A pesar de que nuestro país goza de precios excepcionalmente altos para sus principales productos de exportación y de que hay una liquidez en dólares inéditamente elevada en el mercado mundial, comenzó a aparecer una brecha entre el precio del dólar en el mercado oficial y el precio de la misma moneda en el mercado paralelo. Yo vengo advirtiendo sobre este fenómeno desde 2008, cuando publiqué mi libro Estanflación, pero recién ahora este tema ha comenzado a ser analizado por quienes siguen los acontecimientos económicos de Argentina.

La brecha entre el precio oficial del dólar en el mercado oficial y su cotización en el mercado paralelo es una señal de que existe fuga de capitales que el gobierno trata de detener con controles de cambio, a la usanza de lo que hacían muchos países en proceso de desarrollo, y por supuesto, el nuestro, hasta fines de los 80s y principios de los 90s. Hoy hay muy pocos países que tienen un sistema de control de cambios como el que ha reinstalado el Gobierno. El caso más emblemático de los que han vuelto a sufrir una enfermedad económica que se creía erradicada en todo el mundo es Venezuela. Lamentablemente nosotros, como ya lo ha hecho Venezuela, estamos en camino de agregar a la inflación, esta otra fuente de distorsión económica: la denominada  “prima en el mercado paralelo”.

A medida que esta prima aumenta se estimula la sub-facturación de exportaciones y la sobre-facturación de importaciones. Cuando un exportador puede declarar un valor inferior al real por su exportación y deja parte de su ingreso en moneda extranjera en el exterior, podrá obtener un beneficio extra vendiendo la divisa en el mercado paralelo. Cuando un importador logra comprar dólares en el mercado oficial por un importe mayor al verdadero costo de su importación, en particular cuando las importaciones no pagan arancel, como las que vienen de países vecinos, también obtiene una ganancia extra vendiendo los dólares excedentes en el mercado paralelo. Quienes demandan dólares en el mercado paralelo porque no los pueden conseguir en el mercado oficial, pagan un precio más elevado. Es ese precio el que le permite una ganancia extra al exportador que sub-factura o al importador que sobre-factura. En principio, uno podría pensar que en definitiva el mercado paralelo provoca el mismo efecto beneficioso sobre las exportaciones que un aumento liso y llano en el precio del dólar en el mercado oficial y que a ese beneficio lo financian los que quieren sacar capitales del país fuera de la ley. Pero lamentablemente no es así.  La existencia del mercado paralelo produce perjuicios económicos muy grandes. Esos perjuicios son mayores a medida que aumenta la prima del mercado paralelo.

Cuando la prima del mercado paralelo aumenta, también aumentan las expectativas de devaluación y de inflación. Las expectativas aumentadas de inflación tienden a transformarse en realidad porque muchos precios internos ya no se fijan siguiendo el valor del mercado oficial sino que siguen el valor del mercado paralelo. Esto es particularmente cierto cuando el gobierno impone restricciones cuantitativas a las importaciones, práctica que el Gobierno ya venía aplicando pero que recientemente ha acentuado. Las expectativas aumentadas de devaluación pueden demorar en transformarse en una devaluación de la moneda en el mercado oficial, porque el Gobierno utilizará, por un tiempo, las reservas y los controles con ese objetivo. Pero aún demoradas, esas expectativas comienzan a influir sobre las tasas de interés. Si el Banco Central no permite que aumenten pari passu con las expectativas de devaluación, la fuga de capitales va a aumentar y con ella incrementará la prima del mercado paralelo. Esta a su vez provoca nuevos aumentos en la expectativa de devaluación y empuja aún más hacia arriba a las tasas de interés. Se trata ni más ni menos que de un círculo vicioso del que solo se sale con una devaluación fuerte de la moneda en el mercado oficial. No hace falta ir demasiado lejos para entender todos los efectos negativos que provoca una fuerte devaluación. Para los que no vivieron o ya olvidaron la experiencia argentina del período 1975-1990, basta que recuerden lo que pasó en enero de 2002. Las devaluaciones fuertes exacerban la inflación, provocan un fuerte deterioro de los salarios reales y las jubilaciones y redistribuyen el ingreso en forma muy regresiva.

Existiría una forma de hacer desaparecer de un saque el mercado paralelo del dólar: eliminar totalmente los controles de capitales, tanto para la entrada como para la salida y dejar que el precio del dólar se fije libremente en un mercado totalmente libre. El Banco Central podrá intervenir vendiendo o comprando dólares, según en que dirección quiera modificar el precio de esa moneda, pero la libertad cambiaria hará que desaparezca el mercado paralelo. Lamentablemente esto no es algo que entra dentro del sistema de pensamiento económico del Gobierno actual.

Por eso habrá que prestar atención a la prima del mercado paralelo. Servirá de advertencia sobre los problemas que las malas políticas económicas en vigencia seguirán creando hacia el futuro .