23 Jul
Agregado por: Domingo Cavallo - [Enviar por email] [Imprimir]
La competitividad industrial, que vino de la mano de la gran devaluación de 2002, se está evaporando aceleradamente. Ya en el año 2005 yo anticipé que esto ocurriría. Para los que no lo recuerden, recomiendo releer mi artículo titulado “La UIA y su ilusión cambiaria”.
Cometerían un gran error los dirigentes industriales si para revertir este problema volvieran a reclamar la devaluación del Peso. En los próximos tres años el Gobierno no tendrá otra alternativa que encomendar al Banco Central una lucha frontal contra la inflación y ésto significará que el Peso tendrá que apreciarse en términos reales. Esto sólo ocurrirá si el Peso no se devalúa cuando aumenten los precios internos que quedaron atrasados por las distorsiones acumuladas desde 2002. Si, por el contrario, la política monetaria acomodara el aumento de los precios internos y permitiera una devaluación concomitante del Peso, como lo pregonaron hasta hace poco los ideólogos del “Modelo Productivo”, sólo se conseguiría espiralizar la inflación.
Si ello ocurriera, la única valla contra la hiperinflación seguiría siendo un fuerte superávit fiscal y una gran fortaleza política del Gobierno. Pero hoy es extremadamente riesgoso apostar a que esos dos ingredientes se mantendrán a lo largo de los próximos tres años. Por el contrario, hay cada vez más indicios de que la situación fiscal se está deteriorando y los acontecimientos de los últimos tres meses han dañado la credibilidad del gobierno de una forma que resultará difícil reparar.