus últimos intentos de negar la realidad, mencionando que los precios varían por distintas circunstancias.

La realidad es que no importa cuáles sean las causas de las variaciones positivas de precios. Siempre será inflación. Mas inflación, o menos inflación. Pero siempre inflación.

Luego podemos entrar a analizar su intensidad.

Se puede constatar fácilmente que los sindicatos de trabajadores han conseguido en los últimos años aumentos de alrededor de un 20%.

¿Alguien puede creer que los empresarios son tan generosos que aceptarían pagar aumentos nominales de 20% si los precios en general han variado un 10%?

Aquí, la versión oficial de que los medios amplifican el tema de la inflación y de que los empresarios son formadores de precios con alzas exageradas es una forma mas que tiene el Gobierno de explicar, a través de teorías conspirativas, lo que no quiere o no puede entender.

¿Qué pretende decir el Gobierno?  ¿Que los precios no aumentan anualmente el 20%? ¿O que el Gobierno  no es responsable de la intensidad de esos aumentos?

Como dice al mismo tiempo o en distintos momentos del tiempo las dos cosas, sus explicaciones se caen por contradictorias.

Cuando atribuye la magnitud de los aumentos a los empresarios formadores de precios, está aceptando esa magnitud. Cuando convalida, sea explícita o tácitamente,  incrementos salariales que duplican las variaciones de precios anunciadas por el INDEC, está aceptando que el organismo que debería tener el rol de difundir estadísticas confiables, miente.

Aunque hay dos sectores que no son contemplados por el Gobierno y que tienen atados sus ingresos o el resultado de sus inversiones a las mentiras del INDEC: los jubilados y los tenedores de bonos que ajustan por CER. Cuánto mas miente el INDEC, mas se alejan los ingresos de los jubilados de los sueldos que percibe el personal en actividad

Las Lebacs y el Festival de Bonos

Por Felipe Murolo.

Hablar de las Lebacs se ha puesto de moda en estos días, y el  tema no es menor.

Las letras del Banco Central pueden ser un buen instrumento de esterilización transitoria, es decir, con un stock moderado y oscilante; no como sucede hace varios años, con un stock alto y continuamente creciente.

Las letras pueden considerarse un efectivo mínimo voluntario, adicional al legal establecido por el Banco Central. Al ser voluntario, es variable para cada una de las entidades, y permite evitar dificultades de liquidez en las instituciones mas expandidas.

Si pensamos en términos de exigencias globales: efectivo mínimo y lebacs, cuanto mas alto sea su porcentaje, menor es el multiplicador. Teóricamente, si ese porcentaje fuera del 100% no habría capacidad prestable en los bancos derivada de la base monetaria.

Pero aún así, para que el sistema sea inmune a corridas cambiarias, el Banco Central debería tener tantas reservas como el equivalente en dólares a la suma de sus pasivos, incluyendo por supuesto base monetaria convencional  y lebacs.

De la forma que se viene manejando la política monetaria, y en especial por razones fiscales, siendo que los pasivos monetarios del Banco Central están respaldados en un porcentaje cada vez menor por reservas internacionales, la situación actual se viene asemejando cada vez mas al festival de bonos iniciado en 1988 y que culminó con el Plan Bonex, con efectividad al 28 de diciembre de 1989.

¿Porqué digo esto? Porque si los depositantes demandaran dólares, aún en el caso teórico del efectivo mínimo del 100% (suma de exigencia legal y Lebacs), y mas aún en ese caso, los bancos podrían acceder a esas demandas pero el Banco Central no.

Por supuesto que habría una forma de que el Banco Central pudiera atender esa demanda: modificando el tipo de cambio en alza hasta que alcanzara el valor del cociente entre pasivos monetarios y reservas internacionales. O sea, devaluar.

Pero en ese escenario, cuanto mas demore en devaluar mas alto será el tipo de cambio de equilibrio teórico (cociente) para atender los pasivos residuales, y el impacto inflacionario sería muy significativo. Tanto mas significativo cuanto mayor sea la divergencia entre el cociente y el valor de mercado del tipo de cambio en el momento inicial.

Como se puede apreciar, el despilfarro fiscal y la política de impuestos y subsidios distorsivos de los precios relativos tiene un altísimo costo. Y ese precio, traducido en términos de inflación, lo pagarán mas los que menos tienen. Paradójicamente, aquellos a los que el Gobierno pretende defender.

El supuesto “desendeudamiento” también es una mentira.

Mientras el Gobierno de los Kirchner habla de “desendeudamiento” el Estado se está endeudando de la peor forma posible.

Todos los meses la deuda con los jubilados aumenta por incumplimiento de las leyes jubilatorias en vigencia y por multiplicación de reclamos judiciales. El origen de esta deuda es la falta de movilidad de las jubilaciones superiores a la mínima entre enero de 2002 y  diciembre de 2006. La deuda por el capital adeudado más los intereses hasta el momento del pago y las costas judiciales se hacen exigibles una vez que salen las sentencias judiciales y quedan firmes. Ese proceso, que comenzó lentamente en 2003, se va acelerando cada vez más y muy pronto adquirirá la misma magnitud que tenía al final del Gobierno del Dr. Alfonsín en 1989. En aquella época ascendía a 18 mil millones de dólares que debieron ser consolidados en 1991 y dieron lugar a la emisión de los denominados “bocones previsionales” por ese mismo monto.

Cuando se habla del aumento del endeudamiento de la  década del 90 se computan a estos 18 mil millones de dólares como si hubieran sido fruto de déficit fiscal durante los años de Menem, pero en realidad, se trató de un simple reconocimiento de una deuda que se fue acumulando a lo largo de los años durante el gobierno anterior. Ahora está ocurriendo lo mismo que en la década de los 80 y por la misma causa: no se reconoce a los jubilados el derecho a la movilidad que se torna muy relevante cuando hay inflación. Pero la Justicia finalmente hace lugar a los reclamos y la deuda acumulada debe pagarse. Es muy probable que el próximo Gobierno tenga que iniciar su gestión con un esquema de consolidación de pasivos semejante al de 1991. Y los montos involucrados serán aún mayores que los de aquella época.

Pagar los vencimientos de capital de la deuda en dólares que vence a lo largo de 2010 y 2011 con reservas del Banco Central  no significa que el Estado Argentino se desendeude, a menos que las reservas para esos pagos sean adquiridas por el Gobierno con superávit fiscal. El Gobierno, a través del mal denominado “Fondo de Desendeudamiento”,  compra esas reservas con un bono en dólares que coloca compulsivamente en el Banco Central. La emisión de ese bono es la prueba más clara de que no hay “desendeudamiento” y si la operación se hiciera con todas las de la ley, es decir haciéndose cargo el Tesoro del pasivo que el Banco Central adquirió para financiar esas reservas, tendría que emitir letras del tesoro para reemplazar a las lebacs, pagando tasas de interés seguramente más altas que las que actualmente paga el Banco Central. Ello pondría de manifiesto, de manera más clara aún, que no se trata de “desendeudamiento” sino de un cambio de fuente de financiamiento, pasando a una fuente más onerosa que la anterior.

Es bien conocido que desde el año 2008 han venido acumulándose atrasos en los pagos a proveedores y contratistas de obras públicas, a los beneficiarios de subsidios y a los exportadores que tienen derecho a la devolución del IVA. Todo eso significa un aumento de la deuda flotante, que si bien no aparece en las estadísticas, es una deuda más exigible y  más acuciante que la que está documentada en bonos del tesoro. Además, tiene el inconveniente que entorpece el funcionamiento de las empresas que en la medida en que sufren esos atrasos en sus cobranzas, se quedan sin capital de trabajo.

Cuando un Gobierno incurre en déficit fiscal lejos de desendeudarse está necesariamente aumentando su deuda. Claro que para disimularlo puede “defaultearla” en forma implícita, a través de la inflación, o simplemente esconderla para que la gente no lo advierta. Desde 2002 en adelante se están utilizando estos dos procedimientos en proporciones cambiantes. A medida que la gente no se deja engañar, la única vía que le queda al Gobierno para “desendeudarse” es licuando su deuda a través de la inflación.

Por eso, el “desendeudamiento” es otra mentira tan infame como aquella a la que nos tiene acostumbrado el INDEC cuando publica sus índices de precios.