La hipocresía de Duhalde es indignante

Para quienes conocemos la verdadera historia de los acontecimientos del fatídico 2001 y la tragedia del 2002, la versión mentirosa de Duhalde, siempre nos pareció despreciable. Pero que la reitere en el contexto de lo que pretende ser una reivindicación de la trayectoria de Fernando de la Rúa con motivo de su fallecimiento, es indignante.

Su hipocresía ya se trasunta en su descripciòn del orígen de los problemas del gobierno de De la Rúa: ” Su adhesión sin cortapisas a la convertibilidad, que ya desde el final del gobierno del gobierno anterior daba claros síntomas de agotamiento, el déficit fiscal que heredó y que se financiaba con un elevado nivel de endeudamiento externo y se combinó con un aumento de la recesión económica generaron un creciente ambiente de descontento social. Ese clima se acrecentó con las decisiones de la breve gestión de Ricardo López Murphy como ministro de Economía y el nombramiento de Domingo Cavallo como su reemplazante.”

Es asombroso que sostenga que la causa de la crisis era el agotamiento de la convertibilidad y el déficit fiscal financiado con un elevado nivel de endeudamiento externo. Él sabe muy bien que el gran problema fue el déficit de las provincias, en especial el de su provincia, financiado con endeudamiento bancario interno, en particular, del Banco de la Provincia de Buenos Aires, al que dejó virtualmente quebrado al final de su gestión como gobernador.

También es inconcebible que diga que el clima de descontento se acrecentó por mi nombramiento como ministro de Economía. Recuerdo como si fuera hoy, que en mayo de 2001, cuando ya habían transcurrido dos meses de mi designación y comenzaban a implementarse los planes sectoriales de competitividad, me propuso que en las elecciones que iban a celebrarse en Octubre, fuéramos aliados el Partido Justicialista y Acción por la República. Por supuesto que yo no lo acepté, porque me parecía que no correspondía siendo yo ministro del gobierno de De la Rúa.

Los párrafos que siguen son aún más falaces: “De allí en más, todo fue desbarrancándose. Junto a Alfonsín constituimos por esos días el Movimiento Productivo Argentino y elaboramos un plan, que le presentamos junto con las dos CGT, con la idea de apoyar al gobierno si este decidía abandonar la convertibilidad y dar lugar a un plan que liberara las fuerzas productivas del país, a las que el corsé del uno a uno paralizaba de manera ya insostenible.

No presentaron ningún plan. Lo que insinuaban, teniendo como vocero al entonces Presidente de la UIA, Ignacio De Mendiguren y algunos adláteres, era simplemente la pesificación compulsiva de todos los contratos en dólares, sin contemplar que también significaba la confiscación de más del 50% de los depósitos de los ahorristas. Cuando me presentaron la idea en mi despacho, les expliqué que hacer eso significaba provocar una devaluación descomunal que deterioría en más de un 50% los salarios reales , las jubilaciones y los ahorros de las familias. También les expliqué que semejante medida provocaría un gran aumento de la desocupación y de la pobreza, dos problemas que ya eran graves, pero que la ¨solución¨ que ellos proponían, los agravarían aún más.

Pero la hipocresía mayor aparece en el párrafo siguiente: “Sea por el estrés propio de los tiempos que vivíamos, sea por el cansancio de las largas jornadas, sea por algún tipo de depresión causada por los sucesivos fracasos, lo cierto es que nos encontramos en ese momento, en las pocas veces que tuvimos acceso a él, con un De la Rúa dubitativo, ausente, más un espectador que un protagonista de los dramáticos hechos que vivía el país. En pocos días las protestas callejeras, el caos económico y la pérdida de apoyo político derrumbaron la presidencia de De la Rúa.

La realidad es que lo que De la Rúa les decía, cuando lo visitaban con esas ideas, era lo mismo que yo les había explicado en mi despacho. Él, de ninguna manera iba a permitir que en lugar de completar la reestructuración ordenada de la deuda, en la que ya habíamos avanzado por el 50% del capital, se declarara el default generalizado de todas las deudas, públicas y privadas, externa e interna, porque la pesificación compulsiva que ellos proponían era, precisamente, el peor default imaginable.

La desazón de De la Rúa derivaba de la incomprensión que observaba en los dirigentes políticos que le hacían esos planteos, en especial de la de quienes pertenecían a su mismo partido. Y porque además veía cómo se anteponían los intereses políticos personales por arriba de los intereses del país. Recuerdo la angustia que le causó la negativa de Duhalde a concurrir al diálogo político con el argumento de que De la Rúa había osado invitar a Carlos Menem, que era ni mas ni menos, el Presidente del Partido Justicialista. Nuevamente, la competencia y los celos de Duhalde con Menem, que tanto daño le habían hecho al país desde 1997, se constituía en un impedimento para el diálogo en un momento extremadamente crítico.

Con respecto a las protestas callejeras, era harto conocido que las promovían dirigentes de la provincia de Buenos Aires que luego integraron la Secretaría de Seguridad durante la presidencia de Duhalde. Mi familia había sufrido ese tipo de protesta en oportunidad del casamiento de mi hija en el mes de julio de 2001 y habíamos constatado que de ese lado venían los ataques.

Yo espero que cuando se escriba la historia objetiva de este período, quede absolutamente claro que la postura de De la Rúa, de negarse a implementar las medidas que le recomendaban los promotores del autodenominado ¨Movimiento Productivo Argentino¨, fue un acto de sensatez que, de haber prevalecido, hubiera evitado la tragedia del 2002, puerta de entrada al período más aciago de la historia reciente de la Argentina: los 12 años de Kirchnerismo.


Murió un patriota injustamente denostado

El 4 de enero de este año, cuando recibí la noticia de que Fernando De la Rúa había sido internado en grave estado de salud, sentí la necesidad de expresar que los comentaristas políticos y económicos y, en particular, los dirigentes políticos, habían sido muy injustos con él.

Hoy, ante su fallecimiento, además de expresar mis condolencias a su familia, quiero reiterar mi reconocimiento a su lucha por el bienestar de los Argentinos.

Yo soy testigo de que en los momentos más difíciles de su gestión, estuvo dispuesto a lo máximos sacrificios personales antes que resignarse a cargar sobre las espaldas del pueblo las demandas de los poderosos intereses que boicoteaban su gestión. Eran los intereses de quienes querían resolver sus problemas de endeudamiento, apelando a un golpe devaluatorio e inflacionario como el que consiguieron luego de forzarlo a renunciar.

Los acontecimientos políticos y económicos que se estan viviendo al momento de su muerte, ayudarán a valorar sus esfuerzos. Hoy, como a fines de 2001, existen fuertes intereses económicos y políticos que buscan provocar otra explosión como la enero de 2002. Espero que quienes apoyan desde la política al Presidente Macri, no le hagan el vacío que le hicieron a Fernando de La Rúa en el segundo semestre de 2001.

Cuando se escriba la historia objetiva de esta época, Fernando De la Rúa será reinvindicado y se concluirá que el golpe institucional que lo sacó del poder abrió las puertas a un período aciago de nuestra historia. Período del que se terminará de salir, sólo si la gestión del Presidente Macri logra los apoyos que, lamentablemente, le fueron negados a De la Rúa.

Eliminar el sesgo anti- exportador de la economía será clave para que la re-activación sea el inicio de un proceso de crecimiento.

Durante junio la inflación siguió cediendo, y ya se ubica por debajo del 3 % mensual. Con el precio del dólar prácticamente estabilizado en torno a los 44 pesos, la inflación debería seguir bajando en los próximos meses.

Los indicadores del nivel de actividad, así como los datos sobre empleo, sugieren que en el primer trimestre de 2019 la economía real tocó fondo, pero no hay indicios de que se produzca una reactivación significativa a partir del tercer trimestre. Es posible que la reactivación se observe con más claridad en el cuarto trimestre, especialmente si las PASO y las encuestas previas a la primera ronda de la elección presidencial, sugieren que el Presidente Macri resultará reelecto. Si continúa la incertidumbre y existe probabilidad de que triunfe la fórmula Fernández-Cristina, se acentuará el clima de estanflación.

Ahora que los economistas vinculados a los diferentes candidatos han comenzado a hablar de lo que el futuro gobierno debería hacer para lograr estabilidad y crecimiento, se están escuchando advertencias sobre el riesgo de que se produzca un atraso cambiario de raíz electoral.

El argumento es el siguiente: como se sabe que la estabilidad cambiaria produce en el corto plazo un cierto efecto estabilizador y re-activador del mercado interno, se concluye que el gobierno generará un nuevo atraso cambiario para tener más chances de ganar la elección. Si ello ocurre, se argumenta que no será posible que la re-activación ensamble naturalmente con un proceso sostenido de crecimiento. Enseguida aparecería la tradicional restricción externa por insuficiente aumento de las exportaciones, característica de los 70s y 80s.

Este dilema, aparentemente muy desalentador, se puede resolver si el gobierno que asuma el 10 de diciembre advierte que la causa del retroceso de las exportaciones industriales no es el atraso cambiario sino el sesgo anti exportador de la economía argentina, sesgo que se acentuó por las medidas fiscales que debieron tomarse a partir del año 2018 para avanzar hacia el equilibrio fiscal.

Sorprende que en las discusiones sobre las reformas estructurales que son imprescindibles, los economistas cercanos al gobierno no enfaticen que la eliminación de cuajo del sesgo anti exportador de la economía deberá ser un pilar fundamental de la futura estrategia de estabilización y crecimiento.

La recesión del mercado interno continúa, pero parece haber tocado fondo en el primer trimestre

En general, si bien la mayoría de los indicadores del cuadro 1 siguen en terreno negativo, las caídas con respecto al mismo mes del año anterior son para abril y mayo inferiores a las registradas para los tres primeros meses del año, Por ejemplo, el estimador mensual de actividad económica del INDEC registra para abril una caída del 1,3%, mucho más baja que la del 4,6% registrado en el primer trimestre.

 ¨Exportaciones¨ es el único indicador que está en terreno positivo, especialmente si se observa el 16,5% de aumento de mayo 2019 en comparación con mayo del año anterior, muy superior al aumento del 2,5% entre los primeros cinco meses de 2019 y el mismo período de 2018. Pero un examen desagregado de las exportaciones no permite ser optimista respecto a que este fenómeno sea sostenible.

Las exportaciones de manufacturas están declinando

El aumento observado en las exportaciones se origina en las de productos primarios, de sus manufacturas y de las exportaciones de combustibles y energía. Estos aumentos no se explican por la evolución del tipo de cambio sino por la reversión del fenómeno climático que afectó a las exportaciones agropecuarias durante 2018 así como de las reformas estructurales que el gobierno logró implementar en el sector energético.

Por lo tanto, si el aumento del tipo de cambio real hubiera tenido algún efecto positivo en las exportaciones, el mismo tendría que haberse reflejado en el comportamiento de las exportaciones de manufacturas de origen industrial. Pero, como lo muestra el cuadro 2, estas exportaciones han estado declinando.

La caída de las exportaciones de manufacturas de origen industrial pone de manifiesto que la fuerte devaluación del período abril 2018 a abril de 2019 no tuvo el efecto esperado por quienes argumentan que el tipo de cambio es el principal determinante de la competitividad exportadora del país.

Este resultado no es novedad para mí, ni debería serlo para quienes siguen mis escritos anteriores. Tanto en mi libro ¨Camino a la Estabilidad¨ de 2014, como en ¨Historia Económica de la Argentina¨ de 2018, mostré claras evidencias de que el tipo de cambio real no es el principal determinante de la performance exportadora. Lo señalé también en varios de mis posts en la web ( ver http://www.cavallo.com.ar/el-deterioro-de-la-competitividad-es-estructural/ y http://www.cavallo.com.ar/ajustar-por-inflacion-el-tipo-de-cambio-de-40-pesos-corre-el-riesgo-de-espiralizar-la-inflacion-y-no-ayudara-a-promover-las-exportaciones-de-manera-sostenible/     

La comparación de las columnas del cuadro 2 que registran las variaciones anuales en las exportaciones a precios corrientes y a precios constantes en los sucesivos períodos (1989-2001 con convertibilidad, 2002-2015 con un tipo de cambio promedio bastante más alto que el de la convertibilidad y 2016-2018 con un tipo de cambio real parecido al del período 2002-2015), pone de manifiesto que la mejor performance exportadora, para todos los rubros, se produjo en el período de la convertibilidad (1989-2001).

El crecimiento de las exportaciones durante el período 2002-2015 fue significativamente inferior al del período de la convertibilidad. Durante los tres años del gobierno de Macri, 2016 a 2018, se produjo una tenue recuperación con respecto a los años del Kirchnerismo, salvo en lo que respecta a las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario que sufrieron los efectos de la sequía de 2018, fenómeno que se está revirtiendo rápidamente en 2019, tal como lo muestran los porcentajes de variación durante los primeros 5 meses y, en particular, para el mes de mayo.

Argumento equivocado

A pesar de estas claras evidencias de que el tipo de cambio real no es el determinante fundamental de la performance exportadora, el principal argumento de quienes temen que se produzca un atraso cambiario de raíz electoral, sigue siendo que se necesitarán nuevas fuertes devaluaciones luego de las elecciones para alentar el aumento de las exportaciones.

Este razonamiento es equivocado porque no advierte que el gran problema que afecta a las exportaciones no es el atraso cambiario sino el fuerte sesgo anti-exportador que caracteriza a la economía argentina desde 2002 y que se ha acentuado durante el año 2018 y lo que va del 2019.

En mi post del 1 de junio, argumenté que no hay indicio de atraso cambiario. Pero admitido que por ahora ello es así, ¿Cómo se logrará que, durante 2020 y en los años siguientes, la continuidad de la política de estabilización, basada seguramente en la estabilidad del tipo de cambio nominal, permita ensamblar la re-activación del mercado interno con el aumento vigoroso de las exportaciones?

La eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es la única herramienta disponible para que un futuro plan de estabilización y crecimiento logre empalmar la re-activación del mercado interno con el aumento vigoroso de las exportaciones.

Las causas del sesgo anti exportador de la economía

El sesgo anti exportador se origina en impuestos distorsivos que crean una brecha entre el tipo de cambio efectivo con el que se remunera a las exportaciones y el tipo de cambio efectivo con el que se protege a la sustitución de importaciones y permite el aumento de los costos de la producción exportable.

Los impuestos distorsivos que explican el sesgo anti exportador son: las retenciones a las exportaciones; los altos aranceles de importación; las restricciones cuantitativas a las importaciones; y los impuestos indirectos, especialmente impuesto a los ingresos brutos, a las transacciones financieras y los que se aplican sobre la nómina salarial. Todos estos impuestos en lugar de disminuir, han estado aumentando desde 2002 en adelante y ese aumento se acentuó a partir del año 2018 con motivo de las medidas impositivas destinadas a cerrar la brecha fiscal.

Los reintegros y reembolsos de exportación fueron el instrumento utilizado durante toda la década del 90 para compensar la incidencia de los impuestos indirectos que no se habían logrado eliminar totalmente en aquella época, pero que eran mucho más bajos que los que existen en la actualidad. Pero desde 2002 en adelante, se fueron reduciendo y a partir de 2018, han sido, prácticamente, eliminados.

La eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es clave para el crecimiento

En mi post del 1 de junio, expliqué los cambios en la política monetaria que permitirían convencer a los operadores económicos que, en el contexto de un plan de crecimiento con las reformas estructurales imprescindibles, el régimen monetario evolucionará en la dirección del sistema bimonetario que tanto éxito ha tenido en países como Perú y Uruguay. O, como lo quieren los que son definitivamente pesimistas sobre la habilidad del Banco Central para implementar políticas anti-inflacionarias capaces de sostenerse en el tiempo, hacia la dolarización completa de la economía.

En este post deseo recalcar que la eliminación de cuajo del sesgo anti exportador es la reforma estructural que no puede demorarse, si es que se quiere empalmar la posible re-activación de los próximos trimestres con el crecimiento vigoroso de las exportaciones, imprescindibles para asegurar un crecimiento sostenido de toda la economía a partir de 2020.

El anuncio del acuerdo de asociación estratégica Mercosur-Unión Europea es auspicioso

Sin lugar a dudas, el acuerdo logrado el 28 de junio entre los negociadores del Mercosur y los de la Unión Europea es auspicioso y tendrá efectos muy positivos para el crecimiento a mediano y largo plazo.

Si bien la implementación del acuerdo puede aún demorar dos años, la perspectiva de que nuestro país dé pasos importantes en la dirección de integrar cada vez más su economía a la del mundo, puede ayudar a aumentar la inversión directa, especialmente si, a partir de 2020, se adoptan medidas internas que eliminen el sesgo anti-exportador de la economía.

La reacción de Alberto Fernandez, que argumentó que el acuerdo es una ¨mala noticia¨, es un reflejo del condicionamiento al que está sometido por el kirchnerismo en materia de política exterior y de política económica. Su comentario se produjo dos horas después de que, seguramente sin consultarlo, Axel Kicillof caracterizara al acuerdo como una ¨tragedia¨ y que Pino Solanas hablara de ¨un día negro para los intereses nacionales¨.

Estoy seguro que, si Alberto Fernandez tuviera espacio para imponer sus propias ideas y no se sintiera obligado a replicar las del kirchnerismo, su valoración del acuerdo Mercosur-Unión Europea sería diferente.

Estas declaraciones de Alberto Fernandez no ayudan a despejar el horizonte del riesgo de explosión inflacionaria y de default de la deuda externa para el caso de un triunfo de la fórmula Fernandez-Cristina, por más vocación negociadora con el FMI que el principal candidato opositor se empeñe en demostrar.

Macri y Pichetto deberían leer los escritos de Diana Ferraro

También deberían hacerlo Peña y Durán Barba. Y, por supuesto, los activos libertarios que bregan por la primacía de la libertad como valor de la sociedad organizada.

Diana viene predicando desde hace, al menos, 18 años, la propuesta política que ahora parece estar naciendo. Sus ideas están muy bien reflejadas en su libro “El peronismo liberal y la Argentina: Bases de gobierno”, publicado en Amazon Kindle y dedicado a explorar los resultados que pueden esperarse de una colaboración estrecha entre el peronismo y el liberalismo.

Yo no estoy en condiciones de predecir que la apuesta política que han hecho Macri y Picheto producirá todos los beneficios para la Argentina que ella describe con la elocuencia de una intelectual que maneja muy bien no sólo el lenguaje, sino unas ideas claras de los aportes del peronismo y del liberalismo pueden hacer por el progreso y el bienestar de los argentinos.

Pero si existe alguna posibilidad de éxito, seguramente será por las razones que ella brinda en su libro reciente y en los posts que desde 2005 viene publicando en su blog. Es probable que algunos seguidores de mi blog los hayan leído. Sugerir esa lectura fue el propósito de incluir en el mío, el link a Diana Ferraro

Para facilitar la lectura de la parte de su libro más relevante para interpretar las posibilidades de la unión Macri-Picheto, me permito transcribirlo a continuación.

“Entre las tantas fantasías remanentes del pasado que continúan actuando en la definición e interpretación de todo aquello que es o se quiere ver como peronista, la consolidada oposición peronista-liberal se sigue destacando e imposibilitando nuevos razonamientos que tiendan a unir a las dos corrientes tradicionalmente contrapuestas.

“Se trate de un peronista o de un liberal y a menos que esa persona haya convenientemente filtrado su opinión a través de una información educada y  una visión desprejuiciada de la realidad, lo más probable es que oigamos expresiones que definan al peronismo y al liberalismo como filosofías tan opuestas como el agua y el aceite, y, desde luego, como el bien o el mal para el país, alternando cada ideal en el rol del destructor o del benefactor según quien lo proponga.”


Desde luego, se trata de dos filosofías con diferentes orígenes, con diferentes expresiones políticas y, sobre todo, con contextos históricos y objetivos diferentes. En la Argentina, sin embargo, ambos idearios se contradicen mucho menos de lo que muchos quisieran creer: el peronismo histórico, con su estatismo pudo haber contradicho en su etapa revolucionaria post-Segunda Guerra Mundial a un liberalismo cuya base doctrinaria es la libertad, tanto de los individuos como de las instituciones y empresas, para regirse por sí mismos sin la tutela del Estado. El peronismo, sin duda, fue antiliberal en esta etapa y, más aún, explícitamente opuesto a los países que como Inglaterra y los Estados Unidos representaban al liberalismo en el mundo. Esta oposición, fundamentada durante la etapa revolucionaria, fue muy específica: Inglaterra aún dominaba todos los sectores de la economía y las finanzas en nuestro país y una revolución de ascenso popular como la que proponía Perón no estaba en sus planes, ni en los de unos Estados Unidos que quizá hubieran sido más laxos de no mediar sus propios compromisos con Inglaterra. La historia sucedió de ese modo y, para muchos liberales, esta actitud de Perón resulta aún imperdonable del mismo modo que para los peronistas resulta inimaginable aún hoy una clara amistad o incluso sociedad—como la que se proponía en tiempos del ALCA—con los Estados Unidos y, ni qué decir, con Inglaterra, con todas las heridas de las Malvinas aún abiertas.”


“Este pesadísimo lastre histórico ciega hasta el día de hoy a ambos bandos, aunque el mundo y las necesidades argentinas hayan cambiado drásticamente. Aunque en los tiempos de Carlos Menem y Domingo Cavallo, mucho se reparó, demostrando que las afinidades eran posibles y beneficiosas para el país, la torpeza de los años kirchneristas, rescatando del pasado la vieja enemistad y el arraigado odio de unos por otros, volvió la historia para atrás.”


“El hecho real es que la historia del mundo, al volverse éste totalmente interconectado por la tecnología y la facilidad del comercio, caminó en dirección a una organización regida, en primera instancia, por la diseminación global de las democracias representativas y de las economías de libre mercado. El aparente reciente paso atrás de esta tendencia con el resurgir de los nacionalismos intervencionistas no es más que una explosiva reacción destinada a fracasar ya que no se puede combatir la cada día más creciente interconexión e interdependencia. Por lo tanto, el peronismo que ya supo ser liberal en los años 90, no tiene otra solución, si de verdad cree en el bienestar y la prosperidad de los argentinos, que aceptar el marco global de referencia que es liberal y adaptarse a éste.”


Tal vez a los resentidos liberales que preferirían que todo peronismo desapareciese  del mapa, les agrade por su parte revisar el tipo de comunidad que el General Perón visualizaba en su libro La Comunidad Organizada, compuesta por individuos libres, organizados libremente y fuera de toda tutela del Estado, interesados tanto en su propia felicidad como en la felicidad de la comunidad. Quizá sea esa la única gran diferencia, después de todo, entre el peronismo real—el profundo, el desprendido de los avatares revolucionarios de sus inicios—y el liberalismo: mientras el peronismo, fiel a su origen cristiano,  no puede imaginar al individuo sin su dimensión comunitaria (“Un ser humano no puede realizarse dentro de una comunidad que no se realiza” Gral. Perón 1973), el liberalismo cree más bien en la felicidad individual del hombre, sin que le importe de sus circunstancias otra cosa que la máxima libertad para lograrla.”


Las reyertas del siglo XX, aunque aún pesen en el imaginario colectivo, resultan sin embargo menos importantes que dos realidades que emparentan estrechamente al liberalismo y al peronismo en lo que han hecho por la grandeza de la Argentina. Debemos al liberalismo del siglo XIX y a la exótica condición argentina de colonia informal del Imperio Británico, única en Latinoamérica, con la excepción de Uruguay, el asombroso desarrollo alcanzado hasta el final de la década de 1920. Ese descomunal progreso que se cita tan a menudo, recordando la expresión habitual en Europa “Rico como un argentino” y nuestro desarrollo semejante al de las otras prósperas colonias inglesas como Australia, Canadá y Nueva Zelanda fue, en efecto, admirable.”


Pero, debemos al peronismo la otra cara de la grandeza: el progreso como pueblo en la también admirable y asombrosa gigantesca clase media, única en Latinoamérica, consciente de sus derechos y embarcada en un seguro ascenso social por medio del trabajo. Ambos movimientos hicieron de la Argentina un país excepcional y único en Latinoamérica, pero también la lucha interminable entre ambos, hasta los años 90, hicieron de la Argentina el fracaso que hoy es, un fracaso sólo redimible aceptando lo que cada uno ha hecho por el país y recuperando lo que en los 90 se demostró no sólo era posible sino que representaba la única solución estable para el progreso de la Nación y la estabilidad del pueblo: la unión de las dos grandes tradiciones para el bien común. La tan proclamada unidad nacional por la que todos juran no es nunca, sin embargo—con la excepción de los años 90—expresada claramente como la unión de estos dos específicos opuestos: el liberalismo y el peronismo.


Si el peronismo debe aceptar la realidad global liberal e incluirla en toda organización de la economía, el liberalismo debe hacer el trabajo complementario de aceptar a los sindicatos, base de la más genuina organización peronista para la defensa y progreso de los trabajadores, como socios actualizados y no como enemigos.”


La síntesis de una macroeconomía a tono con la economía global, de una economía de libre mercado y de un sindicalismo con la misma misión pero con instrumentos compatibles y complementarios de esa economía global, puede no sólo hacer regresar el armónico clima de los años 90 sino sentar bases aún más sólidas para un mayor crecimiento y un mayor despliegue de las clases medias en su ascenso.”


Los opuestos, al unirse una vez más como durante la larga década de los 90, retomarán así la senda perdida con las enmiendas necesarias y, si la alianza está bien comprendida y aceptada en su razón histórica por la mayoría de la población, la Argentina no deberá ya jamás temer por su futuro ni por su lugar en el mundo. Volverá a tener aquel futuro promisorio que los hermanos opuestos, de un modo u otro, soñaron.”


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