Vale la pena releer la historia de los planes de estabilización

A continuación, transcribo la traducción al español de la sección titulada ¨Plan de Convertibilidad¨ del capítulo 15 del libro que escribimos con mi hija Sonia Cavallo-Runde y que acaba de ser publicado en inglés por Roudledge, editorial de Nueva York y Londres. Pronto será publicado en español.

“Asumí el cargo de ministro de Economía el 31 de enero de 1991, con responsabilidad no sólo sobre las finanzas, sino también sobre el comercio, la agricultura, la industria, la minería, la energía, el transporte y las comunicaciones. Menem aceptó la opinión de que el gobierno necesitaba un equipo preparado para trabajar de manera coherente y con un liderazgo claro. El primer año y medio de gobierno lo había convencido de que el nombramiento de personas que nunca habían trabajado juntas en puestos que requerían trabajo en equipo era una receta para el fracaso. Yo pude nombrar secretarios y subsecretarios que ya habían trabajado conmigo en la investigación o en el gobierno”.

“La inflación se aceleró en enero y se proyectaba que sería aún más alta en febrero, ya que el precio del dólar había saltado de 5.000 australes a cerca de 10.000 en sólo unos días. La gente temía que la economía estuviera nuevamente al borde de la hiperinflación”.

“Decidí dejar que el Austral flotara después de pagar en efectivo toda la deuda a corto plazo de la tesorería con recursos proporcionados por el Banco Central. El tipo de cambio se estabilizó a 10.000 australes por dólar y, por casualidad, la base monetaria fue muy cercana a 10.000 veces el monto en dólares de las reservas de divisas en el Banco Central. Concluí que estábamos preparados para implementar un nuevo régimen monetario.”

“El 14 de marzo, Menem presentó al Congreso el borrador de la Ley de Convertibilidad. El 28 de marzo, la Cámara y el Senado aprobaron la ley. Entró en vigor el 1 de Abril de 1991.”

“La Ley de Convertibilidad creó un nuevo sistema monetario basado en el peso, que ahora era convertible en dólares en una base de uno a uno y estaba totalmente respaldado por reservas extranjeras. El nuevo sistema monetario era similar al de las primeras décadas del siglo XX pero, además de permitir la conversión de pesos en dólares, aseguraba un derecho que los argentinos habían exigido: el derecho a usar moneda extranjera, en particular el dólar; para proteger sus ahorros y como moneda para los contratos de mediano y largo plazo”.

“La Ley de Convertibilidad se originó como una pieza de derecho consuetudinario en un país con una tradición de la ley civil napoleónica. De hecho, la ley debía su popularidad inicial al hecho de que gobernaba según las costumbres ya establecidas del pueblo.”

“La tasa de inflación bajó inmediatamente. En abril de 1991, la inflación cayó a 2,9 por ciento por mes en comparación con 27 por ciento en enero. Siguió bajando y se estabilizó en menos del 0,5 por ciento por mes durante más de 10 años. El gráfico 15.1 muestra la evolución de la tasa de inflación mensual desde el año anterior al lanzamiento del Plan de Convertibilidad hasta diciembre de 2001.”

“Todos los planes de estabilización anteriores, comenzando por el de Perón y Gómez Morales en 1952 y hasta el Plan Austral de Alfonsín y Sourrouille en 1985, no habían logrado alcanzar y mantener tasas de inflación por debajo del 25 por ciento anual. La tabla 15.1 muestra que sólo en el caso del Plan de Estabilización y Desarrollo Frondizi-Alsogaray de 1959 la tasa de inflación durante los 10 años posteriores al inicio del plan se mantuvo por debajo del inicial, pero incluso en este caso la inflación siguió siendo alrededor de 25 por ciento anual.”

“El gráfico 15.2 muestra que en el caso del plan lanzado por Videla y Martínez de Hoz en 1977, la tasa de inflación superó la tasa inicial en el noveno año y en ninguno de los ocho años anteriores la inflación anual bajó por debajo del 100 por ciento. En el caso del plan que Perón y Gómez Morales lanzó en 1952, la tasa de inflación superó la tasa inicial en el año siete. El plan lanzado por Onganía y su Ministro Krieger Vasena mantuvo la tasa de inflación por debajo de la tasa inicial por sólo cuatro años, el Plan Austral lanzado por Alfonsín y Sourrouille en 1985 durante tres años y el plan de Perón y Gelbard en 1973 mantuvo una tasa de inflación Por debajo de la inicial sólo durante dos años.”

“Varias diferencias entre el Plan de Convertibilidad y sus predecesores explican porqué la inflación desapareció como problema crónico durante la década de 1990, mientras que había sido tan persistente durante los 45 años anteriores. La principal diferencia fue que el Plan de Convertibilidad no se limitó a fijar el peso al dólar como lo había sido en todos los planes de estabilización anteriores. En cambio, introdujo una reforma monetaria integral. La reforma consistió en la creación de un peso convertible y la legalización del uso del dólar y cualquier otra moneda convertible en cualquier tipo de transacción o contrato.”

“Otra diferencia importante es que el Plan de Convertibilidad permitió que todos los precios se establezcan libremente en mercados competitivos, eliminando todos los controles previos de precios y liberalizando el comercio exterior. La drástica desinflación provino de una completa eliminación de las expectativas inflacionarias que fue la consecuencia de tranquilizar al público de que no habría dinero impreso para financiar el déficit presupuestario del gobierno. El respaldo obligatorio del peso por una cantidad equivalente de dólares y la competencia del peso con el dólar como medio de intercambio y reserva de valor aseguró a la gente que el Banco Central no podía imprimir dinero para crear crédito ni para el gobierno ni para el sector privado.”

“Muchos economistas profesionales piensan en la Ley de Convertibilidad como una “Junta Monetaria” (Currency Board en inglés). Yo expliqué en varias ocasiones que la paridad era sólo temporal[1]. La Ley de Convertibilidad fijó un tope sobre el tipo de cambio de pesos por dólares, pero no fijó un piso. En consecuencia, el peso podría haber flotado y apreciado en momentos de fuertes entradas de capital. Esta característica creaba un mecanismo de salida natural del régimen de tipo de cambio fijo sin abandonar el sistema de convertibilidad y, al mismo tiempo, mantenía la aplicabilidad de los contratos realizados en moneda extranjera.”

“En resumen, la convertibilidad, más que el tipo de cambio fijo, era la regla permanente que necesitaba la economía argentina. Lo que era importante para el correcto funcionamiento de la economía era la libertad de elegir una moneda. Durante la fase inicial, la Junta Monetaria que respaldaba todos los pesos con dólares a un tipo de cambio fijo era necesaria para restablecer la confianza de la gente en el peso. Sin embargo, cuando las entradas de capital se hicieron grandes, la Junta Monetaria se volvería innecesaria porque el peso se habría convertido en una moneda de confianza debido a la administración responsable de un Banco Central independiente. Desafortunadamente, la oportunidad de tener convertibilidad sin un tipo de cambio fijo se perdió en 1997 y después de las crisis de Rusia y Brasil ya no era una opción.”

[1] Ver Cavallo, Domingo en colaboración con Cavallo, Sonia (1996); También: Cavallo, Domingo (1999), y Cavallo, Domingo Felipe y De Pablo, Juan Carlos (2001)

¿Qué nos dice la historia sobre la posibilidad de bajar el Gasto Público?

Nuestra historia económica muestra muchas fluctuaciones en el porcentaje del gasto público con respecto al Producto Bruto Interno. En la década del ‘40 representaba alrededor del 20% del PBI, pero comenzó a aumentar después del golpe militar de 1943 y pegó un salto muy grande durante los primeros años de Perón. Llegó a representar el 45% del PBI en el año 1948, cuando además de un fuerte aumento del gasto público social, Perón pagó por las nacionalizaciones de los ferrocarriles y varias otras empresas de servicios públicos.

Agotadas las reservas que el Banco Central había acumulado durante la Segunda Guerra Mundial, Perón comenzó a ajustar el nivel de gasto, estabilizándolo, alrededor del 30% del PBI entre 1951 y 1955. Aún con este drástico ajuste, que lo redujo del 45% al 30% del PBI, el nivel de gasto era un 50% superior al de los primeros años de los ‘40. Mientras el gasto estuvo alrededor del 30% del Producto, el déficit fluctuó entre 5 y 10% y se financió con los ahorros que acumulaban los trabajadores para su jubilación y con financiamiento del Banco Central. La inflación pudo mantenerse alrededor del 20% anual pero con fuertes controles de precios y de cambios.

Desde el Golpe Militar que derrocó a Perón en setiembre de 1955 hasta el regreso de Perón en 1973, los sucesivos gobiernos trataron de bajar el gasto público y hacia la década de los ‘60s lograron ubicarlo en alrededor del 25% del PBI. Este proceso fue muy complicado, tanto en el plano político, como en el económico y social.

El sinceramiento completo de muchas distorsiones en precios relativos que habían tratado de corregirse gradualmente durante 1956 y 1957 terminó corrigiéndose de golpe entre 1958 y 1959 pero a costa de un salto inflacionario superior al 100% entre finales de 1958 y mediados de 1959. Luego de este salto inflacionario, el plan de estabilización y desarrollo de Frondizi, el gradualismo de Illia y el plan de estabilización de Krieger Vasena, lograron contener la inflación dentro del rango 10 al 30% anual durante algo más de una década. Durante esos años (1960 a 1972), la economía consiguió crecer a un ritmo satisfactorio. Este crecimiento con inflación moderada fue el resultado de la fuerte modernización y capitalización de la economía que se logró en los años de Frondizi. Durante estos años el gasto público como porcentaje del PBI se mantuvo alrededor del 25%.

El tercer gobierno de Perón que se inició en 1973 llevó nuevamente el nivel de gasto al 30% del PBI en 1975, nivel en el que se mantuvo hasta 1985. Ni el salto inflacionario que significó el Rodrigazo, ni el tímido ajuste que intentó el gobierno militar logró bajar el gasto de ese nivel.

En todo ese período el déficit fiscal y la inflación se mantuvieron muy elevados y fracasaron tanto el Plan de Estabilización de Martínez de Hoz como el Plan Austral de Sourrouille. El fracaso de esos dos planes de estabilización se debió fundamentalmente a la falta de ajuste fiscal y al efecto devastador que la alta inflación tuvo sobre la posibilidad del gobierno de recaudar los impuestos.

Después del primer año del plan Austral, cuando se produjo una baja importante en la tasa de inflación, el gasto público siguió aumentando y llegó en 1989 al 35% del PBI. En este aumento influyeron, como ya había ocurrido a lo largo de todo el período post-Rodrigazo, el pago de intereses sobre la deuda interna y externa y, sobre todo, las fuertes pérdidas de las empresas del Estado.

La reforma del Estado y el Plan de Convertibilidad permitieron reducir el gasto público del 35 al 25% del PBI en un período de dos años, 1990 y 1991. Sin duda esta fuerte reducción del gasto público y la total eliminación del déficit fiscal apuntalaron al Plan de convertibilidad, pero el éxito inicial en bajar drásticamente la inflación y eliminar las expectativas inflacionarias ayudó a su vez a que la gente apoyara la reforma del Estado, las privatizaciones, la desregulación y la apertura de la economía.

El aumento del gasto público de los últimos años de los ‘90s tuvo tres orígenes: el excesivo gasto provincial y su endeudamiento con el sistema bancario, el aumento del servicio de intereses de la deuda pública luego de 1996 y la recesión provocada por el deterioro de los términos del intercambio y la fuerte apreciación del dólar en el mundo.

La baja del gasto público como porcentaje del PBI que se produjo a partir del abandono de la convertibilidad y la pesificación forzosa de todos los contratos pactados en dólares, fue totalmente artificial (producido por un fuerte ajuste inflacionario, social y económicamente mucho más costoso que cualquier otro ajuste fiscal) y por tanto insostenible. Ya en 2007 el porcentaje del gasto público como porcentaje del PBI había alcanzado el mismo nivel que en 2001 y a partir de allí, el gasto público aumentó sostenidamente hasta alcanzar el 45% del PBI en 2015.

La experiencia histórica demuestra que es muy difícil mantener baja la inflación con semejante nivel de gasto público. Pero a su vez, si uno compara el ajuste necesario para volver a niveles más normales (digamos 30% del PBI) con el que se llevó a cabo durante los años 1990 y 1991, es muy difícil imaginar cómo se lo logrará sin un fuerte poder político y el acompañamiento de la población. El gasto público bajó del 35 al 25% en aquellos años. Ahora necesitaría bajar de 45 al 30%.

El gobierno, consciente de que no tiene todo el poder político que se necesitaría y no contando con la predisposición favorable de la gente a aceptar los cambios que la hiperinflación había creado al final de los ‘80s, está intentando un ajuste muy gradual, parecido al que, siguiendo las sugerencias del Plan Prebisch, intentó el Gobierno Militar luego de la caída de Perón en 1955.

Si las circunstancias internacionales lo ayudan y la confrontación política es menos violenta que la que caracterizó a la pugna entre el peronismo y el anti peronismo entre 1955 y 1973, existe cierta posibilidad de que el gobierno tenga éxito.

Mi experiencia y mi lectura de las circunstancias internacionales y del clima político interno, me inducen a opinar, con vehemencia, que el Gobierno de Macri debería tomar el toro por las astas y poner en marcha un Plan de Estabilización y Desarrollo como lo hizo Arturo Frondizi en diciembre de 1958.

El Banco Central debería prestar atención a la experiencia estabilizadora de Perú y el Gobierno debería preparar un plan de estabilización y desarrollo para lanzar antes de fin de año

Es una pena que mientras el Presidente Macri consigue muy buena respuesta a su política exterior y hay una mayoría de ciudadanos que desea que pueda hacer un buen gobierno, no esté logrando convencer a la gente que el rumbo económico que ha tomado su gobierno va a llevar a buen puerto.

Quienes siguen las cuentas fiscales advierten que el Gobierno está tratando de cumplir con las metas que se propuso para 2017 y los datos del primer trimestre sugieren que lo conseguirá. Pero igualmente se preguntan cómo hará el Gobierno para reducir el tamaño del Estado y llevar la presión impositiva a niveles que no ahoguen a la actividad productiva. Y aún no hallan respuesta.

Hasta las elecciones, el gobierno no parece dispuesto a  anunciar medidas muy diferentes a las que viene aplicando, pero lo mejor que pueden hacer los funcionarios del equipo económico y del Banco Central es preparar un plan de estabilización y desarrollo para anunciar antes de que termine el año y que pueda implementarse con éxito a partir de enero de 2018.

La clave de un buen plan de estabilización y desarrollo está en la coherencia y completitud de los anuncios en materia fiscal, monetaria y de reformas estructurales (reforma de la burocracia, desregulación, privatizaciones, apertura, eliminación de impuestos distorsivos), de tal forma de influir favorablemente sobre las expectativas de todos los agentes económicos, no sólo de los financistas.

Para preparar este plan, el Banco Central deberá prestar mucha atención a la experiencia de Perú y prepararse para implementar una reforma monetaria que ponga al peso en competencia (de igual a igual) con el dólar, tanto como moneda de cambio como reserva de valor. La estabilización del nivel general de precios requerirá que se estabilice el tipo de cambio Peso/Dólar, pero no basado en una gran diferencial de tasas de interés sino en la creciente confianza de la gente en que el peso dejará de perder valor tanto frente al dólar como frente a los bienes y servicios que se comercializan en los mercados del país. La política monetaria deberá basarse en el manejo de la oferta de crédito tanto en pesos como en dólares. Cuando la economía se esté desdolarizando en forma absolutamente  voluntaria, habrá llegado el momento de conducir la política monetaria basada fundamentalmente en el peso, tal como lo hacen los países cuyas economías nunca estuvieron dolarizadas. Pero si el Banco Central pretende manejar la política monetaria basada en el peso sin que éste compita libremente con el dólar en todo tipo de transacciones, terminará logrando los resultados que obtuviera Brasil en contraposición a los de Chile, Colombia y México.

El curso de la inflación

La medición de la inflación por el INDEC refleja no sólo la evolución de los precios libres sino también la de los precios regulados. El gobierno no debe asustarse por aumentos de la tasa de inflación que resultan de sus propias decisiones sobre precios regulados. Estos deben ser, inexorablemente, ajustados para terminar con los subsidios económicos. Estoy hablando de los subsidios que no tienen un correlato en el bienestar de las personas más necesitadas. Por eso nosotros insistimos en seguir la inflación con el indicador elaborado por PriceStats, que mide el cambio en los precios de bienes y servicios que se fijan libremente en los mercados. El Gráfico 1 muestra la evolución de este índice para la inflación promedio mensual y para los últimos 30 días.

Si bien a lo largo de abril la tasa de inflación promedio medida por PriceStats estuvo subiendo y la tasa de los últimos 30 días se ubica algo por arriba del promedio, anticipando que la inflación promedio subirá algo más, no se observa un cambio de tendencia en comparación con lo que ha venido ocurriendo desde el mes de junio de 2016. De hecho desde mediados de agosto hasta mediados de setiembre y desde mediados de diciembre hasta mediados de enero, la tasa promedio, medida por PriceStats, creció más rápidamente que lo que lo está haciendo durante abril. Sin embargo, en aquellas dos oportunidades el Banco Central siguió bajando la tasa de LEBACs. Sorprende que en abril haya decidido revertir bruscamente esa tendencia. Se me ocurre que la observación de la tasa medida por el INDEC, con su incidencia del cambio de precios regulados, haya creado la ilusión de que en el segundo semestre de 2016 y el primer mes de 2017, la tasa de inflación había bajado significativamente y que ahora, a partir de febrero está aumentando mucho. El Gráfico 2 muestra lo que puede haber sido el origen de esta confusión.

La baja de la tasa de inflación medida por INDEC en agosto y setiembre de 2016 se explica totalmente por la reversión de algunos aumentos de precios regulados dispuestos por la justicia y el aumento de febrero y marzo (y probablemente también el de abril) tiene el mismo origen… ¡en la dirección contraria!

La tasa de LEBACs sólo influye sobre la inflación a través de la apreciación cambiaria

El aumento de la tasa de LEBACs decidido por el Banco Central no va a tener efecto sobre la inflación, sobre todo desde que la misma autoridad monetaria demostró preocupación por la apreciación cambiaria al anunciar que se propone aumentar en un 50% el nivel de reservas externas. Pero tiene un inconveniente adicional: puede demorar la reactivación de la economía.

Una forma de explicar mi escepticismo sobre la eficacia de la estrategia estabilizadora que está implementando el Banco Central, sobre todo a partir de la decisión de aumentar la tasa de LEBACs, es mediante una comparación entre el curso de las principales variables macroeconómicas entre marzo de 2016 y marzo de 2017, el primer año completo de aplicación del plan de metas de inflación y el primer año del plan de convertibilidad, marzo de 1991 a marzo de 1992.

Resultados muy parecidos en materia de inflación entre dos estrategias diferentes

Es muy interesante observar que tanto en materia de reservas externas, tipo de cambio nominal y tasa de inflación medida por el IPC, el comportamiento de las tres variables a lo largo del primer año de ambos planes, fue muy parecido. Los gráficos 3 y 4 muestran respectivamente la evolución de las reservas externas, el tipo de cambio nominal y del IPC transformados en índices base Marzo=100 para los dos planes de estabilización:

Entre marzo de 1991 y marzo de 1992, las reservas externas aumentaron 73% y en el período marzo de 2016 y marzo de 2017 el 71%. Porcentajes de aumentos prácticamente iguales.

El tipo de cambio nominal pasó de 100 a 103 durante los primeros 12 meses del plan de convertibilidad y de 100 a 104 a lo largo de los primero 12 meses del plan de metas de inflación.

El índice de precios al consumidor pasó de 100 en marzo de 1991 a 130 en marzo de 1992 (30%), mientras que el aumento del mismo índice entre marzo de 2016 y marzo de 2017 fue del 32%, una diferencia insignificante.

Pero en el resto de las variables, se observan diferencias mayores

Si bien el plan de convertibilidad, en relación con reservas e inflación medida por el índice de precios al consumidor, logró resultados  parecidos al sistema de metas de inflación, hay una diferencia  en el caso del aumento del índice de precios al productor:: mientras que en el plan de metas de inflación el aumento fue del 20%, en el caso de la convertibilidad fue del 5%. Esto se puede observar en el Gráfico 6.

Esta diferencia es fácilmente explicable, mientras desde el inicio del plan de convertibilidad hubo una apertura fuerte a las importaciones, en el caso del plan de metas de inflación, prácticamente no existió apertura importadora. Los productores de bienes que compiten con importaciones enfrentaron mucho más competencia en el caso del plan de convertibilidad que en el caso del plan de metas de inflación. Y las importaciones disciplinaron al sector productor de bienes comercializables, al que se lo apoyó con reducciones de impuestos y desregulación para que pudiera enfrentar esa competencia.

El argumento contra la apertura de la economía que se escucha en la actualidad, se relaciona con el efecto que tendría sobre el nivel de actividad económica. Se teme que podría producir más recesión y desocupación. Pero lo notable del plan de convertibilidad es, precisamente, que en esta materia produjo resultados mucho más positivos que el plan de metas de inflación. Esto se explica más abajo, pero antes hay que entender cuán diferente fue el curso de las variables monetarias.

La comparación del curso de las variables nominales durante los 12 primeros meses de los dos planes de estabilización sugiere que el tipo de cambio nominal un factor clave para lograr avanzar en la reducción de la tasa de inflación. Para quienes insisten en que la clave está en el control de la cantidad de dinero o en el manejo de la tasa de interés, el contraste entre las dos experiencias es elocuente.

Los gráficos 7 y 8 muestran la evolución comparativa de M0 y M1 respectivamente.

Durante los 12 primeros meses del plan de convertibilidad, M0 creció 67%, mucho más que lo que creció durante los primeros 12 meses del plan de metas de inflación (35%).

De la misma forma, M1 aumentó 108% durante los primeros 12 meses del plan de convertibilidad y sólo el 30% durante los primeros 12 meses del plan de metas de inflación.

La tasa de call (operaciones cortas entre bancos), que es la única tasa de interés para la que existen datos susceptibles de servir de base de comparación entre los dos planes, fue siempre más baja durante el plan de convertibilidad que durante el plan de metas de inflación y hacia el final de los primeros 12 meses se ubicaba en sólo 11% anual en el caso del plan de convertibilidad y del 23% anual en el plan de metas de inflación. El Gráfico 9 muestra estas tasas.

No existió gran diferencia en materia de tasas de los depósitos a plazo fijo entre los dos planes. Es decir que los bancos, a pesar de la diferente liquidez bancaria mostrada por la diferencia en las tasas de call, brindaron un incentivo parecido a la captación de depósitos a plazo fijo durante los dos planes de estabilización. Esto se puede observar en el Gráfico 10

El diferente manejo monetario de los dos planes, dio lugar a una evolución también muy distinta del saldo de préstamos bancarios al sector privado. En el caso del plan de convertibilidad se logró un aumento del 96% mientras que hacia febrero de 2017 (el dato de marzo aún no está disponible) el saldo de préstamos al sector privado había crecido sólo un 24%.

Mientras que a lo largo de los 12 primeros meses del plan de metas de inflación, el crecimiento del PBI fue negativo, durante el mismo período del Plan de Convertibilidad, el PBI creció 10%. No hay datos mensuales de la evolución del PBI, pero los datos del Índice de producción industrial publicado por FIEL y los datos de ADEFA sobre producción de automotores, aportan un indicador aproximado de la evolución del nivel de actividad económica.

En marzo de 1992 el IPI estaba un 25% por arriba del nivel de marzo de 1991 mientras que en marzo de 2017 estaba un 2% por debajo del nivel de marzo de 2016.

La producción de automóviles en marzo de 1992 había crecido 196% en relación a la de marzo de 1991 mientras que en marzo de 2017 dicha producción cayó 13% en comparación con la de marzo de 2016.

Moraleja

La sola estabilización del tipo de cambio, que podría haberse logrado como consecuencia sólo de la fuerte entrada de dólares que acontecería desde la apertura del crédito externo sin aumentar la tasa de interés, hubiera permitido lograr la caída de la tasa de inflación que se produjo a lo largo del período marzo de 2016 a marzo de 2017. Por supuesto que hubiera ayudado mucho también el haber puesto al peso en competencia directa con el dólar, habilitando su utilización como moneda de curso legal, tal como ocurre en Perú. La experiencia del plan de convertibilidad demuestra que la estabilización del tipo de cambio era suficiente para lograr la baja de la tasa de inflación al nivel que se logró con el plan de metas de inflación. Pero el haber mantenido la tasa de interés a niveles más bajos, hubiera permitido una re monetización de la economía y un significativo aumento en los préstamos bancarios al sector privado. Se podría haber evitado la recesión y, probablemente, se hubiera conseguido un crecimiento positivo.

No he presentado este argumento como crítica a la gestión del Banco Central. Sus decisiones son entendibles ante la incertidumbre sobre si iban a entrar capitales y el riesgo de que se perpetuara  por simple inercia la aceleración inflacionaria que provocó la unificación cambiaria y el reajuste de precios relativos: prefirió ser muy conservador en materia de tasas de interés y control monetario. Pero acumulada una experiencia de 12 meses y no siendo descabellado pensar que luego de las elecciones el gobierno deberá lanzar un plan más ambicioso de estabilización y desarrollo, vale la pena repensar el esquema de estabilización a la luz de la comparación que permiten los gráficos presentados en este informe.

De paso reitero mi recomendación a las autoridades del Banco Central desde que escribí “Camino a la Estabilidad”: estudien la experiencia monetaria de Perú y consulten a las autoridades del Banco Central de aquel país sobre cómo controlan la expansión del crédito interno, tanto en soles como en dólares y cómo logran mantener estable el tipo de cambio sol/dólar sin perder flexibilidad cambiaria y sin altas tasas de interés. No se confundan con la experiencia de Chile, México y Colombia, porque esas economías nunca estuvieron dolarizadas, ni de hecho ni de derecho. No cometan el error de Brasil de basar toda su estrategia estabilizadora en el mantenimiento de muy altas tasas reales de interés.

Y si quieren que la economía crezca vigorosamente, enderecen a ese objetivo las políticas no monetarias. Lo máximo que se le puede pedir a la política monetaria  es que no acentúe las tendencias recesivas, pero es ilusorio pensar que la estabilización provocará por sí sola crecimiento económico. Para que la economía crezca vigorosamente se necesitan profundas transformaciones estructurales, comenzando por la reforma fiscal y del Estado, la eliminación de regulaciones ineficientes, la buena regulación de la economía cuando los mercados no resuelven bien los problemas de asignación de recursos y, necesariamente, la apertura equilibrada de la economía. A esto me refiero cuando digo que lo que se necesita es un plan de estabilización y desarrollo y no sólo una buena estrategia estabilizadora.