Por Felipe Murolo.

Hablar de las Lebacs se ha puesto de moda en estos días, y el  tema no es menor.

Las letras del Banco Central pueden ser un buen instrumento de esterilización transitoria, es decir, con un stock moderado y oscilante; no como sucede hace varios años, con un stock alto y continuamente creciente.

Las letras pueden considerarse un efectivo mínimo voluntario, adicional al legal establecido por el Banco Central. Al ser voluntario, es variable para cada una de las entidades, y permite evitar dificultades de liquidez en las instituciones mas expandidas.

Si pensamos en términos de exigencias globales: efectivo mínimo y lebacs, cuanto mas alto sea su porcentaje, menor es el multiplicador. Teóricamente, si ese porcentaje fuera del 100% no habría capacidad prestable en los bancos derivada de la base monetaria.

Pero aún así, para que el sistema sea inmune a corridas cambiarias, el Banco Central debería tener tantas reservas como el equivalente en dólares a la suma de sus pasivos, incluyendo por supuesto base monetaria convencional  y lebacs.

De la forma que se viene manejando la política monetaria, y en especial por razones fiscales, siendo que los pasivos monetarios del Banco Central están respaldados en un porcentaje cada vez menor por reservas internacionales, la situación actual se viene asemejando cada vez mas al festival de bonos iniciado en 1988 y que culminó con el Plan Bonex, con efectividad al 28 de diciembre de 1989.

¿Porqué digo esto? Porque si los depositantes demandaran dólares, aún en el caso teórico del efectivo mínimo del 100% (suma de exigencia legal y Lebacs), y mas aún en ese caso, los bancos podrían acceder a esas demandas pero el Banco Central no.

Por supuesto que habría una forma de que el Banco Central pudiera atender esa demanda: modificando el tipo de cambio en alza hasta que alcanzara el valor del cociente entre pasivos monetarios y reservas internacionales. O sea, devaluar.

Pero en ese escenario, cuanto mas demore en devaluar mas alto será el tipo de cambio de equilibrio teórico (cociente) para atender los pasivos residuales, y el impacto inflacionario sería muy significativo. Tanto mas significativo cuanto mayor sea la divergencia entre el cociente y el valor de mercado del tipo de cambio en el momento inicial.

Como se puede apreciar, el despilfarro fiscal y la política de impuestos y subsidios distorsivos de los precios relativos tiene un altísimo costo. Y ese precio, traducido en términos de inflación, lo pagarán mas los que menos tienen. Paradójicamente, aquellos a los que el Gobierno pretende defender.

Bookmark and Share