Entusiasmada por la reactivación del consumo, el ala política del gobierno no parece preocupada por la inflación y el riesgo de un nuevo default

El año termina con más inflación en diciembre que en noviembre y con el precio del dólar en el mercado paralelo a niveles records. La tasa de riesgo país sigue en un nivel que presagia un default de la deuda reestructurada. No hay seguridad de que pueda lograrse un acuerdo con el FMI antes del vencimiento de capital del mes de marzo.

Pero los principales políticos del gobierno, entusiasmados con el ritmo del nivel de actividad económica, especialmente el del consumo, que, luego de la fuerte caída durante 2020, logra restablecer el nivel del año 2019, parecen decididos a seguir con el mismo tipo de manejo económico que vienen sosteniendo desde diciembre de 2019, prácticamente un espejo de lo que fue el manejo económico en el segundo período presidencial de Cristina Kirchner. No parecen preocupados por la elevada inflación y mucho menos reclaman al equipo económico algún tipo de estrategia estabilizadora. El razonamiento oficial predominante es que debe priorizarse la expansión de la demanda interna aun cuando ello signifique que la inflación aumente.

El Ministro Guzmán y el Presidente del Banco Central están preocupados por la inflación, por la brecha cambiaria y por el riesgo país, pero no porque se lo demande el ala política del gobierno sino porque de no encontrar la forma de explicarle al FMI que estos tres problemas van a ser enfrentados y resueltos, aunque más no sea, de manera tendencial, será difícil llegar a un acuerdo que permita evitar el pago de la cuota de capital que vence en marzo.

Sin embargo, al ala política no le preocupa que el país pueda caer en atrasos (“arrears”) con el FMI por dos razones. Primero, porque ayudaría a su discurso de echarle la culpa a Macri por el endeudamiento con esa institución y segundo, porque piensa que la economía puede crecer sin acceso al crédito externo. Utilizan como argumento que eso es lo que ocurrió durante los gobiernos de Néstor y Cristina.

Lo que los políticos del gobierno no advierten es que, en un contexto de alta y creciente inflación, la reactivación de la economía encontrará muy pronto un límite, se acentuarán los conflictos distributivos y la brecha cambiaria será una alerta cada vez más elocuente del peligro de un Rodrigazo como el de 1975.

El ajuste ¨sin sacrificio¨ por el que brega el Ministro Guzmán

El ministro Guzmán intenta convencer al staff del FMI que con aumento segmentado de tarifas para la energía eléctrica y, posiblemente, para el gas natural, logrará una reducción y el aumento de la recaudación por reactivación económica, aumento de tasas impositivas y creación de nuevos impuestos va a lograr reducir el déficit fiscal primario a no más del 2,5% del PBI. Al no contemplar otras reducciones del gasto público en términos reales, lo que el staff del FMI sospecha, como la mayoría de los economistas profesionales del mercado, es que el ajuste fiscal se terminará produciendo porque la inflación superará a los aumentos nominales de salarios y jubilaciones, lo que, muy probablemente, acentúe la puja distributiva que ya se observa en el horizonte.

El ¨contorsionismo¨ del Presidente del Banco Central

El comunicado del Banco Central que se transcribe a continuación, confirma casi todas las previsiones que habíamos hecho en nuestro informe anterior. La tasa de ajuste del tipo de cambio tenderá a ser igual a la tasa de inflación y la expansión monetaria será la que asegure que en términos reales la liquidez acompañará al crecimiento real de la economía. Esto significa que la política monetaria no proveerá a la economía de un ancla nominal.

Seguramente, el gobierno seguirá intentando controlar la tasa de inflación con controles de precios y manejo de las tarifas de los servicios públicos. Dado que cada vez hay mayor cantidad de evidencias de que los controles de precios no funcionan y que la capacidad de atrasar el precio de los servicios públicos ya estará severamente limitada por la necesidad de reducir el monto de los subsidios económicos, lo más probable es que la inflación inercial ponga como límite inferior el 50% anual del año 2021. Por arriba de la inflación inercial operará la puja distributiva porque seguramente los sindicatos y los movimientos sociales no aceptarán que sus ingresos se sigan deteriorando en términos del poder adquisitivo.

El Banco Central promete manejar las tasas de interés de tal forma que resulten positivas en términos reales y, al mismo tiempo, dice que tratará que aumente el crédito al sector privado. Es difícil imaginar un manejo monetario que permita conseguir estos dos objetivos, más el de hacer que la expansión monetaria asegure el mantenimiento de la liquidez al ritmo del crecimiento real de la economía.

Sólo un ajuste fiscal significativo evitará que se espiralice la inflación. Si el ajuste fiscal no es explícito y ejecutado por el lado del gasto, seguramente requerirá una tasa de inflación más alta que la de 2021 para licuar salarios y el gasto público. Si la resistencia de los beneficiarios del gasto público no permite que el ajuste opere por vía de la tasa de inflación, es decir, se el gasto público en términos reales se torna totalmente inflexible a la baja, la inflación puede acelerarse de manera muy peligrosa y terminar en un Rodrigazo como el de 1975. La brecha cambiaria será el indicador más elocuente de en qué medida este riesgo aumenta o disminuye.

En este contexto político y económico, el crecimiento sostenido es una quimera

Además de que la reactivación de la demanda interna encontrará un techo por el estancamiento de la capacidad productiva que ya lleva 10 años y se acentuó en los dos últimos por ausencia total de inversiones, existen riegos de eventos adversos en el contexto externo tales como el descenso de los precios de las commodities y la recesión en Brasil. Tampoco se puede contar con que el clima acompañará a la producción agrícola como lo ha hecho en los dos últimos años.

Pero lo que más atentará contra la sostenibilidad del crecimiento es la enorme cantidad de distorsiones en los precios relativos que surgen de los controles de cambio y de precios, de las crecientes regulaciones anti productivas que sanciona el gobierno, de la enorme presión impositiva que debe soportar el sector privado formal y de la ausencia total de crédito público y privado por desconfianza e inseguridad jurídica.

Que deje de ser una quimera a partir de 2024 dependerá de cuan bien diagnostique la situación y que tan preparado para producir cambios muy importantes en la organización económica esté el gobierno que vaya a suceder al actual.

Un muy buen reportaje que me hizo Martín Kanenguiser para Infobae

Si quieren ver el vídeo, acá les dejo el link. Si prefieren leer la nota, la transcribo a continuación.

https://www.infobae.com/reportajes/2021/12/27/cavallo-20-anos-despues-del-2001-duhalde-y-alfonsin-fueron-instrumentos-del-lobby-pesificador-y-devaluador/

Cavallo, 20 años después del 2001: “Duhalde y Alfonsín fueron instrumentos del lobby pesificador y devaluador”

El ex ministro de Economía afirma frente a Infobae que hubo “un golpe institucional” y que hoy la situación es mucho peor: “Hace 10 años que estamos en estanflación”

El ex ministro de Economía afirma frente a Infobae que hubo “un golpe institucional” y que hoy la situación es mucho peor: “Hace 10 años que estamos en estanflación”

Veinte años después de que lo forzaran a renunciar como ministro de Economía, Domingo Cavallo está convencido de que “la estrategia de pedir mi renuncia era para provocar la caída del gobierno de (Fernando) De la Rúa. Porque, obviamente, en esos últimos meses las decisiones que tomaba De la Rúa eran en base a mi consejo. Y yo era el que estaba llevando las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional e incluso con los diferentes dirigentes políticos”.

Cavallo apunta a dos de los principales políticos, uno peronista y otro radical, ambos bonaerenses: Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín: “Sin dudas que ellos dos, Duhalde, pero con apoyo de Alfonsín, pero fundamentalmente instrumentados por el lobby pesificador y devaluador de la Argentina, impulsaron o vieron con buenos ojos que el gobierno de De la Rúa terminara como terminó”.

“Fue un golpe institucional”, sostiene. “Comenzó en realidad en la provincia de Buenos Aires porque el gran desequilibrio fiscal y el problema de endeudamiento que había en ese momento tenían mucho que ver con el mal manejo que había hecho precisamente Duhalde en la provincia de Buenos Aires. Y lamentablemente la actitud también del radicalismo de la provincia de Buenos Aires hacía muy difícil equilibrar las cuentas en Buenos Aires”.

En su opinión, hoy, veinte años después, estamos “mucho peor porque la crisis del 2001 fue una crisis de circunstancias internacionales desfavorables, de exceso de gastos de las provincias y de endeudamiento de las provincias, que había creado un problema fiscal que generó una crisis financiera, pero la economía estaba bien organizada; era una economía que no tenía inflación, era una economía que estaba bien capitalizada, había ahorros privados y públicos disponibles para financiar futuras inversiones cuando se normalizara la situación. Hoy es terrible la situación en la que estamos porque se ha reinstalado la inflación, que es un problema muy grave. Y para colmo una inflación acompañada por recesiones sucesivas y estancamiento de la economía. Hace 10 años que estamos con una estanflación que cada vez se va agravando más”.

Cavallo afirma que, antes de que se desatara la gran crisis de diciembre del 2001, también él fue tentado por “un grupo de grandes endeudados en dólares” que propiciaban la devaluación y la pesificación de la economía: “Venían a hablar conmigo y me proponían eso, y yo los sacaba vendiendo almanaques porque yo veía que eso perjudicaba tremendamente a toda la población, a los jubilados, a los trabajadores públicos/privados, y que iba a producir un aumento de la pobreza y una mayor recesión”.

Cavallo, un economista cordobés que había creado en 1991 un plan llamado Convertibilidad, que anclaba la economía nacional al dólar, asegura que en marzo de 2001, cuando volvió al ministerio de Economía, todavía era posible evitar la devaluación y, más aún, la pesificación, a pesar de los problemas de recesión, desempleo y pobreza que se verificaban desde hacía tres años por lo menos: “Sabía que había habido problemas, sobre todo desajustes fiscales, y además estábamos en una coyuntura internacional muy, muy desfavorable, pero yo entendía que con un trabajo adecuado con la dirigencia argentina podíamos salir adelante”Domingo F. Cavallo y el presidente Fernando de la Rúa

—Vamos directo al día de su renuncia: el jueves 20 de diciembre de 2001 a la madrugada, trascendió que usted había renunciado. ‘Recuerda aquel momento?

—Era la una de la mañana. Yo había visto por televisión que habían anunciado mi renuncia ahí frente a la gente que estaba en la Plaza de Mayo. Creo que lo hicieron pensando que eso llevaba a que la gente se dispersara. Y yo lo llamé al Presidente, que estaba en Olivos y me dijo: “No, no, de ninguna manera. Yo necesito que me sigas acompañando. Son momentos difíciles”. Yo dije: “Bueno, avisame qué es lo que querés que haga”. Después a eso de las 6:30, 7 de la mañana, me llamó Armando Caro Figueroa, que estaba estrechamente ligado a mí, era el vicejefe de Gabinete, y me dice que, lamentablemente, habían concluido que yo tenía que renunciar. Se ve que el Presidente le había dicho que me llamara. Yo presenté la renuncia y, como había mucha gente abajo en mi casa, logré salir con el auto sin que me vieran y fui a la casa de un amigo en un country y ahí me quedé. Había un montón de noticias ese día de que la gente iba a avanzar sobre los countries y sobre otros lugares de la ciudad. Yo seguí los acontecimientos desde ahí.

—Usted se había convertido en el símbolo de la crisis.

—Yo creo que la estrategia de pedir mi renuncia era para provocar la caída del gobierno de De la Rúa. Porque, obviamente, en esos últimos meses las decisiones que tomaba De la Rúa eran en base a mi consejo. Y yo era el que estaba llevando las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional e incluso con los diferentes dirigentes políticos. Yo me había reunido con Duhalde, con Alfonsín, con De la Sota, con Reutemann, con Menem, explicándoles la importancia de que apoyaran las negociaciones que estábamos haciendo. Les explicaba que el problema central que teníamos era un problema de deuda pública, que habíamos perdido totalmente el crédito, que había que reestructurarla y ya estábamos logrando reestructurar más del 50% con una gran reducción en el costo de intereses, en particular la deuda que tenían las provincias, y también con alargamiento de tres años de todos los plazos de vencimientos. Que solamente nos faltaba hacer una oferta a todos los acreedores que estaban en el exterior, pero que teníamos muy bien preparado un canje de deuda porque habíamos conseguido una cantidad suficiente de bonos ya en manos del Estado que habían sido canjeados para imponer un sistema que se llama Cláusula de Salida Consentida, que iba a obligar a todos los acreedores a presentarse y conceder reducciones de tasa de interés y alargamiento de plazos. Como lo habíamos logrado para los tenedores de bonos aquí en Argentina. En definitiva, estábamos a punto de resolver el problema. Además, eso iba a significar el desembolso pendiente que nos había demorado el Fondo Monetario Internacional, la rehabilitación de un programa que imprudentemente Horst Köhler había anunciado que suspendía, y con esos fondos, íbamos a poder abrir el corralito, y la economía hubiera seguido funcionando normalmente y se hubiera recuperado. Todo esto yo se los explicaba.

—¿Y qué decían ellos?

—Bueno, depende de quién sean ellos. Por ejemplo, Reutemann, De la Sota, Rodríguez Saá, Puerta, todos estaban en actitud de apoyar. Menem también. El que ponía cara de yo no entiendo era Duhalde. Y Alfonsín, yo creo que Alfonsín gozaba con la idea de que todo terminara mal porque yo creo que psicológicamente él pensaba que su gobierno había terminado muy mal y que, en realidad, lo que estaba pasando demostraba que la política de Menem y de la década de los 90, que según él había sido continuada por De la Rúa por equivocación, también estaba terminando muy mal. Y yo creo que a él le parecía bien que terminara mal. No es que yo consideré que él tenía malas intenciones, sino que es una cuestión del posicionamiento psicológico de él.

Una de las imágenes que se vieron en las calles de Buenos Aires durante la grave crisis de 2001 (AFP PHOTO/Daniel GARCIA)

—La respuesta que usted me hace surgir una imagen: Alfonsín autor intelectual de la caída de De la Rúa, Duhalde autor material.

—No, yo creo que los actores intelectuales de la caída de De la Rúa fueron los que impulsaban la pesificación. Que después la consiguieron con Duhalde. Ya hacía bastante tiempo que, De Mendiguren como vocero, pero un grupo de grandes endeudados en dólares incluso iban a Washington y hablaban con los funcionarios internacionales y decía, obviamente, que Argentina necesitaba devaluar, pero la devaluación les agravaba el problema de endeudamiento. Entonces empezaron a pensar en la pesificación forzosa de la economía. Venían a hablar conmigo y me proponían eso, y yo los sacaba vendiendo almanaques porque yo veía que eso perjudicaba tremendamente a toda la población, a los jubilados, a los trabajadores públicos/privados, y que iba a producir un aumento de la pobreza y una mayor recesión. Ya veníamos con tres años prácticamente de recesión, íbamos a agravar totalmente la situación.

-¿No era necesaria una devaluación?

-La devaluación teóricamente no iba a corregir ningún problema, iba a agravarlos. Toda la situación financiera se iba a poner más complicada. Pero no, ellos siguieron insistiendo. Yo creo que lo trabajaron fundamentalmente a Duhalde, que con esa teoría que él tenía de la revolución productiva en contra de lo que llamaba la patria financiera creía que por esa vía iba a haber una solución. Por supuesto, no convencían a ningún otro dirigente. Me acuerdo por ejemplo Rodríguez Saá o Puerta o el mismo Ruckauf: nadie se convencía de que eso que proponía De Mendiguren y la Unión Industrial iba a ser una solución. Iba a agravar todo. Yo creo que a Alfonsín nunca le explicaron eso. Alfonsín tenía la idea que él había expresado muchas veces de que un poco de inflación era bueno; representaba ese pensamiento, que es muy arraigado en Argentina, de que la inflación resuelve problemas. La inflación lo único que hace es agravar los problemas. Yo no creo que Alfonsín haya sido el autor intelectual. No, de ninguna manera. Bueno, pero sin dudas que ellos dos, Duhalde pero con apoyo de Alfonsín, pero fundamentalmente instrumentados por el lobby pesificador y devaluador de la Argentina, impulsaron o vieron con buenos ojos que el gobierno de De la Rúa terminara como terminó. Por eso insistían en que me fuera yo del gobierno; ya sabían que, si me iba yo del gobierno, prácticamente el gobierno se iba a caer.

—Usted cree entonces que hubo un golpe institucional.

—Sí, sin dudas. Fue un golpe institucional. Fue un golpe institucional. Mire: comenzó en realidad en la provincia de Buenos Aires porque el gran desequilibrio fiscal y el problema de endeudamiento que había en ese momento tenían mucho que ver con el mal manejo que había hecho precisamente Duhalde en la provincia de Buenos Aires, que había acumulado un déficit tremendo, se había endeudado con el Banco Provincia, se había visto obligado a emitir cuasi dineros y a endeudarse mucho, y le había dejado una situación muy, muy delicada a Ruckauf. Pero también al gobierno nacional porque la provincia de Buenos Aires es tan importante. Y lamentablemente la actitud del radicalismo hacía muy difícil equilibrar las cuentas, que era algo indispensable para avanzar hacia una solución. A punto tal que las modificaciones de leyes a las que se había comprometido de una manera constructiva Ruckauf tuvieron que demorar hasta el 10 de diciembre de 2001 porque recién ahí cambiaba la composición de la Legislatura y se reducía la participación de los radicales que hasta ese momento tenían mayoría. Por supuesto, cuando empezaron a discutir esas leyes los empleados públicos de Buenos Aires rodearon la Legislatura y promovieron disturbios y protestas. Yo creo que ahí Ruckauf, y posiblemente algunos intendentes del Conurbano, se sacaron de encima a esos manifestantes mandándolos hacia la ciudad de Buenos Aires. Creo que a partir de ahí se empezaron a generar las columnas que decidieron venir a la ciudad. Y yo siempre tuve la sospecha, nunca la voy a poder probar, había unos videos que lo demostraban, que la policía de la provincia de Buenos Aires se cruzaba de brazos y facilitaba la acción de los que salían de las columnas y entraban a asaltar a los supermercados chinos. Para mí, el secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, que después fue secretario de Seguridad del gobierno de Duhalde, realmente estuvo detrás de la promoción de todos estos disturbios. Ya ni me acuerdo cómo se llama.

—Juan José Álvarez.

—Juan José Álvarez, sí.

Los saqueos en 2001: «Para mí, el secretario de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, que después fue secretario de Seguridad del gobierno de Duhalde, estuvo detrás de la promoción de todos estos disturbios», dice Cavallo (NA)

—Vamos unos meses hacía atrás. Usted se incorpora al gobierno el 20 de marzo de 2021. Ya había desempleo, pobreza, recesión. ¿Se podía salir de esa situación sin devaluar?

— Sí, por supuesto. Primero, habíamos tenido el 18% de desempleo en la Crisis del Tequila también. Y con las políticas laborales que implementó Armando Caro Figueroa lo habíamos logrado bajar; yo ya no estaba en el gobierno, pero se había bajado a 12%. Recesión: por supuesto, las recesiones comienzan, pero también terminan. La recesión tenía que ver fundamentalmente por la coyuntura internacional y cómo estaba golpeando al país y a la región. Pero eso no se arreglaba con una devaluación, eso requería que cambiará la coyuntura internacional. Que cambió, a mediados del 2002 empezaron a subir los precios de la soja y de los productos y se empezó a debilitar el dólar que había estado demasiado fuerte en esos años. O sea que había soluciones. Además, la economía estaba muy bien capitalizada, se había modernizado mucho, había mejorado muchísimo la infraestructura. Las reglas de juego de la economía eran buenas. No había inflación, al contrario, había deflación, que era un problema, pero no tan grave como la inflación descontrolada.

—Es decir, ¿usted pensaba que podía haber una salida que no fuera una brusca devaluación?

—Yo realmente veía que estábamos en una situación muy, muy crítica. Yo tenía confianza en De la Rúa, a quien conocía desde mucho tiempo atrás, éramos amigos. Y no quería que fracasará el gobierno y que fracasará el país, que se abandonaran todos los refuerzos que habíamos hecho para sacar al país de la hiperinflación, para estabilizarlo, para modernizar su economía. Sabía que había habido problemas, sobre todo desajustes fiscales, y además estábamos en una coyuntura internacional muy, muy desfavorable. Los precios de nuestros productos de exportación estaban por el suelo, pero yo entendía que con un trabajo adecuado con la dirigencia argentina podíamos salir adelante. En los tres primeros meses: abril, mayo, junio del 2001, con la negociación de los planes de competitividad logramos involucrar a los gremios, a los empresarios de los distintos sectores y se produjo una cierta reactivación de la economía. También cumplimos con las metas fiscales acumuladas hasta el 30 de junio, que no habían podido ser cumplidas hasta el 30 de marzo, por eso había tenido que renunciar José Luis Machinea. O sea, los primeros tres meses fueron de un clima adecuado. Pero a partir de julio saltó la crisis de la provincia de Buenos Aires.

-Cuénteme.

-La provincia de Buenos Aires tenía un montón de vencimientos en los bancos. No tenía cómo afrontarlos. Y esa crisis asustó a prácticamente todo el sistema bancario y a los bancos que eran los acreedores. También los grandes depositantes en el sistema bancario identificaron a los bancos que tenían préstamos a la provincia de Buenos Aires y empezaron a retirar los depósitos. Yo quería evitar la crisis de la provincia porque se iba a extender además a todo el país, y ahí trabajamos en forma relativamente constructiva con Ruckauf y sobre todo con quien era presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, una persona muy seria que había sido secretario de Hacienda mío, Ricardo Gutiérrez. Incluso conseguimos apoyo del Fondo Monetario Internacional, aunque condicionado a que reestructuráramos la deuda. Todo eso anduvo más o menos bien hasta el 11 de septiembre, cuando se produce el ataque a las Torres Gemelas y ahí el gobierno de Estados Unidos ya no prestaron atención a los problemas nuestros ni de América del Sur. La vicedirectora del Fondo, Anne Krueger, tuvo la voluntad de encontrar una solución al problema de la reestructuración de la deuda, pero como toda persona muy estructurada pensaba que había que crear un sistema general de reestructuración de deuda soberana. Yo traté de convencerla de que primero encontráramos la forma de reestructurar la deuda de Argentina y, eventualmente, la de Turquía, y con eso se hiciera experiencia. Ella planteó que había que crear un sistema que debía aprobar no la comunidad internacional. Pero a nosotros no nos ayudaba para nada.

—Hubo un almuerzo muy difícil el 7 de diciembre en Nueva York.

—Sí.

—Con la cúpula del Fondo ¿no?

—Así es.

— Donde usted les dijo que de esta manera estaban condenando a la Argentina.

—Les dije con todas las letras: “Nos van a hacer colgar en la Plaza de Mayo ustedes con estas cosas que están haciendo”. Anne Krueger sacó un papelito porque era consciente de que ella había cometido un error en una conferencia de prensa el 23 de noviembre sobre el sistema de reestructuración de deuda soberana. Había dicho: “No se aplica a Argentina”. Pero lo primero que agregó fue: “Un país que va a reestructurar su deuda lo primero que tiene que hacer es poner controles de cambio”. Cuando una economía está dolarizada, como lo estaba la nuestra, controles de cambio significa que no se pueden entregar billetes de dólares de los bancos. O sea que esa decisión nos obligó a poner el corralito porque empezó a haber una corrida contra los dólares que estaban en el sistema bancario. Y entonces el otro, el director gerente del Fondo, Horst Köhler, tomó la excusa del corralito para terminar el programa, pero había sido algo que nos obligaron a hacer ellos.

Anne Krueger opinó sobre la crisis económica en la Argentina de 2001 y Cavallo le dijo: “Nos van a hacer colgar en la Plaza de Mayo ustedes con estas cosas que están haciendo” (Reuters)

—El miércoles 19 de diciembre dirigentes radicales fueron a la Casa Rosada a pedir su renuncia. Usted estaba reunido con el Presidente.

—Sí. Se venía prácticamente todo el Comité Nacional del radicalismo, presidido por Alfonsín, para la Casa Rosada. De la Rúa me dice: “Quedate, los voy a recibir con vos”. Estaban, me acuerdo bien, Alfonsín, (Carlos) Maestro y varios otros dirigentes radicales, estaba también (Leopoldo) Moreau, que era el que más había hecho para deteriorar la imagen del gobierno y a De la Rúa; iban a pedir mi renuncia. En vez de colaborar para sacar el presupuesto, vinieron a pedir mi renuncia. Pero no se animaron porque estaba yo al lado de De la Rúa. Entonces pidieron la renuncia de todo el gabinete.

—¿Qué hizo De la Rúa?

—De la Rúa me dijo: “Explicales la posición en la que estamos”. Yo les expliqué todo esto, lo mismo que estoy explicando ahora: que estábamos a un punto de terminar la reestructuración de la deuda, que al corralito lo íbamos a poder levantar tan pronto el Fondo nos desembolsara lo que estaba pendiente. Miraban y no decían nada. Se fueron y me acuerdo que venían las noticias de que las columnas marchaban hacia Buenos Aires y De la Rúa habló por teléfono con Ruckauf y este le sugirió que declarara el estado de sitio para que pudieran detenerlas. De la Rúa se puso a redactar el decreto de estado de sitio. Buscaba los antecedentes de Alfonsín cuando había declarado el estado de sitio. En ese sentido De la Rúa era muy formalista y, si iba a tomar esa decisión, buscaba los argumentos, los fundamentos. Después de redactar el decreto de estado de sitio, decidió hacer un discurso por cadena nacional diciéndole a la gente que por favor mantuviera la calma. Vi cuando estaba grabando el discurso y decidí irme a mi casa.

—¿Qué paso luego, en su departamento del barrio de Palermo?

—Cuando llegué, al ratito se empezó a juntar gente en el edificio de mi departamento y, por supuesto, estaban todos los vecinos alterados. Mis custodios avisaron que nos quedáramos tranquilos, que ellos estaban protegiendo. Lo llamé al ministro del Interior, pero estaban sobrepasados, obviamente, ya se había acumulado muchísima gente en la Plaza de Mayo. Yo me quedé en mi casa y miraba por la televisión lo que estaba pasando. Ellos creían que el 20 con mi renuncia todo se iba a calmar, y el 20 fue mucho peor que el 19. Ahí apareció todo el tema de los muertos en Plaza de Mayo. Además Maestro, que era el jefe del bloque de senadores del radicalismo, y (Horacio) Pernasetti, el jefe del bloque radical en Diputados, le dijeron que tenía que renunciar. Yo creo que fue realmente un golpe institucional. Y que la motivación era la pesificación lo prueban los hechos siguientes.

—Por lo que dice fue peor hacia De la Rúa la actitud del radicalismo que la del peronismo.

—Bueno, una parte del radicalismo lo boicoteó a De la Rúa. También lo había boicoteado “Chacho” Álvarez cuando presentó su renuncia. Álvarez venía y hablaba conmigo porque él quería que yo me incorporara al gobierno. Incluso. cuando yo finalmente estaba dispuesto a incorporarme en el medio de la crisis, le propuse a De la Rúa que lo volviera al gobierno a Álvarez como jefe de Gabinete. Pero ahí los radicales se opusieron porque lo odiaban. Estaban peleados no con todo el Frepaso porque Graciela Fernández Meijide tenía una actitud muy positiva. Pero “Chacho” Álvarez había sido en realidad muy irresponsable.

—Y ahí llegan las renuncias…

—Con relación a los radicales, la mitad de los ministros y secretarios del radicalismo le renunció a De la Rúa cuando nombraron a (Ricardo) López Murphy en Economía. En realidad, De la Rúa pensó que yo podía ser jefe de Gabinete. Tenía un jefe de Gabinete que le era totalmente desleal que era (Chrystian) Colombo. Mi idea era mantenerlo a López Murphy como ministro. Además, tenía una muy buena ministra de Seguridad Social, que era Patricia Bullrich. Tenía buenos elementos en el gabinete. Pero, ¿qué ocurrió? Los radicales querían que yo fuera ministro de Economía y mantener a Colombo como jefe de Gabinete. Ahí yo me equivoqué porque tendría que haber advertido que era una trampa; que los radicales, que a mí me odiaban, y querían en realidad voltearlo a De la Rúa. Obviamente que el radicalismo jugó muy mal hacia De la Rúa. No sólo… Por ejemplo, otra gran desestabilizadora, lamentablemente, en ese período fue la señora (Lilita) Carrió, que era radical.

— ¿Por qué dice eso?

—Y porque ella había empezado a atacar al Banco de Galicia y a los bancos en general y se había enredado en eso de que había habido una gran fuga de capitales promovida por los bancos. Trajo unas cajas del Senado de Estados Unidos que según ella tenían la matriz de la corrupción. Y todo eso contribuyó a la sensación de inestabilidad financiera. Y era una dirigente del partido radical. ¡Para qué decirle Leopoldo Moreau! Leopoldo Moreau era tremendo como trabajaba en contra del gobierno de De la Rúa.

a pobreza que hoy tenemos fue la pobreza que se produjo en el año 2002 como consecuencia de la pesificación y de la brutal devaluación» (Foto: Cristian Gastón Taylor)

—A veinte años de aquella crisis, ¿estamos mejor o peor?

— Mucho peor. Mucho peor. Mucho peor porque la crisis del 2001 fue una crisis de circunstancias internacionales desfavorables, de exceso de gastos de las provincias y de endeudamiento de las provincias, que había creado un problema fiscal que generó una crisis financiera, pero la economía estaba bien organizada; era una economía que no tenía inflación, era una economía que estaba bien capitalizada, había ahorros privados y públicos disponibles para financiar futuras inversiones cuando se normalizara la situación. Es decir, no estábamos en una situación de desorganización económica.

—¿Y hoy lo estamos?

—Hoy es terrible la situación en la que estamos porque se ha reinstalado la inflación, que es un problema muy grave. Y para colmo una inflación acompañada por recesiones sucesivas y estancamiento de la economía. Hace 10 años que estamos con una estanflación que cada vez se va agravando más. Salir de una estanflación es mucho más complicado. Además, la economía tiene muchos cuellos de botella porque no se han hecho inversiones como deberían haberse hecho, como se hicieron en los 90. Se utilizaron todos los ahorros públicos y privados y ahora no hay ahorros, los únicos ahorros que hay es de los argentinos que están en el exterior porque la gente no confía en la moneda y en las instituciones financieras ni en los contratos dentro de la Argentina. Se desalentó la inversión con todas las medidas que tomaron de estatizaciones, expropiaciones y congelamientos de tarifas de los servicios públicos. Hay un montón de controles de precios que distorsionan el funcionamiento de los mercados. Y usted hablaba de desocupación; en aquel momento teníamos 18%, es cierto, hoy quizás la desocupación formal sea un poco menor, pero hay una gran cantidad de gente que lisa y llanamente no busca trabajo porque sabe que no lo va a conseguir. La pobreza es mucho más alta que en aquella época. En realidad, la pobreza que hoy tenemos fue la pobreza que se produjo en el año 2002 como consecuencia de la pesificación y de la brutal devaluación. Los salarios no estaban bajos, los salarios bajaron tremendamente por la devaluación en el 2002. Después dijeron que la economía se recuperó. Claro, imagínese: si usted provoca una tremenda caída de los salarios y aumenta la pobreza y la desocupación con un golpe devaluatorio e inflacionario, después en algún momento obviamente va a haber recuperación; sobre todo si mejoran los precios de los productos de exportación como mejoraron. Pero la economía comenzó a desorganizarse y hoy está desorganizada al máximo.

Un reportaje que publicó ayer el Pais de España

Domingo Cavallo: “La gente pensó que con el corralito le sacábamos sus ahorros, pero no fue así”

El exministro de Economía de Fernando de la Rúa atribuye el colapso argentino de diciembre de 2001 a grupos desestabilizadores que quisieron “licuar sus deudas en dólares”

Domingo Cavallo (Córdoba, 75 años) fue dos veces ministro de Economía de Argentina. En 1991, durante el Gobierno de Carlos Menem, logró poner fin a la hiperinflación que devastaba al país sudamericano con un sistema monetario basado en la convertibilidad del peso por el dólar. En marzo de 2001, el presidente Fernando de la Rúa pensó que el padre del “uno a uno” era el único capaz de salvar un modelo que para ese entonces daba muestras de agotamiento. A Cavallo se lo recordará por la estabilidad de los noventa y también por el “corralito”, como se llamó a la limitación de retiro de efectivo que impuso para detener una sangría de depósitos que amenazaba con provocar el descalabro de toda la economía. El colapso, finalmente, se produjo. Cavallo abandonó el ministerio de Economía el 19 de diciembre de 2001 y un día después, hace hoy 20 años, Fernando de la Rúa perdía el poder. “Me parecía un crimen de lesa humanidad destruir ese sistema monetario, así que lo defendí con uñas y dientes”, dice Cavallo en esta entrevista con EL PAÍS, realizada por videoconferencia desde su casa en Córdoba, la provincia mediterránea donde nació y reside buena parte del año.

Pregunta: ¿Que pasó en 2001?

Respuesta: Durante fines de 2000 y durante 2001, Argentina sufrió una crisis financiera que tuvo que ver con circunstancias internacionales muy adversas. Los precios de los productos de exportación estaban por el suelo, el dólar era muy fuerte, el euro muy débil y Brasil había producido una fuerte devaluación. Pero la crisis se originó, básicamente, en el hecho de que los bancos habían estado financiando gastos y déficit de las provincias, y pronto se puso de manifiesto que las provincias no iban a poder cumplir con sus obligaciones. Eso creo dudas respecto de la solvencia de los bancos. Entonces, grandes depositantes empezaron a retirar depósitos y tenedores de bonos empezaron a desconfiar de la sosteniblidad de la deuda argentina. Todo eso hizo que entráramos en un período muy difícil, del cual solo se podía salir con un proceso ordenado de reestructuración de la deuda, que no era fácil.

P. Hubo también problemas políticos…

R. En ese periodo, el Gobierno de De la Rúa, al que yo me había integrado sin ser miembro del partido Radical y habiendo competido contra ellos, empezó a tener problemas internos. Hubo gente que empezó a boicotear al Gobierno de De la Rúa y a acentuar la desestabilización del sistema financiero. Además, el FMI, que hasta ese momento nos había apoyado con magnitudes muy reducidas de recurso, por un error, en mi opinión, del director gerente de entonces [Horst Köhler], nos negó un desembolso que nos correspondía en el mes de noviembre de 2001.

P. ¿La negativa del FMI aceleró la crisis?

R. Provocó una corrida bancaria y la única forma de impedir el colapso total del sistema fue poner una restricción al retiro de efectivo de los bancos, no al uso de los depósitos para hacer pagos. No se podían sacar billetes por más de 1.000 dólares al mes. En realidad, en aquella época, a los jubilados se les dejó sacar el 100% de sus salarios y al resto de la población se les permitía sacar en efectivo hasta 250 dólares por semana. El grueso de la población ganaba menos de 1.000 dólares por mes. O sea que todo eso fue todo usado como una excusa.

P. ¿Una excusa para qué?

R. Estaban los que se habían endeudado en dólares, grandes empresas que se les ocurrió que si ponían en crisis al sistema monetario de la época podrían resolver sus problemas financieros. Dijeron: “Si salimos y transformamos las deudas en dólares en deudas en pesos, después el banco central va a poder emitir muchos pesos, eso va a producir una devaluación enorme y nosotros vamos a licuar las deudas”. Por supuesto, la otra cara de la moneda era que se iban a robar los ahorros de todo el pueblo argentino.

P. ¿Por qué la clase media salió a la calle contra el llamado “corralito”? Fue la época de los cacerolazos…

R. Porque el corralito, a la luz de cómo lo presentaron y lo difundieron muchos periodistas, que en mi opinión ya estaban trabajando para los que querían desestabilizar el sistema, confundió a la gente, que pensó que le estábamos quitando los ahorros. Y resulta que protestó para que me sacaran del ministerio de Economía. Eso provocó la caída del Gobierno de De la Rúa, porque el único que estaba denodadamente trabajando para tratar de resolver los problemas en ese Gobierno era yo. No porque los otros ministros fueran malos, simplemente porque el problema era económico.

P. ¿Cómo recuerda en lo personal esa época, bajo tanta presión?

R. Imagínese cuando uno está luchando para aventar males mayores. Yo quería evitar tanto el default externo e interno como la devaluación, y por supuesto, y sobre todo, que no se abandonara un régimen monetario que había asegurado diez años de estabilidad en un país que había tenido décadas de inflación y hasta hiperinflación. A mí me parecía un crimen de lesa humanidad destruir ese sistema monetario, así que lo defendía con uñas y dientes. Y hablé con los principales dirigentes políticos. Había apoyo no solo de De la Rúa, sino de gobernadores importantes.

P. ¿Y por qué esos apoyos no alcanzaron?

R. Porque los desestabilizadores, los que querían sacarse las deudas a través de la pesificación compulsiva, trabajaron sobre [los expresidentes Eduardo] Duhalde y [Raúl] Alfonsín. Alfonsín pensaba que todo lo de la década del noventa iba a volar por el aire; y Duhalde tenía una ambición de poder desmedida, había perdido la elección del 1999 [contra De la Rúa] y quería ser presidente. Ellos cobijaron a alguien que era la piedra del escándalo, el señor [José Ignacio] De Mendiguren, presidente la Unión Industrial Argentina, que quería que se destruyera la convertibilidad para sacarse las deudas sin importar las consecuencias. Y avanzaron en esa dirección. Con la pesificación, el precio del dólar saltó a cuatro pesos y provocó inflación, caída de los salarios reales, un aumento de la pobreza inusitado, el deterioro de las jubilaciones. Y virtualmente expropiaron todas las inversiones que se habían hecho para modernizar a Argentina, las privatizaciones. La solución política que encontraron fue echarme la culpa a mí, a De la Rúa, a Menem. Yo me transformé en el chivo expiatorio y por supuesto pusieron una maquinaria propagandística infernal que en alguna medida continúa todavía.

P. ¿El mundo le soltó la mano a Argentina en 2001?

R. En absoluto. EE UU le pidió a Köeler que en agosto nos diera un refuerzo de 8.000 millones de dólares y que comprometiera 3.000 más para apoyar la reestructuración ordenada de la deuda. Pero ahí ocurrió el ataque a las Torres Gemelas y EE UU, lo que era natural, tuvo su mente puesta en Afganistán y Osama Bin Laden. Lo que fue injustificable fue que el FMI nos haya soltado el brazo en un momento crítico. Habíamos logrado reestructurar más del 50% de la deuda, con un alargamiento del plazo de vencimientos por tres años y habíamos producido ya una economía de intereses de 2.500 millones de dólares al año con un mecanismo que se llamó de préstamo garantizado.

P. ¿Compararía aquel momento económico con el actual?

R. Es totalmente diferente. En aquel momento la crisis era la típica de países que tienen una moneda sana, un sistema monetario y financiero que funciona, como Europa en 2010 o EE UU en 2008. Debería haberse resuelto como se resolvieron esas crisis, sin echar por la borda el sistema monetario.

P. Pero Europa emite euros y Argentina no emite dólares…

R. Los países encararon los problemas de su endeudamiento con programas de reestructuración, en particular Grecia, e hicieron los ajustes fiscales que había que hacer para no seguir dependiendo. Eso es lo que había que hacer en Argentina. No podía emitir dólares, pero como había ocurrido en el año 1995, cuando nos impactó el Tequila, si el Gobierno tomaba medidas adecuadas era posible recuperar la confianza. Lo que necesitaba Argentina era que los argentinos no se asustaran y se llevaran su dinero.

P. ¿Argentina ha aprendido algo de la crisis de 2001?

R. Argentina está aprendiendo de la experiencia de los últimos 20 años, de 2001 y 2002 y de lo que ha pasado desde entonces. Por eso soy optimista respecto de 2023 en adelante. Yo creo que el próximo Gobierno va a estar bien preparado para retomar de alguna manera el sistema de organización económica que se abandonó en 2002. Con buenas relaciones con el mundo va a poder salir adelante, estabilizarse y crecer. Ahora estamos muy mal gobernados. Están con las ideas anacrónicas y el ingrediente de racionalidad que se suponía que iba a incorporar Alberto Fernández, que parecía razonable, no ha pasado.

P. ¿El expresidente Mauricio Macri perdió una oportunidad?

R. Macri tuvo la intención, pero no tenía un diagnóstico adecuado. Además, la campaña electoral lo había llevado, para neutralizar que él iba a producir un ajuste doloroso, a decir que no haría un ajuste. Eso hizo que lamentablemente su Gobierno no fuera exitoso.

P. ¿Qué les dice a los que le piden su opinión?

R. Que se necesitan reglas de juego completamente diferentes a las que están vigentes en este momento, y que resultaron de revertir las buenas reformas que se habían hecho en los noventa. Argentina no puede pensar como una economía cerrada, aislada del mundo, prohibiendo exportaciones, con trabas a importaciones que son clave para actividades internas, controlar todos los precios y los tipos de cambio. Va a contramano de lo que es una buena organización de la economía.

P. ¿Cómo lo va a recordar la historia?

R. Eso no me preocupa. Siempre estuve muy tranquilo con mi conciencia, porque sé que hice todo lo que correspondía. Incluso perdoné a los muchos que me atacaron injustamente. Imagínese que una vez me metieron preso acusándome de que yo había sido responsable de la exportación de armas a Croacia y Ecuador, algo absurdo. Hicieron sufrir mucho a mi familia. Todo eso no me aflige, la gente inteligente y bien educada me va a recordar bien. Lo que sí me preocupa es que se deje de atacar una reforma y una transformación que fue muy positiva para Argentina, porque si no los gobiernos no van a encontrar el camino para recuperar la estabilidad y el crecimiento.

Crisis Argentina: Domingo Cavallo: “La gente pensó que con el corralito le sacábamos sus ahorros, pero no fue así” | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)

Un ejemplo de reportaje de alto nivel

Jorge Fontevechia es, en mi opinión, el periodista profesional y editor de mayor nivel de la Argentina. Este es el tercer reportaje que me hizo en la serie Periodismo Puro. Los dos anteriores estan subidos a este blog. En ningún otro caso he visto que el reporteador haya estado tan bien preparado e informado como él. Por eso invito a los seguidores de este blog a mirarlo. Abajo está el link.

https://www.canalnet.tv/programas/periodismo-puro/domingo-cavallo-la-pesificacion-desorganizo-la-economia_20211217/