En Turquía se vive un clima de optimismo sobre su futuro económico, muy parecido al que prevalece en Brasil y en muchas otras economías emergentes. Lo acabo de percibir personalmente en mi viaje a ese País para participar en la tercera edición del “Global Economic Symposium” organizado, por primera vez fuera de Alemania, por el Instituto Kiel para la Economía Mundial. La reunión fue co-patrocinada por el Banco Central de Turquía, precisamente la institución a la que se le reconoce el mérito de haber logrado estabilizar a la economía Turca. Se trata de un logro importante, porque  Turquía había sido azotada por la inflación durante la década de los 90s.

Cuando terminó la conferencia en Estambul viajé a Esmirna para visitar las excavaciones de Efesus,  y allí me encontré, por casualidad, con Atilla Atakan, un prestigioso periodista turco que vivió muchos años en Argentina como corresponsal extranjero de medios de su País. Además de conocer a su hermosa familia, respondí a las preguntas que me fue haciendo mientras me llevó a conocer Esmirna y los alrededores de Efesus. Como no  pudo con su genio de periodista, Atila transformó a nuestra conversación en un reportaje, cuya transcripción me envió para que yo la revisara. Esta entrevista va a ser parte de una nota que Atilla está preparando para un diario de su País, pero dado lo interesante de las preguntas y hecho de que pocos de los visitantes de este blog podrán leer el artículo en turco, decidí reproducirlo aquí. Las preguntas en negrita son de él. Las respuestas son mías.

¿Cómo ve la evolución de la economía Turca desde la crisis de 2001?

No soy un experto en la economía de este país, pero tengo la impresión de que la economía turca ha evolucionado muy bien desde 2003 en adelante. Además de crecer vigorosamente, logró reducir gradualmente el flagelo inflacionario que había sido un problema grave durante toda la década de los 90. En este sentido debo decir que en comparación con la Argentina, mi país, la política monetaria y financiera de Turquía ha sido mucho más sana e inteligente. Diferente de los 90s, cuando Argentina había logrado erradicar la inflación por completo y Turquía tenía inflación del orden del 100 % anual. La realidad se ha revertido y hoy Turquía muestra una evolución mucho más favorable que Argentina.

Pero Argentina también ha crecido desde 2003 en adelante y el gobierno dice que la inflación no supera el 10 % anual.¿ Cómo se condice esto con su respuesta anterior?.

Lo que lamentablemente ocurre es que el Gobierno Argentino miente sobre la tasa de inflación. En el mes de enero de 2007 removió la dirección técnica (muy reconocida por entonces como de muy buen nivel profesional) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y nombró en su lugar a verdaderos punteros políticos. A partir de ese momento se han venido publicando índices de precios que reflejan una inflación que es apenas un tercio de la real. Hoy en Argentina la inflación verdadera se ubica entre el 25 y el 30 % anual.

Pero al menos la economía argentina está creciendo a tasas altas, cosa que no ocurría en la década de los noventa, cuando no había inflación, pero se vivieron años de deflación.

Desde 1991 (el año e el que erradicamos la hiperinflación) hasta 1998, la economía Argentina creció al mismo ritmo que está creciendo ahora, con un solo año de recesión, 1995, cuando nos impactó la crisis mexicana. Desde 1999 hasta 2001 vivimos en un clima de recesión y deflación por una combinación de shocks externos desfavorables y des-manejos fiscales y financieros internos.

Los precios de los productos de exportación de Argentina fueron muy bajos en ese período porque el Dólar se mantuvo muy fuerte y casi todas las monedas se devaluaron frente a la moneda norteamericana. Imagínese que en 2001 sólo se necesitaban  82 centavos de Dólar para comprar un Euro y 30 centavos de Dólar para comprar un Real. Hoy el Euro se cotiza a 1 Dólar con 37 centavos y para comprar un Real  se necesitan 70 centavos de Dólar, más del doble que en el 2001. Argentina tenía, en la práctica, al Dólar como moneda. Un Dólar exageradamente apreciado provocaba recesión y deflación.

Por otro lado, los gobiernos provinciales de la Argentina (principalmente la Provincia de Buenos Aires) habían venido aumentando mucho sus gastos y teniendo fuertes déficits fiscales que financiaban con créditos bancarios a  tasas de interés flotantes con altos Spreads sobre la tasa de interés pagada a los depositantes. La combinación de estos dos fenómenos creó un clima recesivo y deflacionario. Por eso se produjo la crisis financiera de 2001. En realidad se trató de un fenómeno muy diferente al de Turquía en aquella época.

Pero las crisis Turca y Argentina de 2001 y 2002 fueron parecidas: en ambas economía hubieron crisis financiera y fuerte devaluación monetaria.

Fueron crisis muy diferentes. La de Turquía en 2001 fue una crisis como las que había tenido Argentina en los 80s: fue consecuencia de fuertes déficits fiscales y alta inflación, que por un tiempo se quisieron atenuar con  endeudamiento externo y atraso del tipo de cambio. La devaluación fue una forma de producir un ajuste fiscal que era imprescindible y  la crisis financiera les permitió sanear el sistema bancario sin que el país entrara en default de su deuda pública. Por supuesto que para evitar el default Turquía recibió ayuda del FMI y de los países europeos.

En Argentina, aprovechando que al FMI y al Gobierno de los Estados Unidos no les interesó evitar el default de su deuda,  la crisis monetaria y cambiaria fue provocada deliberadamente por el Gobierno que tomó el poder en Enero de 2002. Eduardo Duhalde, quien había sido el Gobernador que más había aumentado el gasto y más había endeudado a su provincia, tomó esa decisión para resolver el endeudamiento de las provincias y de las grandes empresas. Al transformar todas las deudas y depósitos de dólares a pesos y luego dejar flotar el Peso, se produjo una terrible devaluación que licuó las deudas pero, al mismo tiempo, destruyó el ahorro  acumulado de los argentinos. Los bancos no tuvieron problemas para atender sus pasivos, pero los depositantes perdieron sus ahorros. Además la devaluación llevó al default de la deuda externa del País.

Nada de esto ocurrió en Turquía. Por eso Turquía sigue bien integrada y mantiene buen crédito en el sistema financiero internacional mientras que Argentina está entre los países considerados más riesgosos y no tiene crédito externo.

Entiendo que tanto Turquía como Argentina soportaron bien la crisis financiera global del 2008 y 2009. ¿Cual es la razón?

Tanto Turquía como Argentina desde 2003 y hasta 2008 fueron beneficiadas por el rápido crecimiento de la economía global que les permitió expandir sus exportaciones vendiendo a buenos precios. Por razones diferentes, ninguno de los dos países aumentó mucho su endeudamiento durante esos años y sus sistemas financieros estaban sólidos. En el caso de Turquía porque había sido exitosa la reestructuración financiera de 2001-2002. En el caso de Argentina, porque el sistema financiero se achicó mucho después de la pesificación y la devaluación y, al conseguir pocos depósitos internos y nada de crédito externo, quedó con una muy baja relación Deuda/Capital.

Ambos países pudieron mantener políticas fiscales y monetarias expansivas para compensar la caída de las exportaciones. La gran ventaja de Turquía es que pudo hacerlo manteniendo baja la inflación. Lamentablemente en Argentina esas políticas destinadas a sostener el mercado interno están provocando la aceleración inflacionaria.

¿Cómo ve la evolución de la economía global? ¿La recuperación que se insinúa, será sostenible?

 Las economías emergentes, fundamentalmente los  “BRICs” (Brasil, Rusia, China e India), pero también otros países de Asia, América Latina y África, que hoy tienen ingresos per cápita inferiores a 10.000 dólares, van a crecer vigorosamente. Ellos han aprendido que la mejor estrategia de crecimiento no es ni la sustitución de importaciones ni el aliento artificial a las exportaciones sino la inversión para incorporar las tecnologías más avanzadas en todos los sectores de la producción. El stock de tecnologías disponibles y aún no implementadas en los países en desarrollo es muy grande y la intensificación del proceso de adopción de estas tecnologías será la base de su crecimiento futuro.

Las economías avanzadas (Europa, Japón y los Estados Unidos), que hoy tienen ingresos per cápita del orden de los 30.000 dólares, van a crecer más lentamente, porque van a enfrentar una fuerte competencia externa proveniente de la producción crecientemente eficiente de los países en proceso de desarrollo. La única herramienta que estas economías tendrán para revigorizar su crecimiento será su capacidad para empujar hacia delante la frontera tecnológica de la humanidad. Tienen para ello las mejores universidades del mundo, los centros de investigación científica y tecnológica más avanzados y los mejores departamentos de Investigación y Desarrollo (R&D) de sus empresas. Si invierten en estos rubros y producen innovaciones tecnológicas que luego van a ser implementadas por todo el mundo, entonces podrá mantener e incluso seguir mejorando su nivel de ingreso real. Si no son capaces de seguir este camino, tendrán crecientes problemas para sostener su actual nivel de ingreso.

Yo soy optimista y pienso que se va a dar una sinergia importante, en este sentido del avance tecnológico, entre las economías avanzadas y el mundo en desarrollo, sinergia de la que todos saldremos favorecidos.

¿Que deberían hacer Turquía y Argentina para aprovechar este clima global que usted describe?

Turquía debería seguir haciendo lo que ha hecho en la última década, sin abandonar su política de lucha contra la inflación. Lo único que se me ocurre recomendar es que Turquía busque expandir sus exportaciones hacia los países emergentes, porque ha dependido demasiado de las compras europeas y norteamericanas y éstos no son los mercados que tendrán rápida expansión  en el futuro.

Con respecto a mi País es fundamentar que recupere la estabilidad de precios y vuelva a integrarse financiera y comercialmente al mundo, ofreciendo estabilidad y seguridad jurídica, como lo había conseguido hasta 1998. Si recrea esas condiciones de estabilidad monetaria y sostiene buenas reglas de juego, con el viento a favor que seguirá soplando desde afuera, Argentina también podrá tener un desarrollo muy rápido y sólido. En realidad, la ventaja de Argentina, como la de toda la América del Sur, es que su gran mercado para el futuro son los países asiáticos y éstos, sin duda, ven a tener un crecimiento muy alto por varias décadas.