Otro de mis colaboradores preparó, a mi pedido, los datos anuales y mensuales para la tasa de inflación, el Producto Bruto Interno, el tipo de cambio oficial y el tipo de cambio paralelo antes y después del Rodrigazo de junio de 1975. Los quiero compartir con los lectores de mi blog. La situación de nuestra economía hoy, febrero de 2014, se parece a la de los meses inmediato posteriores a la muerte del Presidente Juan Domingo Perón, el 1 de julio de 1974. La tasa de inflación, que había sido del 20 % en junio, mientras seguía aplicándose el Plan Gelbard, aumentó gradualmente hasta el 40 % anual en diciembre de 1974. A fines de Octubre de 1974, el Ministerio de Economía había pasado a manos de Alfredo Gomez Morales , quien en la década del 50 había liderado el primer plan de estabilización de Perón. Como entonces, intentó frenar la expansión monetaria, pero como se había acumulado mucha inflación reprimida, el efecto de la contracción monetaria fue estanflacionario.
La brecha entre el precio del dólar en el mercado paralelo y en el mercado oficial, que había sido de casi 200 % en junio de 1974 saltó a 340 % en diciembre de ese año y en el mes previo al Rodrigazo estaba en el 370%. Es interesante notar que si bien ya en marzo el gobierno autorizó una duplicación del precio del Dólar en el mercado oficial, cuando aún estaba Gomez Morales de ministro, la brecha con el mercado paralelo sólo bajó a 184% durante ese mes para volver a subir a 265 % en abril de 1975 y a 370% en mayo. Todo esto, pese a que Gomez Moralez seguía restringiendo la expansión monetaria. Es claro que si bien la comparación de tasas de inflación y las características cualitativas de los planes de Gelbard y de Cristina Kirchner se parecen, el desajuste en el tipo de cambio oficial y la magnitud del déficit fiscal eran bastante mayores en 1974 que en 2014. Argentina en 1974 se parecía mucho a la Venezuela de hoy. Por eso, yo insisto en que aún se puede evitar un Rodrigazo. Pero es muy importante aprender de la experiencia de aquella época. Mucho más que de las experiencias de 1989-90 y de 2001-2002. Los fenómenos que estamos viviendo son cualitativamente más parecidos a los de 1974-75 que a las dos grandes crisis más recientes.