En el post anterior describí la gestión de la deuda desde el inicio del gobierno de Menem hasta el final del gobierno de Cristina Kirchner. Ahora quiero demostrar que la presidente estuvo muy mal informada o actuó con mala intención, cuando atribuyó el triunfo de los buitres al Megacanje de 2001 y, en general, a la gestión de la deuda durante los años del gobierno de la Alianza.

Nada más inexacto. Como ya expliqué, el gran aumento de la deuda instrumentada en forma de bonos globales y letras colocadas en el exterior se produjo en los tres últimos años de la gestión del Presidente Menem. Durante esos años también se endeudaron las provincias con los bancos locales en medio de la competencia entre Menem y Duhalde por la candidatura presidencial del Peronismo para la elección de 1999. Durante el año 2000 y el primer trimestre de 2001, el gobierno de De la Rúa no tuvo otra alternativa que seguir colocando deuda en los mercados porque en esos trimestres había fuertes vencimientos de capital y además existía un déficit fiscal que también venía de la gestión anterior.

Desde que yo entré en el gobierno de De la Rúa en marzo de 2001, trabajamos  para evitar un default y dejar bien re-estructurada la deuda, de tal forma de disminuir significativamente la factura de intereses, tanto de la Nación como de las Provincias y descongestionar los tres años siguientes de amortizaciones de capital. Quisimos aventar el riesgo de default desordenado. Lea el resto de este mensaje »

Cuando asumió Carlos Menem como Presidente de la Nación, en 1989, la deuda pública ascendía a 92 mil cuatrocientos millones de dólares, de los cuales estaban registrados 63 mil setecientos millones y pendientes de registración otros 28 mil setecientos millones. La deuda por préstamos sindicados con bancos del exterior estaba en default desde 1988, la ejecución de muchas sentencias judiciales en favor de los jubilados había sido suspendida por decreto y existían numerosos juicios de jubilados, proveedores y provincias pendientes de resolución.

Durante el período en que acompañé al Presidente Menem, primero como Canciller y luego como Ministro de Economía, logramos consolidar y refinanciar toda la deuda no registrada (a través del régimen de consolidación de pasivos, ley 23.982) y re-estructurar la deuda que estaba en default (a través del Plan Brady). Conseguimos financiamiento de organismos multilaterales para atender los vencimientos y financiar el déficit fiscal que se produjo desde el año 1995 a causa de la Crisis Tequila. Al cabo de esos siete años, la deuda pública (neta de activos financieros) no  aumentó . En realidad declinó ligeramente. Al final del año 1996, ascendía a 91 mil seiscientos millones de dólares.

Durante esos siete años, la composición de la deuda por tipo de instrumento y prestamista cambió mucho. Aumentó la deuda con los organismos financieros multilaterales, especialmente con el FMI. Este financiamiento se consiguió a tasas bajas de interés, del orden del 4 % anual. Desapareció la deuda por préstamos sindicados (que había sido la fuente de financiamiento de los años 70s y 80s y devengaban intereses del orden del 10% anual) y aparecieron los Bonos Brady, que pagaban una tasa de interés del 6.25 % anual, además de haberse iniciado con una quita en el capital de 35 %. Aparecieron los Bocones (bonos de consolidación de deudas previsionales, con proveedores y de regalías hidrocarburíferas) que devengaban un interés semejante al de los Bonos Brady y en 1993 se comenzaron a colocar, en forma lenta, bonos globales y letras externas en distintas monedas y con tasas de interés del orden del 10 % anual. De este tipo de deuda se alcanzó a colocar alrededor de 17 mil quinientos millones de dólares. El monto de intereses pagados por la deuda pública durante 1996 ascendió a 4 mil cien millones de dólares. Lea el resto de este mensaje »

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