Que nos dice la historia sobre la crisis económica que heredó Macri

La historia veraz, no la del ‘relato kirchnerista’, ayuda a entender la naturaleza de los problemas económicos y sociales que enfrenta el gobierno de Mauricio Macri. En pocos días más estará disponible la versión en inglés del libro que escribimos con mi hija. La versión en español se demorará algún tiempo porque la editorial que nos encargó el libro quiso que primero lo escribiéramos en inglés para el público que, por no hablar español, no pudo acceder a mis libros anteriores.

Estamos trabajando en la versión en español y decidimos publicar como anticipo la introducción del libro en la que se alude a la pregunta del título de este post.

La economía de Argentina es enigmática: muchos episodios durante los 200 años como nación independiente son difíciles de explicar en términos estrictamente económicos. Es necesario relacionar los eventos económicos, plagados de conflictos de interés, a las circunstancias políticas, las condiciones externas y las discusiones ideológicas. El propósito de este libro es ayudar al lector a hacer la conexión entre los acontecimientos históricos y lo que ocurre actualmente a través de todos estos ángulos.     

También persigue ofrecer a investigadores y hacedores de políticas que enfrentan problemas similares en otros países las lecciones relevantes de la experiencia argentina.

El libro tiene dos componentes diferentes: una historia económica de Argentina desde el período colonial español hasta 1990, del que son co-autores Domingo Cavallo y Sonia Cavallo Runde y una narración de Domingo Cavallo sobre las reformas y contra-reformas del último cuarto de siglo.

Existen publicaciones excelentes de la historia de Argentina para el largo período que va hasta 1990. Nosotros hemos abrevado mucho en los trabajos de Luis Alberto Romero, Tulio Alperín Donghi, José Ignacio García Hamilton, David Rock, Jonathan Brown, Mario Bunge, Carlos Díaz Alejandro, Roberto Cortés Conde, Gerardo de la Paolera, Alan Taylor, Juan José Llach, Juan Carlos De Pablo, y muchos otros a los que citamos como referencias.

La única originalidad que reclamamos para las partes I a IV del libro es la selección de episodios en los que nos concentramos. Los eventos seleccionados, pensamos que merecen especial atención porque son importantes para entender cabalmente los problemas actuales y ofrecer lecciones útiles a otros países. Adicionalmente hay cierta originalidad en nuestro enfoque político. Deliberadamente tratamos de vincular los acontecimientos políticos y económicos con las discusiones ideológicas y echar luz sobre los muchos conflictos de interés entre grupos crecientemente organizados para presionar. Este análisis sociológico persigue explicar por qué las administraciones, frecuente y drásticamente, cambiaron las reglas de juego o no pudieron llevar adelante las políticas que eran imprescindibles para resolver los problemas.

La parte V es un producto de primera mano. El autor cumplió un rol crucial como hacedor de políticas durante varios años de este período y tiene opiniones fuertes tanto sobre los méritos como sobre los inconvenientes creados por las decisiones adoptadas en el período 1990-2015. La opinión del autor es muy diferente de la narrativa que los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner ofrecieron a lo largo de los 12 años que detentaron el poder. La historia narrada por los Kirchner fue fuerte y persistente. Ellos no se privaron de gastar mucho dinero de los contribuyentes para publicitar y propagandear su versión de la historia. Argentina se benefició de condiciones externas muy favorable durante el boom de las commodities entre 2003 a 2012, lo que ayudó a esconder los graves desequilibrios que se crearon. Esta parte del libro es responsabilidad exclusiva de Domingo Cavallo y por eso, a pesar del consejo profesional de los editores en contrario, usamos la primera persona del singular.

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En los 200 años desde su independencia, los fenómenos mundiales más relevantes que ayudan a entender la historia económica de Argentina son los dos episodios de globalización. El primero, que se extendió desde 1860 a hasta 1930 y el segundo que comenzó en 1945 y continúa hasta hoy.

Gran Bretaña lideró la primera ola de globalización hasta 1914. Comenzó a debilitarse con la Primera Guerra Mundial y terminó cuando erupcionó la Gran Depresión en los Estados Unidos, el país que había comenzado a desplazar a Gran Bretaña como el líder de la producción mundial.

 La segunda onda de globalización comenzó en 1945 cuando los Estados Unidos emergieron de la Segunda Guerra Mundial como la potencia líder de la economía mundial. Después de siete décadas de muchas vicisitudes, este proceso continúa. Hay poderosos actores nuevos que disputan el poder económico y militar a los Estados Unidos, en particular China y Rusia que hasta 1990 todavía funcionaban como sistemas económicos autárquicos pero que han entrado en la economía global en el último cuarto de siglo.

Durante la primera ola de globalización, Argentina fue una de las más exitosas economías emergentes de la época. El sistema político funcionaba en el marco de la Constitución Nacional sancionada en 1853 y aceptada por la Provincia de Buenos aires en 1860. Entre 1870 y 1914, la Economía Argentina creció más rápido que la de los Estados Unidos, Canadá, Australia y Brasil, cuatro países que, como Argentina, cuentan con muchos recursos naturales y atrajeron fuertes influjos de capitales y de inmigrantes desde Europa. Los historiadores Económicos se refieren a esta época como la ¨Edad de Oro¨ de la economía argentina.

Como la mayoría de los países activamente involucrados en el comercio y las finanzas internacionales, Argentina sufrió numerosos shocks que se produjeron después de la Primera Guerra Mundial tales como las hiperinflaciones europeas de los años 1920s, la Gran depresión de los años 1930s y la Segunda Guerra Mundial.

Los problemas Económicos alimentaron actitudes defensivas de grupos de interés crecientemente organizados. Las instituciones democráticas se debilitaron y permitieron que esos grupos de interés, incluidas las fuerza armadas, capturaran mucho poder político.

Argentina sufrió su primer golpe militar en 1930 y hasta 1946 los gobiernos fueron militares o civiles elegidos en elecciones viciadas por el fraude.

En contraste con la primera ola de globalización, Argentina demoró 45 años su participación en la segunda ola de globalización. Entre 1945 y 1990, las políticas económicas se tornaron populistas e internacionalmente aislacionistas. La Economía argentina sufrió inflación persistente y largos períodos de crecimiento lento e inestable. Después de ser un miembro prominente del gobierno militar que tomó el poder en 1943, Juan Perón ganó las elecciones y asumió como presidente en 1946. Desde su ascenso al poder, Perón vio la promoción de la industria manufacturera, la construcción, y los servicios internos, intensivos en el uso de la mano de obra, como una forma de redistribuir ingreso des de las actividades agropecuarias, capital y tierra intensivas, en favor de los trabajadores urbanos.  Para implementar esta estrategia, Perón utilizó tipos de cambios múltiples, restricciones cuantitativas y altos aranceles de importación e impuestos explícitos e implícitos sobre las exportaciones de productos agropecuarios.

Los efectos deseados sobre los salarios reales no duraron mucho tiempo porque esas políticas provocaron el estancamiento de la producción agropecuaria, una reducción drástica de las exportaciones y dificultades para financiar la importación de insumos y bienes de capital indispensables para sostener la producción eficiente de las manufacturas y los servicios.

Además de su estrategia de sustitución de importaciones y redistribución de ingresos, el gobierno de Perón incrementó mucho el gasto público lo que resultó en déficit fiscales importantes. Inicialmente, gravámenes sobre la riqueza y ahorros acumulados en el pasado financiaron estos déficits fiscales. Pero eventualmente el gobierno terminó utilizando la emisión monetaria como principal fuente de financiamiento. La inflación se transformó en un fenómeno persistente: con excepción de un pico en 1959 (un año de un drástico sinceramiento de inflación reprimida), la inflación varió alrededor del 30 por ciento anual. Pero, la peor experiencia inflacionaria todavía estaba por venir. 

Restricciones de oferta y baja productividad durante la primera parte de los años 1950s restringieron la expansión de la industria. Incluso cuando la expansión industrial se revigorizó, especialmente luego de la apertura a la inversión directa extranjera durante la presidencia de Arturo Frondizi (1958-1962), el crecimiento global fue menor que en la Edad de Oro, menor que en los Estados Unidos, Australia y Canadá en el mismo período y significativamente menor que en el vecino Brasil.

En 1973, Perón volvió a ser Presidente por tercera vez. Fue nuevamente un tiempo de términos del intercambio externo favorables, no muy diferente que los que existieron al comienzo de su primera presidencia. En dos años Perón implementó políticas similares a las que había aplicado antes: fuertes impuestos a la agricultura, aliento activo a las manufacturas, la construcción y los servicios, fuerte aumento del gasto público y fuertes déficits fiscales financiados con expansión monetaria masiva.

En esta oportunidad, los términos del Intercambio se revirtieron mucho más rápido que al final de los 1940s. La muerte de Perón en julio de 1974 y la intensificación de la lucha entre los guerrilleros y los militares recortaron el poder de Isabel Perón. En este contexto, su intento de revertir las políticas, como el mismo Perón lo había hecho después de 1949, generaron protestas, huelgas y disturbios que terminaron en una explosión inflacionaria en junio de 1975.

Los quince años que siguieron a la explosión inflacionaria de 1975 fueron dramáticos. La inflación se mantuvo siempre arriba del 100 por ciento anual y los intentos de introducir reformas económicas parciales no lograron revertir el clima de estancamiento y alta inflación.

La performance de crecimiento en este período fue muy pobre. El ingreso per-cápita declinó al 1.5 por ciento anual por año mientras en el mundo se expandía al 1.6 por ciento anual. Hacia el final del período, la economía sufrió hiperinflación. Entre marzo de 1989 y marzo de 1990, la tasa anual de inflación alcanzó el 11.000 por ciento anual.

La traumática experiencia de 1975 a 1990 creó las condiciones políticas para una reorganización completa de la Economía: una ambiciosa reforma económica que persiguió la inserción completa de Argentina en la economía global enmarcada por un sistema monetario similar al de las décadas iniciales del siglo veinte.

Durante el primer trimestre de 1991, el gobierno argentino sancionó la Ley de Convertibilidad que creo un nuevo sistema monetario basado en el peso convertible 1 a 1 con el dólar y totalmente respaldado por reservas externas. La misma ley legalizó el uso del dólar en competencia con el peso.

Al mismo tiempo, el gobierno eliminó los Impuestos sobre las exportaciones agropecuarias, redujo los derechos de importación, eliminó las restricciones cuantitativas a las importaciones. También privatizó empresas estatales luego de recrear competencia en los mercados o regulaciones adecuadas cuando los servicios constituían monopolios naturales. El gobierno también redujo el gasto público, simplificó el sistema impositivo y eliminó el déficit fiscal.

La inflación cayó al 3 por ciento por año en 1994. El país gozó de cuatro años consecutivos de crecimiento rápido. En 1995 una interrupción repentina en el flujo de capitales provocada por la crisis mejicana generó una recesión, pero el FMI y otras instituciones financieras, incluyendo bancos privados, proveyeron financiamiento de última instancia y la economía se recuperó en un año sin que se alteraran las reglas de juego. Argentina volvió a experimentar crecimiento rápido desde 1996 hasta 1998.

A causa de varios shocks externos, particularmente la devaluación del real brasilero en enero de 1999 y la depreciación del euro desde 1999 hasta mediados de 2002, Argentina entró en recesión al final de los 1990s. con un fuerte deterioro de los términos del intercambio externo y la imposibilidad de devaluar el peso, la deflación acompaño a la recesión y crearon un clima de virtual depresión. El desempleo y la pobreza aumentaron sostenidamente.

Comenzando en 1999, el gasto público como porcentaje del PBI aumentó debido a la recesión y al aumento de intereses de la deuda pública, particularmente de la deuda de las provincias con el sistema bancario local. Por la misma razón, los ingresos comenzaron a declinar y el déficit fiscal a aumentar. El deterioro fiscal causó otra interrupción repentina en el flujo de capitales externos.

En el último trimestre de 2000, disminuyó la entrada de capital extranjero y en 2001 se produjo otra interrupción repentina en el flujo de capitales como la de 1995. Se generó una gran iliquidez en el sistema bancario. A esta altura de los acontecimientos las provincias tuvieron problemas para servir sus deudas y varios bancos se tornaron insolventes. Ni el banco central ni el gobierno tenían recursos para ayudarlos. 

El FMI, que a mediados de 2001 había provisto algunos fondos, en noviembre de 2001 decidió retirar su apoyo justo cuando el gobierno anunció una re-estructuración ordenada de la deuda. Una corrida contra los bancos obligó al gobierno a restringir el retiro de dinero en efectivo de los bancos. Esta decisión generó disturbios y provocó la caída del gobierno de De la Rúa.

En medio del caos político, un nuevo gobierno provisional liderado por el presidente interino Eduardo Duhalde decidió abandonar la convertibilidad, transformando todas las obligaciones financieras, incluidos los depósitos bancarios, de dólares a pesos inconvertibles. Esto provocó una fuerte devaluación del peso. El precio del dólar saltó de 1 a 3.8 pesos entre enero y septiembre de 2002. En ese año el índice de precios al consumidor aumentó 42 por ciento y la devaluación y consecuente reintroducción de la inflación incrementó dramáticamente el desempleo y la pobreza en la primera mitad de 2002.

El gobierno congeló salaries, jubilaciones y tarifas de los servicios públicos. Además, introdujo impuestos a las exportaciones agropecuarias y controles de precios a la carne y a otros bienes de consumo básicos. En 2002, cuando los términos del intercambio externo mejoraron y el dólar se depreció frente a la mayoría de las monedas, la economía argentina que entre 1998 y 2002 había sufrido una caída del 25 en su PBI, comenzó a recuperarse rápidamente y el peso se apreció. El precio del dólar bajó desde 3.8 pesos a algo por debajo de 3 pesos y la inflación declinó al 3 % anual en 2003.

El nuevo gobierno liderado por Néstor Kirchner dejó que los salarios se incrementaran gradualmente en 2003 y más rápidamente a partir de 2005. El gasto público también comenzó a aumentar rápidamente. En 2006, a pesar de que la reestructuración compulsiva de la deuda de 2005 permitió una fuerte reducción del costo en intereses de la deuda pública, el gasto público volvió al mismo porcentaje del PBI del 2001.

La política monetaria se fijó como meta el crecimiento de la demanda en lugar de apuntar a la inflación y el banco central intervino para parar la apreciación del peso. Comenzando en 2005, como los salaries comenzaron a recuperarse, el gasto público aumentó a un ritmo rápido. Como la política monetaria estuvo comprometida en evitar la apreciación del peso, la inflación comenzó a aumentar nuevamente.

La inflación se aceleró al 6 por ciento en 2004 y aumentó hasta el 24 % anual en 2008. El gobierno, en lugar de utilizar la política monetaria como una herramienta anti-inflacionaria, decidió mentir sobre la medición oficial de la tasa de inflación, que a partir de 2007 fue virtualmente fijada (por manipulación de los datos) en 9 por ciento anual. La deuda interna estaba indexada a la medida oficial de la inflación por lo que los tenedores de deuda sufrieron una nueva devaluación de sus activos. Esta política hizo imposible financiar los déficits con deuda interna voluntaria y desacreditó aún más a Argentina en el exterior.

La economía continuó creciendo rápidamente, excepto en 2009, cuando la recesión global y un conflicto muy serio con los agricultores produjo una recesión. Términos del intercambio exterior favorables y los fuertes déficits fiscales y estímulos monetarios a la demanda interna continuaron empujando el crecimiento del PBI.

La intervención gubernamental en los mercados, las restricciones al comercio exterior, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos, la re-estatización de muchas compañías de servicios públicos y el fuerte aumento en el gasto público y la presión tributaria configuró una contra-reforma de la reforma económica de los 1990s.

Para 2012, el talón de Aquiles de la economía argentina era no solo la inflación, para entonces un fenómeno persistente, sino también las muchas distorsiones de precios relativos que desalentaban la inversión eficiente y, en su lugar, alentaban la fuga de capitales, la especulación con tierras y la inversión ineficiente en edificios y propiedades de lujo. Luego de 2012, la estanflación se transformó en la nueva realidad.

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Al principio de 2016, cuando estamos escribiendo esta introducción, la economía argentina está nuevamente en medio de una tormenta económica. La crisis que sufre es similar a las crisis que en la historia de Argentina siguieron a episodios de políticas populistas y aislacionistas.

Las políticas de la última década dejaron a Argentina con un 40% de inflación anual, desempleo creciente y una recesión que ya lleva tres años, comercio exterior declinante y prácticamente nula inversión directa extranjera. No es casual que alrededor de 80 mil millones de dólares se fugaron del país durante los últimos ocho años.

El 10 de diciembre de 2015, un nuevo gobierno asumió el poder. Para encontrar soluciones sostenibles el Presidente Mauricio Macri está tratando de aplicar reformas y políticas que ya han sido probadas en el pasado. Intentos similares del pasado han probado ser políticamente muy difíciles y vale la pena revisar sus antecedentes y consecuencias.

Al menos dos veces en pasado reciente, el país sufrió crisis semejantes. En las dos instancias, la crisis se produjo después de varios años de elevado gasto público, fuertes y persistentes déficits fiscales financiados con emisión monetaria, restricciones a las exportaciones e importaciones, controles de cambio y generalizadas intervenciones distorsivas en los mercados. Estas políticas se desplegaron durante años en los que los términos del intercambio externo resultaron favorables, pero se tornaron insostenibles cuando esa tendencia se revirtió.

La primera crisis comenzó en 1949, el cuarto año del primer gobierno de Juan Perón. La otra ocurrió en 1975, en el tercer año del tercer gobierno peronista, cuando Perón ya había fallecido y su tercera esposa, María Estela Martínez de Perón (popularmente conocida como ‘Isabelita’) lo sucedió en el poder. Estas crisis fueron similares a la que vivimos en 2016, pero no fueron, ciertamente, las únicas crisis que Argentina soportó durante su historia.

También existieron crisis después de períodos de políticas relativamente ortodoxas orientadas a integrar a Argentina en la economía mundial.  Hubo una crisis en 1914 y otra en 1930, en ambos casos después de décadas de activa y exitosa participación del país en la primera gran ola de globalización. Hubo también otra crisis de este tipo al comienzo del siglo 21, luego de una década de políticas económicas que procuraron integrar Argentina en el proceso de globalización revitalizado que siguió a la caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética.

Estos dos tipos de crisis son de naturaleza diferente, pero las circunstancias externas fueron cruciales en ambos casos para explicar el momento en que las crisis comenzaron. Las crisis que siguieron a períodos de activa participación de Argentina en la economía global ocurrieron en momentos de fuerte declinación de la demanda externa de los productos de exportación que generaron presiones deflacionarias. Las crisis que siguieron a períodos de populismo y aislamiento internacional se produjeron cuando el fenómeno de fuerte mejoramiento en los términos del intercambio que las había hecho posible comenzó a revertirse.

Las condiciones macroeconómicas de la economía en estos dos tipos de crisis fueron muy diferentes. El problema macroeconómico que caracterizó a las crisis de 1914, 1930 y 2001 fue la deflación. El problema al tiempo de las crisis de 1949 y 1975, fue la inflación, el mismo problema que la economía argentina enfrenta hoy.

Finalmente, a lo largo de la historia argentina existieron muchas otras crisis monetarias y de deuda que e originaron en perturbaciones monetarias y fiscal de cuño interno más que por shocks externos. Este fue el caso de las crisis de 1876 y 1890 y también el de las crisis de 1958, 1962, 1981 y 1985. Las políticas aplicadas para superar las crisis de 1876 y 1890 permitieron reestablecer la estabilidad luego de algunos años. Pero las crisis que siguieron a períodos de políticas populistas y aislacionistas, la estabilidad de los precios fue muy esquiva. Para peor, en cada uno de los casos, pocos años después de cada intento de superar la crisis, la inflación se aceleró y terminó en un escalón más alto que antes de la crisis. El único proceso de estabilización exitoso fue el de 1991 después que el país sufriera hiperinflación.

Ahora que Argentina confronta una vez más las consecuencias de políticas populistas y aislacionistas insostenibles, es apropiado preguntarse sobre el curso futuro de los acontecimientos. ¿Debemos esperar que Macri encuentre las mismas dificultades que los gobiernos enfrentaron en 1949 y 1975 para revertir políticas populistas similares a las del gobierno de los Kirchner?

¿Tendrán los ciudadanos de Argentina que soportar una nueva hiperinflación antes de encontrar el camino a la estabilidad y el crecimiento sostenibles? ¿Podrá la experiencia de los traumáticos 20 años que siguieron a 1949 y los aún más traumáticos que siguieron a 1975, ser utilizada para diseñar una estrategia capaz de alcanzar éxito y recrear el clima estable e integrador en la economía global que comenzó en Argentina y en la mayoría de los países de América latina alrededor de 1990?

Este libro trata de contestar estas preguntas indagando en la historia económica de Argentina y revisando una a una sus numerosas y recurrentes crisis. Retrocede hasta los siglos cuando Argentina era todavía parte del Imperio Español y hasta los 50 años de las Provincias unidas del Río de la Plata que precedieron a la formación de la unificada Nación Argentina. Varios de los defectos institucionales y el comportamiento extremadamente confrontativo de las élites políticas y económicas del país son un legado de la historia argentina: más de tres siglos de gobiernos altamente centralizados e intervencionistas no lograron construir una sociedad pacífica y moderna. Muy diferentes resultados se consiguieron en los Estados Unidos, Canadá y Australia, por nombrar sólo a unas pocas economías emergentes que tenían recursos humanos y características geográficas similares a las de Argentina, pero cuyos arreglos institucionales le permitieron un grado mucho mayor de libertad ciudadana y desplegaron un respecto por la ley y los derechos de propiedad que brilló por su ausencia en el caso de Argentina.

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Esperamos que la discusión de las consecuencias negativas de la inflación persistente, de la estanflación y de la hiperinflación, como lo ha demostrado la experiencia argentina, sirva como advertencia para evitar el uso y abuso de la política monetaria como un instrumento para eliminar las deudas a través de la inflación. Esta es una advertencia relevante en estos tiempos en los que economistas muy influyentes sugieren a los países que tienen una deuda muy pesada aplicar la que denominan ‘la solución a la Argentina’. Utilizar la política monetaria, o aún peor, rediseñar el sistema monetario como para facilitar la recolección del impuesto inflacionario en lugar de llevar a cabo procesos ordenados de re-estructuración de deudas es muy peligroso. Sólo reproduce todos los errores de política económica que transformaron a Argentina de ser el caso ejemplar de estabilidad de precios y crecimiento en los 1990 en el caso perdido de los últimos 15 años.

La evidencia de las consecuencias del populismo y el aislacionismo sobre la inversión y la productividad que surge de la experiencia histórica de Argentina puede ser útil para los países que están tratando de integrar sus economías a la economía mundial. ¿Es posible sacar ventaja de las oportunidades ofrecidas por la globalización? ¿Es posible proteger a la economía nacional de los shocks externos negativos que resultan de la globalización? Para respuesta, podemos mirar atrás una vez más. En materia de crecimiento y globalización, Argentina también paso de ser el caso ejemplar en el período 1870-1913 a ser el caso perdido en el período 1945-1990.

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Clave para explicar el curso de los acontecimientos que caracterizaron a la enigmática historia económica de Argentina fue la confrontación entre las ideologías prevalentes y la interacción de grupos crecientemente organizados para defender sus intereses corporativos, particularmente durante el período de entre-guerras, en lugar de crear sinergias generaron conflictos, violencia y permanente inestabilidad institucional.

El retorno de la democracia en 1983 creó expectativas positivas sobre el efecto que el sistema político tendría para revertir los defectos que habían dejado más de 50 años de sucesivos golpes de estado, gobiernos militares, gobierno constitucionales débiles elegidos en elecciones restringidas y el Peronismo como un partido hegemónico. Sin embargo, la experiencia de los últimos 15 años ha demostrado que la debilidad de la democracia argentina persiste, particularmente en lo que concierne a sus instituciones republicanas.

Tenemos la esperanza que el actual gobierno y los que le sucedan no sólo restablezcan el orden económico, pero, sobre todo, restablezcan el funcionamiento pleno de las instituciones federales, democráticas y republicanas de nuestra Constitución Nacional.

42 comentarios en “Que nos dice la historia sobre la crisis económica que heredó Macri”

    1. El Peronismo de Menem y Duhalde desde 1977 en adelante y el Peronismo de Duhalde de 2001 y 2002. Pero el Peronismo de Menem entre 1989 y 1996 fue el que me permitió proponer y llevar a cabo muy profundos cambios estructurales que eran imprescindibles para que Argentina pudiera recuperar estabilidad y crecimiento, como lo hizo entre 1991 y 1998. Mi problema y el de De la Rúa, fue el Radicalismo de Leopoldo Moreau (para no decir de Raúl Alfonsín, porque no todos los alfonsinistas boicotearon el gobierno de De la Rúa). Por eso yo no coincido con los que concluyen que todo lo malo es del Peronismo y todo lo bueno de los demás partidos. Un abrazo.

  1. Gracias Dr. Cavallo, espero ansioso la versión en español y ojalá esté también en digital, mi cordial saludo.

  2. Dr Cavallo ,ssto es maravilloso ,estan haciendo con au hija una obra excelente ..
    El libro ya aparecio en ingles ?
    Me alegra ademas que aiga avanzando ,que su mente cada dia crezca mas .
    Y ya supere una decada en la que Ud participo ,eso ya paso.
    Ahora nos esperan nuevos desafios , espero algun dia conocerlo personamente .

    1. Con mucho gusto Roberto. Escribimos este libro para bucear en la historia experiencias que nos puedan ayudar a enfrentar los desafíos del presente y del futuro. Un abrazo.

  3. Estimado Dr Cavallo, si bien es absolutamente necesario el aporte de los economistas en la organización de los países, más aún si se trata de personas idóneas cómo usted, no deja de ser cierto que sus aportes difícilmente tengan otra misión que no sean para superar o conducir la coyuntura.
    Los problemas de fondo, es muy probable que no les estén reservados a la política económica la tarea de resolverlos.
    De hecho, en su post puede concluirse que la solución pasa definitivamente por las formación de INSTITUCIONES adecuadas y que además, lo más difícil de todo, funcionen eficientemente.
    La historia de América Latina permite observar que todos los países que la conforman repiten las mismas historias socioeconómicas y los mismos resultados en más o menos los mismos tiempos.
    Como no puede atribuirse este fenómeno a la casualidad, es evidente que las causas son más profundas que las coyunturales de cada país.
    Y sin dudas, la causa madre de todos los problemas que atravesamos los pueblos latinoamericanos está en nuestra CULTURA.
    Cultura entendida como los hábitos, costumbres, conductas y reacciones típicas de los habitantes de un pueblo.
    Costumbres que pueden hacer más o menos fáciles funcionar a las instituciones.
    Cuando los hábitos de los ciudadanos más apegados son al cumplimiento de las normas y reglas, muchísimas más posibilidades hay de que las instituciones sean eficientes.
    Obviamente, el apego al cumplimiento de las normas y reglas no es el caso de la cultura latinoamericana, como si se destacan en ello las culturas de los países desarrollados de Occidente y Japón (cualquiera que conozca estos países o haya entablado un mínimo diálogo con sus ciudadanos se percata fácilmente de ello).
    En fin, si las instituciones no funcionan, los países difícilmente progresen y si lo hacen es mediante gobiernos autoritarios y que como tales, tienen los días contados, por lo que un retroceso será probablemente su futuro.
    La cultura es la que decide la regla siguiente: para que las INSTITUCIONES funcionen, debe funcionar una primera y fundamental INSTITUCIÓN.
    Ésta es la institución CIUDADANO.
    Si el ciudadano no funciona socialmente, el país tampoco lo hará.
    Lamentablemente, el problema no se agota en la cultura que hace eficiente o no a la institución CIUDADANO (tan importante como difícilmente modificable, dicho sea de paso).
    El otro gran problema de los pueblos latinoamericanos (subdesarrollados en general) es la IDEOLOGÍA predominante.
    El latinoamericano es decididamente adepto a cualquier idea que implique distribución de la riqueza y elevada participación del Estado en la actividad económica (por eso todos los ídolos políticos populares provienen de este espectro ideológico)
    Si bien no tiene nada de malo ésta ideología, como lo demuestran los países exitosos de la Europa del bienestar, requieren de una participación activa de los ciudadanos y además con gran responsabilidad e interés en la cosa pública.
    Justamente lo que nosotros, por nuestra CULTURA, carecemos definitivamente.
    No hace falta explicar como la combinación de falta de compromiso ciudadano durante los gobiernos “socialistas”, terminan todos inevitablemente en los POPULISMOS nuestros de cada día.
    También soy un convencido de que si en los países con nuestra CULTURA se aplicaran políticas liberales, dónde la participación del Estado se intenta reducir a un mínimo e indispensable protagonismo, nuestra cultura no sería un obstáculo para el progreso (cuanto menos es la intervención del Estado, menor será la responsabilidad del ciudadano en la organización social).
    Lamentablemente, nuestra historia nos da sobradas muestras de que las ideas liberales solamente son posible utilizarlas ante los reiterados desastres desencadenados en cada intento de políticas distribucionistas.
    Los liberalismos en Latinoamérica son posibles solamente en períodos donde su presencia es inevitable para que ingrese el único, fundamental e imprescindible “combustible” que da sustento y dinamismo a nuestras economías, me refiero a la INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA.
    Pero una vez superado el desesperado momento de crisis, con el regreso del dinero, los distribucionistas nuestros de cada día vuelven aclamados por la gran mayoría de los ciudadanos en la primera oportunidad o elección tengan.
    Entonces el CICLO clásico latinoamericano se reinicia.
    Ud llegó al ministerio de economía por este clásico fenómeno social latinoamericano y Macri también por el mismo motivo.
    Como conclusión y disculpe si me extendí demasiado, o cambiamos nuestra CULTURA para que las INSTITUCIONES sean eficientes (cuando lo son, todas las políticas funcionan, más o menos a la izquierda o a la derecha siempre que se mantengan dentro de los límites que marca el capitalismo) o cambiamos nuestra IDEOLOGÍA predominante hacía las ideas liberales que ya dieron sobradas muestras de que a pesar de nuestra CULTURA, pueden generar riqueza real (un rotundo éxito de Macri podría dar inicio a un cambio ideología popular, ojalá así sea).
    Cualquiera de las dos opciones son muy difíciles de producirse.
    Más aún cuando nadie le da la más mínima importancia, incluidos los jugadores claves en este tema. Me refiero a los medios de comunicación.
    Ojalá algún día esto comience a cambiar y se le de la importancia que se merecen la CULTURA y la IDEOLOGÍA predominante.
    Permitame acotar algo más.
    ¿Se imagina el destino del país si una mayoritaria proporción de la población, no solamente aprobara las políticas de libertad económica, sino también exigiera su implementación?
    ¿Un ambiente político donde los gremios se vieran obligados por la presión popular a privilegiar los intereses de la industria y después negociar los intereses del trabajador?
    ¿Donde la inversión extranjera sea vista como un a bendición y no como una legión extranjera dispuesta a saquear el país?
    ¿Donde el pueblo exija la corrección del gasto público disminuyendo, si es necesario, el exceso de empleo público?
    ¿Donde se privilegie por amplia mayoría la privatización sobre la estatización?
    ¿En fin, un país dónde se privilegie la iniciativa privada sobre cualquier intromisión del estado?
    ¿Que duda cabe?
    ¿No sería el trabajo de los ministros de economía infinitamente más fácil para lograr el crecimiento económico?
    El progreso sería una inevitable realidad.
    !Argentina sería un gran país!
    ¿No es hora de darle la importancia que se merece a la ideología predominante?
    ¿Y más importante aún, cuál es el motivo por el que en prácticamente todos los países del planeta, los ciudadanos optan por las ideas de la izquierda por sobre las de la libertad económica?
    !Se me “hace agua la boca” de solo imaginar vivir una realidad así!
    Un abrazo.
    razonvsinstinto.blogspot.com
    “Colectivismo y cultura individualista”
    “Política individualista e ideología predominante”

    1. Muy bueno tu comentario Ramiro. Coincido sobre la importancia de la cultura y las instituciones para el buen funcionamiento de una sociedad, no sólo de su economía. En nuestro país lo explicaron con claridad y elocuencia dos grandes pensadores que, si bien discreparon en muchas otras materias, en esta coincidieron: Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi. Yo sostengo que Alberdi fue no sólo un gran Jurista sino también el primer economista insitutcional de la Argentina. Existe una corriente del pensamiento económico que se denomina, precisamente, “economía insitucional”. Entre sus miembros m[as destacados recientemente se encuentran Ronald Coase, Douglass North, Elinor Ostrom y Oliver E. Williamson. Yo les presto mucha atención. Si leés mis libros, comenzando por Volver a Crecer (Sudamericana,1985) vas a econtrar que yo sostengo que el problema de la econo{ia argentina más que las malas políticas son las malas instituciones. Por eso el subtítulo del libro es una propuesta de reorganización integral de la economía argentina.
      Yo le doy más importancia a las insituciones que a la cultura. Yo creo que la cultura es resultado de las instituciones. Los problemas de las economías latinoamericanas, como muy bien lo explica Juan Ignancio García Hamilton, tiene que ver con las instituciones que impuso el Imperio español en tus territorios americanos que dio lugar a la cultura poco productiva y creadora de cudillismos que muy bien describe Sarmiento en Facundo. Sin embargo, los pensadores y políticos que escribieron y actuaron durante el período de las guerras civiles y durante el proceso de Organización Nacional produjeron un cambio institucional, que al principio fue más importante en lo económico que en lo político, y ayudaron a un cambio cultural que se acentuó con la inmigración europea. Lamentablemente no sólo llegaron de Europa los campesinos y trabajadores con gran dedicación al trabajo y al ahorro, sino también dirigentes anarquistas y marxistas que influyeron mucho en las primeras organizaciones sindicales a la vez que los grandes terratenientes si bien adherían al ideario liberal no dejaban de utilizar su influencia sobre el Estado para mejorar sus negocios. La inversión directa extrangera fue muy importante por esos años, pero faltó la inversión directa local porque el ahorro de las clases dirigentes locales se orientó más a consumos que trataban de imitar a los de la nobleza europea que a los emprendedore norteamericanos.Los conflictos internacionales del período 1914-1945 y su correlato local de inetabilidad política y económica llevó a un renacimiento de la cultura rentística y demandante de caudillos de la colonia y del período de las guerras civiles. A ello se sumó la corporativización de la política y de la economía. el advenimiento del Peronismo fue la encarnación den un caudillo de esa cultura, que impregnó el funcionamiento de la sociedad durante 45 años, hasta que caimos en hiperinflación. Fue la hiperinflación, más que Menem y Cavallo, la que creo el ambiente propicio para una gran reforma insitucional. Yo fui el arquitectó de esa reforma que no estubo inspirada en soluciones coyunturales sino en una verdadera reorganización de la economía y la sociedad Argentina. Lamentablemente no alcanzó a recrear la cultura del progreso porque una clase dirigente retrógrada, entre la que lamentablemente debemos incluir tanto a Duhalde como Alfonsín, tuvieron más habilidad política que los dirigentes con vocación democrática y republicana, y aún que no lo digan, liberal que participaron tanto en el gobierno con Menem como con De la Rúa. Que el pueblo estaba cambiando su cultura y apoyaba un clima de estabilidad y libertades lo demuestran todas las votaciones desde 1991 hasta 2001. Nadie votaba en contra de la convertibilidad que se había convertido en el símbolo de las nuevas reglas de juego de la economía. Tuvieron que organizar un verdadero golpe insitucional en diciembre del 2001 para interrumpir el evance hacia soluciones que no iban a desorganizar el sistema y poner en marcha un plan que significaba reintroducir con fuerza la inflación y todas las deformaciones culturales que se asocian a ellas. Lamentablemente, no hemos tenido suerte en conseguir que los períodos en que las insitutciones económicas y políticas funcionaron conforme al espíritu de la consitucion alberdiana lograran cambiar la cultura popular y dirigencial en la dirección de la libertad.Ojalá Macri consiga mejores resultados, siempre que se decida a llevar a cabo, con coraje, la reforma insitucional indispensable. Un abrazo.

      1. Ojalá la razón esté de con usted ya que es mucho más sencillo crear las instituciones adecuadas y ponerlas en práctica el tiempo suficiente para cambiar la cultura, que intentar primero cambiar la cultura para después tener instituciones eficientes.
        Yo creo que si la cultura no acompaña, por más geniales sean las instituciones, simplemente el ciudadano no cumple lo que las instituciones esperan o se proponen y el fracaso más tarde o temprano llega.
        No me imagino imitar con éxito las instituciones de la sociedad sueca por ejemplo (por cierto, con brillantes resultados en ese dichoso país).
        De hecho creo que en realidad, lo que debemos tratar de hacer es adaptar las instituciones a nuestra cultura.
        Y las instituciones que para mí son no solamente las que mejor se adaptan a nuestra cultura, sino las únicas posibles, las que promueven la libertad económica y mínima participación del Estado.
        Es decir, instituciones donde el escaso apego al cumplimiento de las normas y reglas típicas de nuestra cultura provoque la menor cantidad de trabas posible.
        Pero esta opción choca de lleno con otra pared siempre presente en nuestras latitudes.
        Me refiero a la ideología predominante siempre simpatizante de las ideas distribucionistas y estatistas.
        Si bien es cierto que la gente acompañó a la convertibilidad con su voto en varias elecciones, sinceramente creo que solamente lo hizo por una postura individualista e interesada (típica conducta de las culturas como la nuestra).
        Solamente basta escuchar la opinión de la palabra privatización de la gente para interpretar lo lejos está el argentino promedio de las ideas liberales.
        Sin embargo, creo que si se hubiese podido mantener el tiempo suficiente las políticas e instituciones bien instrumentada y aplicadas por ud (con los logros increíblemente negados por gran parte de la sociedad) tal vez, solamente tal vez, la ideología popular hubiese comenzado a cambiar.
        Es decir, mi interpretación que difiere de la suya pero confluyen en el mismo objetivo, es que las instituciones liberales pueden cambiar la ideología predominante, más que cambiar la cultura.
        Una argentina donde la mayoría de la población priorice sin dudar las políticas liberales sobre las estatistas, no tengo la menor duda de que la prosperidad económica será una inevitable realidad y entonces habrá espacio para trabajar en los aspectos negativos de nuestra cultura.
        Ahora habrá que esperar que Macri logre lo que después de los 90 lamentablemente abortó.
        Debo aclarar que aunque parezca una tarea relativamente sencilla, en realidad choca contra las pulsiones humanas mucho más poderosas de lo que todos creen, pulsiones que empujan insistentemente al hombre a abrigarse en el estatismo y extracción de beneficios de aquellos que son los afortunados de la sociedad.
        Esta enorme dificultad explica porque casi todo el planeta se mantiene en el atraso y subdesarrollo desde hace ya siglos y la prosperidad se limita a un relativamente pequeño sector.
        Un abrazo.

        1. Sin duda, las estructuras culturales son las más difíciles de cambiar, pero, lamentablemente, no hay otro camino para cambiarlas que la educación y no sólo la formal sino la que surge de la experiencia. Buenas instituciones pueden contribuir a que la cultura cambie, lentamente por cierto, en la dirección deseada. Pero también es cierto que la cultura presente termine haciendo inviable o provocando el cambio de las buenas instituciones. Por eso hay crisis tan frecuentes y cambios de dirección. Ciertamente la experiencia argentina es de crisis más frecuentes y profundas que en la mayoría del resto de las naciones y eso puede deberse a lo arraigada que estan los rasgos negativos de nuestra cultura. Un abrazo.

  4. Estimado Dr.Cavallo: Como se refiere al final a las enseñanzas que puede ofrecer al mundo la historia argentina quisiera preguntarle sobre las perspectivas que ofrece la economía mundial para el país. Como en el mundo hay un proceso de sobre endeudamiento notorio tanto a nivel del crédito privado como del crédito público creo imposible retornar a una política de tasas altas y dólar fuerte, si se quiere en el caso estadounidense subir el déficit fiscal no les queda otra que aplicar impuesto inflacionario sobre los saldos monetarios licuando sus deudas (solución argentina). Las tasas de interés reducidas ayudaron pero no revirtieron el proceso del sobre endeudamiento. Si lo que sostengo es correcto se avecina un período de inflación mundial consecuencia conocida por nosotros de la aplicación de políticas populistas y aislacionistas. Le pido su opinión sobre esta posibilidad, gracias como siempre

    1. El problema de sobreendeudamiento en el mundo no es tanto de los Estados Unidos como del resto de los países avanzados. En los Estados Unidos la deuda pública externa es inferior a los activos reales que Estados Unidos controla en el exterior y que le dan una rentabilidad superior a la tasa de interés que paga sobre su deuda. El problema de sobreendeudamiento lo tienen mucho más varios países europeos y el propio Japón. En alguno de esos países las tasas de interés son tan bajas, que el sobreendeudamiento no les crea ningún problema. Sí tienen problemas de sobrendeudamiento las economías del sur de europa que soportan altas tasas de interés (por el alto riesgo país) como España, Grecia, italia, Portugal y, en menor medida, Francia. Mi recomendaci[on en el sentido que no se valgan del impuesto inflacionario para resolver su sobre endeudamiento y en su lugar encaren procesos simultáneos de consolidación fiscal y reestructuraciones ordenadas de pasivos (como la que nosotros comenzamos a hacer en 2001 pero, lamentablemente, no pudimos concluir a causa del golpe insititucional de diciembre de ese año) va dirigido a los países del sur de europa (principalmente Grecia, a la que tentaron con la solución “a la Argentina”) y a los países sobre-endeudados de la ex-Unión Soviética. El problema de la economía global, más que el sobre-endeudamiento del sector público, es el altísimo grado de intermediación, tanto en acciones como en bonos, de los mercados de capitales en los que además se han creado los denominados derivados, que son productos para los que no es fácil medir el riesgo. La intermediación estrictamente financiera que supervisan los bancos centrales está hoy mucho más controlada que antes de la crisis del 2008, pero el shadow banking se ha expandido mucho. Lo que puede llegar a ocurrir es que Trump trate de ayudar a que no se produzca una nueva crisis en los mercados de capitales tratando de hacer que el Banco de la Reserva Federal emita mucho dinero, pero no le va a resultar fácil y, además, no sería efectivo, porque la inflación si bien licúa las deudas , destruye a los mercados accionarios que, hoy por hoy, son muy importantes en las economías más avanzadas. Un abrazo.

  5. El problema argentino, excede el marco de la economía. No se trata de buscar hombres salvadores que solucionen problemas económicos. Los intelectuales, han arruinado el páis con sus “nuevas ideas”. El meollo de la cuestión, es la cultura, y eso no se arregla con meros planes económicos. El populismo ha destrozado el país. Ya desde Juan B. Alberdi, se venía reclamado, que la vagancia y el ocio eran las causas de la pobreza. En fin, el espacio excede mayores comentarios.

    1. Hola José Eduardo. Acabo de responder un largo comentario de Ramiro Millan sobre cultura e insituciones. Por favor lée su comentario y mi respuesta. Un abrazo.

  6. Querido Domingo,

    Gracias por la mención a mi padre. Celebro hayan escrito este libro y lo estaré leyendo en estas semanas si consigo bajarlo al kindle como hice con ‘Estanflacion’.

    Gracias también por la claridad y honestidad intelectual de siempre. Hay que seguir luchando por la verdad y por mayor libertad.

    Un cálido abrazo,
    Luis

  7. Excelente Sr Cavallo, faltaria agregar fecha de muerte del Sr Peron
    28/06/1973 a causa de falta de oxígeno en la quinta presidencial que es donde estzba

    1. ¿No murió en 1974? Lo de la falta de oxígeno en Olivos no me sorprende. el país y el gobierno estaban tan desorganizados que todo puede haber ocurrido. Un abrazo.

  8. Excelente contribución que esperamos con gran interés. Tulio Halperín Donghi nos ha dejado un legado invalorable en su obra. La crisis del 2001/2 nace con el default y con la relación con todo lo externo que se completa con la alteración unilateral de las reglas de juego (CIADI, FMI, Club de París, OMC, Mercosur, desvalorizació de la OEA, ceación de la división en el continente Americano (UNASUR), etc, que duraron hasta el gobierno de Macri. Ha sido un rechazo autarquista en toda la línea del que empezamos a salir.

  9. Mingo, la traducción al español la estás trabajando vos personalmente? Si es así espero a que salga en español.

    Te dejo unas correcciones menores:
    “en el marco de la Constitución Nacional sancionada en 1953 ” –> 1853
    “la devaluación del real brasilero en febrero de 1999” –> enero

    1. Muchas gracias. Ya introduje la corrección, junto con varias ortográficas qu encontré. Un abrazo.

  10. Hola doctor.He leido con mucha atencion el fragmento de su libro y estoy esperando con sumo interes la publicacion de la version en castellano.
    Obviamente que en la descripcion que Uds.realizan se encuentra buena parte de la explicacion del proceso economico e institucional argentino, que ha llevado a ser señalado como uno de los casos mas dramaticos del fracaso de una republica en tiempos modernos (hay quienes hablan hasta de un estado fallido, tomando alguna correlacion con la clasificacion de Max Weber).
    Datos estadisticos y comparativos no faltan, como ejemplo el del periodo 1950-1989; donde la Argentina, en relacion con Latinoamerica y en especial con Brasil, registra una caida del 21% al 9,6% en terminos de PBI y tamaño de su economia.Gracias y saludos.-

  11. Buenos días Dr. Cavallo. Es importante la difusión de ese libro y de estos temas , ya que a la gente común, le cuesta darse cuenta que la economía tiene un proceso de tiempo, tiempos que muchas veces fueron aprovechados por políticos inescrupulosos, como pasó con los últimos 15 años (desde 2001 con el golpe institucional hasta 2016). Durante los 12 años de kirchnerato (el-ella- luego iba a ser el , luego ella, asi como existió el trujillato iba a existir el kirchnerato, como como el gobierno de la familia assad en Siria que terminó muy mal), los kirchners tomaron todas las cajas y ahorros que se habían hecho durante las década de los 90, destruyendo y degradando a todas las instituciones.
    Luego por la falta de ideas y por tener una economía a “contramano” perdieron las elecciones por sus propios errores. Pero estuvimos en el precipicio y ahora estamos levantándonos. Se imagina que trágico hubiese sido que Scioli fuera presidente con Zanini de vice y anibal fernandez gobernador? hubiera sido la desintegración del país. Si Scioli hubiera muerto por muerte natural o peor aún , como el fiscal nisman, de un tiro en la cabeza, esa era mi mayor pesadilla en 2015. La gente tiene que ser conciente que la economía es como construir una casa, y que haciendo el esfuerzo previo luego , produciendo cosas reales, uno va a estar mejor después. Tiene que tomar conciencia del “diferimiento” de los plazos para luego de haberse dia a día , realizado políticas correctas, uno va a tener préstamos para primer vivienda al 5 o 11% anual como pasa en el primer mundo, o inflación del 3 o 4 % anual, . Hay que hacer un trabajo de 20 años de re-educación y capacitación. Lo peor que le pasó a Argentina luego de 33 años de democracia, fue el kirchnerato.
    Las redes sociales permiten desenmascarar las mentiras, siempre y cuando la gente este dispuesta y tenga intenciones de aprender.
    Poco a poco, vamos mejorando. Le mando un abrazo. Saludos. Eduardo Bayer

    1. Estoy completamente de acuerdo Eduardo. Yo creo que es muy importante que el éxito de Macri sepulte definitivamente la posibilidad de que regrese un régimen como el de los Kirchner. Un abrazo.

  12. Excelente artículo ,fácil de entender aún para los que somos limitados en estos aspectos de la economia

      1. Me sorprendo al comprobar el agotamiento de muchísima gente que se está desinteresando de la política.. Es penoso ver perder las esperanzas en un país. Luego votan preguntando ” por quien lo harán.” desconociendo todo y sin capacidad de voto. Así, sin conciencia ni interés en la “cosa pública” imposible poner nuestro país de pié, Gracias por los conocimientos recibidos. Por eso pongo en mi muro. Y tienen más a mano opiniones interesantes que obligan a pensar.
        Saludos..

  13. Dr. Domingo Cavallo: en mi modesta opinión la recuperación de la economía argentina, y el fortalecimiento de las instituciones de la república, será un camino arduo, difícil, y prolongado, existiendo permanentemente el riesgo de que sectores corporativos de nuestra sociedad -que inexorablemente deberán ser afectados por medidas que persigan el saneamiento de las distorsiones hoy existentes- logren convencer a la mayoría de la población que resulta inconveniente encarar las reformas que resultan necesarias. En este aspecto me permito señalar que el Poder Judicial -tanto Nacional como de las Provincias- por su ineficiencia, y su conformación corporativa, constituye uno de los principales obstáculos que impedirán la eliminación de elementos que contribuyen a mantener una economía poco competitiva, y una sociedad en la que reinan los sectores que gozan de innumerables privilegios.

    1. Coincido Nestor. Va a ser un camino lleno de dificultados. ya lo estamos viendo. Pero el gobierno, si quiere producir el cambio necesario, no debe acobardarse. Un abrazo.

  14. Lamentablemente la historia se repite y para cambiarla de cuajo todavía tenemos una democracia débil que nos impide realizar lo. Ojala aunque sea de a poco lo logremos.

  15. Excelente, Domingo! Me gusta mucho lo que escribiste. La lectura de tu libro debiera ser de exigencia obligatoria en todas las universidades. Un fuerte abrazo.

    1. Muchas gracias por tu apoyo Alberto. A mi no me gusta que obliguen a nadie, pero ojalá los profesores de historia tanto del secundario como de las universidades lo tengan en su bibliografía. Por el momento espero que lo tengan quienes enseñan historia Argentina o Latinoamericana en el exterior, pero pronto va a salir la versión en español que ojalá la adopten los educadores argentinos. Un fuerte abrazo.

  16. Gracias por este anticipo; compraré el libro.

    Me permito sugerir un trabajo de corrección antes de la impresión de la primera tirada; hay bastantes problemas de gramática y redacción que vuelven la lectura un poco menos amena.

    1. Gracias Mariana. Esta es una primera traducción casi literal. Trabajaremos mucho sobre ella antes de la publicación del libro en castellano. un abrazo.

  17. DR:
    Leí su artículo y los comentarios de los participantes.
    Coincido con su apreciación sobre la llegada de ideas anarquistas y marxistas al país entre algunos inmigrantes así como eso de que los terratenientes imitaban las pautas de consumo de sus homólogos europeos y en la falta de institucionalidad en el país.
    Pero en el momento presente lo que muchas personas venimos observando es la falta de orden. Aquí cada 1 (en sentido general) hace lo que quiere, desde el presidente hasta el último intendente pasando por legisladores, jueces y ciudadanos comunes.
    Esto ya se tornó costumbre e incide en todos los ámbitos.
    Y sin orden, sin justicia social y sin cultura institucional no habrá paz en el país.

    1. Tenés razón Gustavo, pero el orden y la justicia deben ser promovidas por el Estado con una buena institucionalidad. No es fácil pero es el desafío si queremos progresar. Un abrazo.

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